El cociente intelectual y la riqueza de las naciones
A principios de los años 2000, los doctores Richard Lynn y Tatu Vanhanen, escribieron un libro titulado Cociente Intelectual y la riqueza de las naciones. El libro causó controversia, pues la era de la irracionalidad se abría camino y aquello que se consideraba políticamente incorrecto comenzaba a ser censurado y aplastado
El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), clausura este domingo en Zaragoza el congreso general de su partido en Aragón junto a la nueva secretaria general de esa comunidad autónoma, la ministra de Educación y portavoz del Ejecutivo, Pilar Alegría
La tesis de los autores no es nada del otro mundo. Sostienen que el cociente intelectual de una población determina su progreso económico y que las diferencias económicas entre naciones vienen determinadas, entre otras cosas, por este factor. Es decir, si un pueblo está compuesto en su mayoría por gente que es idiota no podrá progresar como aquel que está compuesto por humanos con un CI superior. Los estudios en relación al cociente intelectual de la población han ido desapareciendo para no ofender. Así pues, a falta de estudios hay que buscar otros medidores.
Una de las ventajas de la democracia es que permite medir, en cierta medida, el cociente intelectual de la población en función de las proclamas que recibe. Un ejemplo de ello lo encontramos en la desternillante campaña de Pilar Alegría en Aragón. La candidata a presidir la región –y exministra de Educación, ahí es nada– se presentó en un mitin y dijo: «Bueno, lo de condonación de la deuda. Para que lo entendamos todos. ¿Esto qué significa? Yo, como todos los que estáis aquí, me imagino que tenemos una hipoteca. Pues me quedan por pagar 100.000 €. Pues el banco en vez de 100.000 € me dice, te lo voy a dejar en 80.000 € y yo digo que no. ¿Pero cómo que no?».
Los asistentes respondieron con una sonora ovación a la genialidad de Pilar Alegría y esta quedó satisfecha con su actuación. Imaginemos que uno no está al margen de la vida política. Imaginemos que uno no sabe quién es Pilar Alegría, ni quién es Pedro Sánchez, ni quién es el Rey, etc. Imaginemos que no sabe absolutamente nada y vive al margen de la realidad. Incluso en ese supuesto, una persona con un cociente intelectual promedio mostraría cierta incredulidad, pues es un síntoma de racionalidad actuar de forma cautelosa ante aquello que nos suena extraño o imposible. Simplemente, a través del sentido común, uno podría determinar que le están mintiendo. Es más, se sentiría ofendido al ver como ha sido insultado de una forma tan burda.
Por el contrario, los que celebrarían la noticia creyendo que han tenido suerte y que el resto, a diferencia de ellos, son estúpidos, exhibirían síntomas de cierto retraso mental, pues creer que alguien te perdona dinero y este se evapora sin que nadie pague por ello es algo propio de una mente limitada. Richard Lynn y Vanhanen no iban tan desencaminados en el caso de España, pues hay cuestiones que solo se pueden comprender, siendo conscientes de que estamos rodeados de personas que son profundamente estúpidas. El domingo, gracias a la fiesta de la democracia, se podrán contar en Aragón.