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en el recuerdoAlfonso Ussía

La 'e' de Asturias

La ministra tonta no ha descubierto nada de nada. Un tonto es incapaz de acceder al más mínimo descubrimiento. Le convendría visitar el final de La Montaña y el principio de Asturias para entender su ridículo. Y si se la come el 'osu', mejor que mejor

Lo de la ministra tonta no tiene mérito alguno. Cambiar la 'a' por la 'e' es un hábito en las ciudades, pueblos y barrios del Principado de Asturias. Decía Cela, siempre genial y arbitrario, turbador y gamberro, que los hombres que pasean por la calle y se detienen en los escaparates son truchas. Aquí, en el poniente de La Montaña de Cantabria, en Canarias 'provincia de Santander', y en el cercano oriente de Asturias, a los maricas de toda la vida les dicen «truchas».

Le preguntaron al inmenso Luis Escobar si pensaba celebrar el 'Día del Orgullo Gay'. Y Luis, apodado familiarmente como 'el Panzas' –en Asturias, 'el Pances'–, respondió airado. «¡Qué ordinariez, qué vulgaridad y qué asco! Y además, yo no soy 'gay', sino marica de los siempre, marica de orden».

Retorno a las truchas. En Llanes, maravillosa localidad del levante astur, con muchos aficionados a la caza, la pesca y las posteriores celebraciones, en la terraza de uno de los restaurantes mejores y con más prodigiosas vistas del norte de España, 'El Mirador de Toró', le oí a un paisano esta sentencia. «Aquí pescamos truches, cazamos corces, y si nos calentamos, nos vamos a putes». La ministra tonta no ha inventado nada de nada. Y se trata del precioso y preciso hablar del pueblo, no el habitual en las lujosas urbanizaciones al noroeste de Madrid, con la sierra del Guadarrama a mano, los bosques junto al amplio jardín y los azules de Velázquez señoreando el cielo.

Lo de «les niñes» ya se decía en Asturias cuando Favila fue atacado por el oso y, posteriormente, devorado por el amable ungulado. Favila se creyó que por ser rey de Oviedo todo el monte era orégano. Y se topó con el oso. En Liébana, que es Cantabria; en Somiedo, que es Asturias; en la montaña palentina, que obviamente es Palencia; y en los entornos de Riaño, que es León, hay más osos que nunca. No les dicen 'Oses', sino 'Osus', y poco falta para que un 'osu' se coma a un senderista, que obviamente tendrá una carne menos sabrosa que la del Rey Favila, que se alimentaba de fabes, langostes, corces, truches, salmones, reos, cangrejes de 'ríu' y quisquilles, o esquilas y esquiles. Un senderista solo sabe bien si acostumbra a comer el cocido lebaniego en El Oso de Cosgaya, el de don Severo, doña Cari –que se nos ha ido–, y de Ana y las niñas. En ese caso, el senderista, en lugar de saber a nalgas de comadreja, lo haría a cocido de 'El Oso', que también se sirve con morcilla, como el madrileño, el Cocido Ayuso, que así se le llama desde que la libertad se enfrentó al comunismo.

No obstante, es conveniente reconocer que la morcilla es fruto de la recomendación de Ricardo Escalante, que desde su vivero de Mazcuerras se entera día tras día de cuanto acontece en La Montaña y en Asturias, y que en compañía de su padre, el prodigioso don Manuel, Lolo fue crecido entre truchas, salmones, corzos y árboles, al amparo siempre de la maravillosa Solita. La vida no se entiende sin el recuerdo de la generación del trabajo y la hidalguía que se nos marchó.

No se trata de una advertencia, sino de la opinión de muchos guardas de cotos montañeses y asturianos, y la corroboración de guardias civiles del Seprona. Cada día hay más senderistas ecologistas que dejan el monte lleno de basuras y porquerías, y cada día hay más osos. Y si el oso, o el «osu», se merendó a un Rey como Favila, hará lo mismo y con menor esfuerzo cuando se tope en una senda con un senderista partidario de lo «sostenible», con una camiseta sin mangas y la imagen del psicópata argentino y asesino Ché Guevara estampada en carmesí sobre el pecho. Se lo comerán y dejarán sus tripas, o sus tripes, al alcance de los buitres, que también se han multiplicado por cien desde que la Unión Europea decidió que los o les buitres son intocables.

La ministra tonta no ha descubierto nada de nada. Un tonto es incapaz de acceder al más mínimo descubrimiento. Le convendría visitar el final de La Montaña y el principio de Asturias para entender su ridículo. Y si se la come el 'osu', mejor que mejor. Para España, para Asturias o Asturies, para La Montaña o la Montañe y para Lilith, la sustitute.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 24 de abril de 2021
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