«Tremendamente extraño»
En efecto, ministro Puente, es muy raro que un país avanzado de 49 millones de vecinos no tenga ni presupuestos, no cuide el mantenimiento de las cosas y sufra a un Gobierno totalmente maniatado
Vamos a con un poquito de memoria democrática. Pero de la basada en hechos, y no en apriorismos doctrinarios:
–Un Gobierno que traspasó la pandemia a las comunidades. En enero de 2020 ya se sabía sobra que la covid se extendía y suponía una amenaza extraordinaria. Estados Unidos cerró ese mes sus aeropuertos a los viajeros chinos y parte de la Lombardía italiana fue confinada. El problema era tan evidente que en ABC, donde yo trabajaba entonces, el 31 de enero publicamos una portada con la bola del mundo tapada con una mascarilla, bajo el titular de «emergencia sanitaria global». Pero el Gobierno de Sánchez pasaba de todo. El 16 de febrero, con el virus propagándose por toda España, el infausto doctor Simón nos decía que no había casos ni transmisión local. El 4 de marzo, diez días antes del estado de alarma, Simón no veía motivos para evitar las aglomeraciones. Por su parte, la gran Nadia Calviño nos aseguraba que la covid no provocaría daño económico alguno (sufrimos la mayor caída del PIB de la OCDE). De repente, en un giro total, Sánchez pasó a encerrarnos -inconstitucionalmente-, tomó la televisión y se puso al frente del operativo. Pero solo ejerció tres meses y medio. El 4 de julio dio por «derrotado» al virus, a pesar de que todavía llegarían varias olas letales, y proclamó la «nueva normalidad», desentendiéndose de un envite que lo desbordaba. Se lavó las manos y dejó todo en manos de los gobiernos regionales. Especialmente lacerante fue la actuación de su vicepresidente Iglesias, que el 19 de marzo de 2020 alardeó en rueda de prensa de que se ponía al frente de la tragedia de las residencias… y hasta hoy. No movió un folio.
–Un Gobierno que no tiene ni presupuestos. ¿Cómo se pueden mantener las infraestructuras, algo que requiere unas inversiones ingentes y bien programadas, si desde hace tres años no se cuenta con unos presupuestos generales del Estado, la herramienta básica de todo Ejecutivo?
–Un Gobierno que tiene como ministro de infraestructuras a un provocador. Óscar Puente pierde su tiempo insultando y polemizando en redes sociales, mientras las autovías del Estado están destrozadas por los baches, porque no se mantienen, y la alta velocidad, antaño puntual, se ha convertido en una lotería de retrasos, averías y -ay- accidentes. El ministro del ramo se dedica a acosar a jueces y periodistas con epítetos broncos. Ha llegado incluso a publicar unas fotos del metro de París abarrotado denunciando que era el de Madrid, un bulo que a cualquier ministro de una democracia de verdad le habría costado el puesto.
–Un Gobierno que tenía un gran foco de corrupción en el seno del ministerio más gasto, el de Transportes. Las vías ferroviarias dependían de José Luis Ábalos e Isabel Pardo de Vera, presidenta de Adif. El primero está en la cárcel. La segunda, apartada e imputada por presuntas adjudicaciones irregulares.
–Un Gobierno que ha sido incapaz de ejecutar los fondos europeos. Los datos de ejecución son paupérrimos (el año pasado solo del 13.7 %). Se han perdido 60.000 millones de préstamos de fondos Next Generation por pura incompetencia. Tenemos un gobierno que ni siquiera sabe ni poner en marcha las ayudas que nos brindan.
-Un Gobierno que se puso de canto ante la tragedia de la dana. Siempre quedará ahí la terrible frase de desapego y falta de humanidad de Sánchez: «Si quieren ayuda, que la pidan». El presidente se negó a declarar la emergencia nacional y asumir el mando, cuando estábamos sufriendo la mayor tragedia natural de este siglo en España. Se inhibió y le empapeló el desafío al Gobierno valenciano. La ministra responsable de los cauces, la vicepresidenta Ribera, desapareció ocho días en plena crisis, porque estaba escondida en el extranjero preparando su examen para hacerse de oro como comisaria europea.
–Un Gobierno inoperante ante una inmigración irregular desbordada. No han logrado ponerle coto y han mostrado una lamentable impericia a la hora de gestionar. La ministra Elma Saiz, hoy portavoz del Gobierno, sudó tinta el pasado verano para cumplir el mero trámite administrativo de enviar a Gijón a una docena de menores no acompañados que estaban en Canarias. No sabía bien cómo hacerlo.
–Un Gobierno que tardó una semana en reaccionar ante una pavorosa ola de incendios. Una vez más, que se ocupen las comunidades. El noroeste de España ardía como una pira el pasado agosto y Sánchez, que se solazaba en sus vacaciones pagadas de La Mareta, tardó ocho días en darse por enterado.
Óscar Puente señala que el gravísimo accidente de Córdoba es «tremendamente extraño». Lo tremendamente extraño es que un país del primer mundo, de 49 millones de habitantes, soporte a un Gobierno que no gobierna, dedicado solo a lisonjear a los separatistas y a la propaganda y que es incapaz hasta de asfaltar sus carreteras y garantizar un correcto funcionamiento de las redes de alta velocidad.
Hay que echarlos. Es una urgencia.