La gran traición
Lo de hundir nuestra agricultura, ganadería y pesca es un efecto secundario. Total, somos PIGS, los cerdos de la capitana. ¿A quién creéis que engañáis?
No se entiende que no lo entiendan. Lo de Mercosur. Condenan al sector primario del sur de Europa en nombre de un libre comercio ficticio, pues obligan a competir en inferioridad de condiciones a los nuestros. No se entiende que no lo entiendan. Salvo que sí lo entiendan y todo venga de su peligrosa afición a la ingeniería social. Una cosa nada liberal, señores. Satisficieron su vanidad cuando el apogeo de la hegemonía cultural woke, propiciando unas nuevas formas de planificación que ríete tú del comunismo real. Las cosas han cambiado muy deprisa. Hoy les sacan los colores por haberse puesto el pin de la Agenda 2030. Malas noticias para los legatarios del lecho de Procusto, que ya te estaban diseñando tus relaciones personales y sexuales, inyectándote la culpa y poniendo anglicismos chulos a tu miseria.
El comercio internacional es bueno. Coño, gracias, no me había dado cuenta. Y ahora, si no os importa, o bien le ponéis a los amigos de Mercosur las mismas condiciones, estándares de calidad, prohibiciones y regulación fitosanitaria que a nuestros agricultores, o bien se las quitáis a estos últimos. Las emisiones eran el mal absoluto, pero la madrecita Úrsula y sus muchaches prefieren el flete de infinitos buques gigantescos llenos de containers para atravesar el Atlántico. Así será mientras las gentes europeas tengan el vicio de comer. La legitimidad de estas canalladas se la sacan de una chistera.
Cuando te vendan las bondades del multilateralismo llévate una mano al bolsillo y otra a los genitales. El multilateralismo ya existe, lleva tiempo ahí. La perversa insignificancia de la ONU se la han ganado a pulso los Guterres de turno. Si vamos a la nuez, la guerra justa, suena a chiste que en el único órgano legitimado para bendecirla tengan derecho de veto Rusia (ja), China (ja, ja) o Francia (ja, ja, ja). Aquí me río tres veces porque, si bien el mundo que parió esos derechos de veto ha caducado, hay problemillas que los trae la ONU de fábrica, como hacer ver que Francia estaba entre los ganadores de la Segunda Guerra Mundial. Todos tosieron y miraron al techo.
Al final, Keynes mediante, quien ganó fue Alemania. Gente industriosa, aunque no querría ahondar en eso. Bien, desde Merkel se dedican a disparatar. Encabezaron una imparable apertura de fronteras con las consecuencias conocidas, se sometieron a Rusia con el gas, condenaron las nucleares, volvieron al carbón, se pusieron a hacer el indio detrás de la niña posesa Greta. Ahora se están arrepintiendo, y tienen que salvar la industria que su trastorno verde ha hundido. La vía es ampliar mercado y vender muchos coches. De combustión, que los otros se los están comiendo en stocks por millones. Su enorme mercado de salvación es Mercosur. Hasta ahí el comercio internacional que fomentan los good for nothing de la Comisión Europea. Lo de hundir nuestra agricultura, ganadería y pesca es un efecto secundario. Total, somos PIGS, los cerdos de la capitana. ¿A quién creéis que engañáis?