Voto de castigo a Sánchez
La esperanza en unos buenos resultados de Pilar Alegría es proporcional al tiempo que pase uno viendo RTVE
Aragón vota hoy en lo que serán las segundas elecciones del vigente curso político. No sabemos aún los resultados, pero ya podemos anticipar lo que va a suceder a partir de las ocho de la tarde, cuando se empiece a conocer lo que ha ocurrido en las urnas. Tampoco hace falta ser Einstein para pronosticar una debacle del PSOE similar a la de Extremadura, aunque todavía hay quien quiere ser optimista. La esperanza en unos buenos resultados de Pilar Alegría es proporcional al tiempo que pase uno viendo RTVE.
Para ser consciente de la caída en picado de la exportavoz del Gobierno, hay que retrotraerse al verano de 2023. En plena campaña electoral, mientras España ostentaba la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea, se celebró en Bruselas una cumbre entre la UE y la CELAC. Se especulaba entonces con una derrota inminente de Sánchez y un cambio de Gobierno en España, lo que ponía especialmente tenso al presidente. Tanto, que abandonó de forma precipitada la cumbre, saltándose la cena de líderes de Estado en la que ejercía de anfitrión, para volar hasta Huesca y asistir a un mitin con Pilar Alegría.
Aquel plantón de Sánchez no sentó bien en las instituciones europeas y muchos pasaron de verle como un posible presidente del Consejo Europeo a descartarlo por completo como sucesor de Charles Michel. Pero al líder del PSOE le compensaba aquel viaje, ya que muchos en el partido señalaban a Pilar Alegría como la heredera en el caso de que se perdieran las generales una semana después. No tenía otra explicación, porque electoralmente tenía difícil argumentación: el PSOE consiguió un diputado en Huesca y tenía casi imposible obtener los dos que sí logró el PP.
Las elecciones, al final, salieron mucho mejor para Sánchez de lo que todos esperaban y el reelegido presidente compensó las esperanzas truncadas de Pilar Alegría otorgándole la portavocía del Gobierno. De paso, marcaba el paso para confrontar con Lambán en Aragón, que se convirtió en un incordio en el momento en que Sánchez se apoyó en el independentismo.
Dos años y medio después, Alegría ha pasado de ser la rumoreada sustituta a la mayor defensora del sanchismo desde el estrado de La Moncloa, asumiendo como propias sus consignas y minando su ya reducida credibilidad. Hoy es difícil verla como una candidata autónoma del brazo ejecutor de Pedro Sánchez, y los aragoneses la castigarán en las urnas en forma de rechazo a las corruptelas del Gobierno y a las continuas políticas equivocadas de su presidente.