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17 de abril de 2024

Pecados capitalesMayte Alcaraz

No disparen a Óscar Puente

Él proporciona la ración de carne fresca de facha que necesitan las bases y votantes del PSOE para saciar su voraz apetito y no perder la fe en su chamuscado líder

Actualizada 13:29

Ser pianista en el salvaje Oeste era una profesión de riesgo. Por eso, muchos salones terminaron colocando un cartel que decía «no disparen al pianista, él no tiene la culpa», ya que más de uno acabó la noche con una bala silbándole tras la oreja. A mí Óscar Puente me recuerda a esos músicos que más que tocar ejecutaban la partitura sin orden ni concierto, porque un pretencioso director se lo ordenaba para entretener a sus vaqueros en el saloon. Óscar estaría plantando cebollinos, tras perder la Alcaldía de Valladolid, si no fuera porque Pedro Sánchez quiso humillar a Núñez Feijóo en su fallida investidura y descubrió que el pucelano era pintiparado para sacar de sus casillas al mismísimo Job. En lugar de trabajar para la moderación y los consensos, el perdedor de las elecciones del 23 de julio, acosado por la corrupción y por el demencial pago a sus costaleros políticos, ha decidido alimentar los más bajos instintos de sus electores con el victimismo de sentirse cuestionado como legítimo presidente.
Puente es el encargado de alegrar los momentos de ocio de la camarilla. Sabe tocar las teclas, aunque no sean precisamente las del piano. Solo es un hombre entregado al sheriff. Él le colocó de portavoz en Ferraz, luego lo sacó de allí por no dar la talla, y lo ha rescatado para aporrear el piano o, si llega el caso, levantarlo a pulso y lanzarlo contra la derecha. Sabe bien este ministro para la guerra -y no para arreglar los trenes españoles- que gestionar es cosa de otros, que esta legislatura no está hecha para decidir, cuadrar cuentas y arreglar los problemas de los ciudadanos, lo suyo es gesticular. Para lo otro hubiera elegido el presidente a un buen ministro. Puente solo se justifica por la extrema debilidad de Pedro Sánchez. Todos sabemos -y él también- que, si los socialistas hubieran tenido éxito en esos comicios y no hubieran dependido de un forajido y de los herederos de ETA para mantenerse en el poder, el hoy titular de Transportes nunca hubiera ingresado en el Consejo de Ministros. Él proporciona la ración de carne fresca de facha que necesitan las bases y votantes del PSOE para saciar su voraz apetito y no perder la fe en su chamuscado líder.
Tanto ha interiorizado su verdadera misión -lanzar exabruptos con su piquito de oro- que hasta ha puesto a su equipo a investigar para señalar con nombres y apellidos a los periodistas que mancillan su innegable condición de hombre bueno y coherente. Y todo ese despilfarro de tiempo e intelecto humano pagado por el vulgo cotizante. Ya se sabe que los gabinetes de Prensa de los políticos hacen dossieres con informaciones que interesan al Ministerio o partido, pero la novedad de este Departamento que dirige Puente es que se dedica a entresacar los descalificativos que recibe el superior y disparar contra sus autores. Aunque yo no los comparto y creo que no son necesarios, sobre todo si son personales, Puente no es un ejemplo de diplomacia florentina.
No sé si con esta columna habré hecho méritos para que me marquen con la letra escarlata los asesores del ministro; espero que no para no serle onerosa al Estado. Malversar para tensar, insultar para ser insultado y ensuciar para que la democracia quede hecha unos harapos. Un tres en uno a plena satisfacción de quien le nombró.
El desastre de las Cercanías o la debilidad de Renfe frente a sus competidores extranjeros son verdades aburridas que quedan disueltas en la desidia de que goza el ministro. Hay que reconocerle un acierto: mientras la prensa libre se dedica a disparar contra este pianista, que no es más que un peón de un engranaje mucho más peligroso, el sheriff se va de rositas y esconde en su particular jardín otras flores -begonias incluidas- que no huelen tan bien como sería deseable.
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