Fundado en 1910
Pecados capitalesMayte Alcaraz

Juana no me representa

No hay nada más manipulable que un niño, máxime si es hijo tuyo, y malintencionadamente has usurpado su custodia. Hay decenas de dictámenes médicos que describen el comportamiento de Rivas como fruto de cambios «patológicos graves»

Lo de Juana Rivas es un obsceno espectáculo que tiene dos víctimas claras: sus hijos. Podría demostrase que esta señora ha pasado las de Caín con su marido, que no es otra damnificada del enfrentamiento familiar, podría demostrarse su vulnerabilidad en este proceso que ahora le embarga, podría demostrarse todo eso, pero nada le salvaría de una realidad palmaria: ella es la mayor culpable de colaborar en construir un clima emocional terrible para su familia escudándose en un menor. Su menor. Ese niño que, con 11 años, lleva retenido siete meses en Granada y separado de su padre y legítimo custodio, Francesco Arcuri, con quien vivía en Italia. No hay más que ver las imágenes melodramáticas de Juana, acompañada de las feministas de guardia, gesticulando como enajenada delante del pequeño, para entender que la progenitora está sobreexplotando la situación. Algo como lo visto solo puede justificarse desde un desquiciante entendimiento de la maternidad, basado en consignas feministas y en la negación de la realidad.

Como si hubiéramos vuelto al verano de 2017, Rivas, asesorada por Paca Granados, funcionaria municipal que se hace pasar por abogada, ha vuelto por donde solía, a convertir a sus hijos en pasto de programas de televisión matutinos que emiten con impudicia la cara de terror de unos niños, a los que su madre, la primera obligada en protegerlos, expone como si fueran monos de feria. Condenada a cinco años por sustracción de menores e indultada por Pedro Sánchez, ha aprovechado las vacaciones navideñas de su hijo Daniel para incumplir sus obligaciones legales, retirarle el móvil, incomunicarlo de su familia paterna y matricularlo indebidamente en una escuela española.

No hay nada más manipulable que un niño, máxime si es hijo tuyo, y malintencionadamente has usurpado su custodia. Hay decenas de dictámenes médicos que describen el comportamiento de Rivas como fruto de cambios «patológicos graves». Arcuri, que ha sido exonerado de la acusación de malos tratos de su mujer -condena que asumió en un acuerdo de conformidad-, acumula sentencias italianas a su favor que le han permitido convivir con sus vástagos. Hay análisis psicológicos que evidencian que la madre obliga a los hijos a acusar al padre de malos tratos. Deleznable.

Seguro que Arcuri tampoco es inocente en esta película de terror familiar en la que viven todos. Pero llegados a este punto tanto da. Lo que es inadmisible es que seres indefensos estén creciendo en medio de un manicomio familiar, social y político. Porque política hay y mucha. Hasta Mariano Rajoy, cuando saltó este caso, y se buscaba a los niños a los que había ocultado su madre, llegó a compadecerla, contaminado por el eslogan «Juana está en mi casa», que repetían las podemitas instando a la desobediencia civil. Y no nos engañemos: esto es pura ideología de la que sacan tajada los cerebros que están detrás de Juana. Desde luego la tal Paca, pero también el Ejecutivo de Sánchez, ojo avizor a cualquier bandera pretendidamente feminista que le pueda servir para paliar los efectos políticos de los prostíbulos del suegro o lo de las sobrinas de Ábalos.

Cómo olvidar las sandeces sectarias que repitió durante meses la ínclita Irene Montero, violando el derecho a la presunción de inocencia del padre y acercando esta ascua familiar tan dolorosa a su sardina dogmática y feminista. Lo mismo le importaba Rociíto que Rivas: todo es bueno para el convento de las impostadas feministas, convertidas en picapleitos sin la menor conmiseración por niños desprotegidos ni noción alguna de Derecho. Hoy, tenemos a la ministra Sira Rego haciendo lo propio y metiendo sus sucias manos en un asunto que ya solo tiene solución, desgraciadamente, por la vía judicial y legal. Y hasta parece que Bolaños también quiere meter cuchara, para sacar cabeza de sus fracasos parlamentarios y en el control del TS. La solución pasa por la vuelta de ese menor a Cerdeña -hoy viernes podría ser el día-, donde todo hacía ver que estaba perfectamente integrado. Medio año después, ya ha perdido ese arraigo y repite como un papagayo las consignas insidiosas de su madre.

Será mujer. Será madre. Será feminista. Será psicológicamente vulnerable. Pero a mí, Juana Rivas, no me representa.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas