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24 de junio de 2024

GaleanaEdurne Uriarte

El golpista fue Rajoy y la tierra es plana

¿Y votantes inteligentes y formados pueden tragarse este relato? Pues parece que sí, a juzgar por el porcentaje de voto que mantiene el PSOE

Actualizada 01:30

Pactar con un delincuente fugado no solo te lleva a destrozar el Estado de derecho para acomodar al delincuente, sino que te obliga a hacer un discurso para justificarlo. Y el discurso, claro está, no puede ser sino delirante, que es lo que le pasa al disparatado relato socialista sobre sus pactos con golpistas y extremistas. Luego nos extrañamos de que haya tanta gente en el mundo abrazando la teoría de que la tierra es plana, Elvis vive y Paul McCartney en realidad está muerto.

Pues bien, los socialistas cuentan que en realidad el golpe de Estado de 2017 en Cataluña fue obra de Rajoy, no de Puigdemont, Junqueras y compañía, sino de Rajoy y del PP. Y esto lo dice tanto el director jefe del relato delirante, Pedro Sánchez, como todos sus colaboradores, empezando por el ministro Bolaños. El golpe, al que no llaman golpe para no complicar la amnistía y demás arreglos, tuvo lugar porque Rajoy no supo dialogar y encontrar una solución al conflicto. Con nosotros no habría pasado, repite Sánchez; Puigdemont y Junqueras no se habrían visto obligados a ponerse así. Y es que los pobres son unas víctimas de la intransigencia de Rajoy y del PP, argumentan socialistas varios, y sin molestarse en sofisticar el argumento.

Lo de la responsabilidad de Rajoy en el golpe es el punto álgido de un relato acompañado de algunas fabulaciones más, habituales en cada discurso socialista. Como que ahora se vive mejor en Cataluña, y hay mucha convivencia, lo cual tiene parte de verdad, porque, en efecto, los golpistas viven mucho mejor y conviven felices con los socialistas. También repiten que la justicia y la ley son venganza para una derecha que siembra la discordia y atiza el odio exigiendo el cumplimiento de la ley. Y no parecen sentir necesidad alguna de explicar qué hacen entonces en las cárceles todos los delincuentes que no son golpistas catalanes y por qué a ellos no se les aplica eso de que «la democracia es generosidad», que dijo Zapatero.

El relato delirante se complementa con la eliminación del terrorismo, el del Tsunami y el de ETA. El del Tsunami, porque sí, porque es violencia, pero no tanto, y el de ETA, porque ya no mata, por lo que podemos borrar y olvidar su crímenes, los condenados y los no resueltos. «La derecha se ha quedado congelada en un sistema político que ya no existe. ETA dejó de existir hace 13 años», afirmó Sánchez. De tal forma que matan dos pájaros de un tiro, y nunca mejor dicho, el de Tsunami para conseguir los 7 votos de Puigdemont, y el de ETA para seguir contando con los votos de Bildu y de toda la extrema izquierda nacional.

¿Y votantes inteligentes y formados pueden tragarse este relato? Pues parece que sí, a juzgar por el porcentaje de voto que mantiene el PSOE. Por dos factores, por el nosotros/ellos que fomenta Sánchez, o que cualquier cosa vale con tal de no dejar gobernar a la derecha, hasta proclamar que la tierra es plana. Pero también por un segundo factor, y es que ese relato conecta en algún grado con viejas herencias tanto antifranquistas como extremistas del socialismo. La herencia antifranquista del pacto con los nacionalistas, por muy xenófobos o violentos que sean. Y la herencia extremista de que violencia y golpismo son revolucionarios cuando es la izquierda o los nacionalistas quienes los protagonizan. Y ahí tenemos a Sánchez repitiendo que Rajoy fue el responsable del golpe en Cataluña sin que a los socialistas se les caiga la cara de vergüenza.

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