Robo
Bajo la fea figura de la incautación ilegal, lo que se esconde es un robo. Y claro, los jueces de la Audiencia de La Coruña han ordenado la devolución de los bienes incautados –robados-, a la familia Franco y en caso de no hacerlo, una cuantiosa indemnización
Una cosa es expropiar un bien catastral desde el Gobierno por motivos ideológicos y otra muy diferente incautar sin motivo el contenido que ese bien catastral mantiene. Hay que saber distinguir entre continente y contenido, distinción que no dominan ni los ministros del gobierno, ni Feijóo y su Junta, ni la juez expropiadora ni la prensa sometida. Una cosa es expropiar el Pazo de Meirás a la familia Franco y otra muy distante de la legalidad es quedarse con los muebles, las obras de arte, la biblioteca, las alfombras, los adornos y demás enseres depositados en el pazo.
Bajo la fea figura de la incautación ilegal, lo que se esconde es un robo. Y claro, los jueces de la Audiencia de La Coruña han ordenado la devolución de los bienes incautados –robados-, a la familia Franco y en caso de no hacerlo, una cuantiosa indemnización. Los jueces, con la excepción de De Prada y algunos más, acostumbran a ser educados en la forma de sus sentencias, aunque su interpretación del fondo contenga matices de dureza. Y los que han ordenado la devolución de unos bienes incautados a la familia Franco, han mantenido la buena educación en la forma y en el fondo, si bien en el segundo concepto se interprete que su intención era la de dejar claro que «lo que han hecho ustedes con los bienes de una familia es acción propia de chorizos».
Mala semana para el Gobierno. Lo de Meirás se queda pequeño junto al revés de la exigencia de Bruselas de retirar la reforma que controlaba la elección de los jueces. Esa cacicada antidemocrática, promovida por el Gobierno de Sánchez y de Podemos, se ha topado con el muro europeo. No obstante, las diferentes asociaciones de magistrados celebran el obligado retorno hacía la cercanía de la normalidad democrática, pero lo ven insuficiente.
Producía sonrojo ver al ministro de Justicia, zurupeto del sanchismo, anunciar la retirada del atentado a la democracia, y no finalizar su rueda de prensa con estas saludables palabras. «Por ello, y por ser el responsable como ministro de Justicia, presento mi inmediata dimisión». Este hombre, tan antipático y suficiente, seguirá siendo ministro después de hacer el ridículo más espantoso. Claro, que en su proceder no es nada original, porque en España el verbo dimitir sólo se aplica cuando a uno no le concierne personalmente.
Y el Tribunal Constitucional que preside ese magistrado confuso y bamboleante, ha admitido por unanimidad de sus miembros el recurso de inconstitucionalidad de la asquerosa Ley Celáa, que casi con seguridad, en muchos de sus repugnantes tramos, será revocada.
Por lo demás, bien. Las vacunas llegan en paquetitos, y en este sentido no hay motivos para reprochar nada a Sánchez. No mintió. Dijo que el 70% de los españoles estaríamos vacunados en el mes de agosto. Pero omitió el año. Es decir, que si se alcanza ese amplio porcentaje en agosto de 2022, o de 2023, Sánchez, por una vez en su vida, hará honor a su palabra.
Empieza a nacer, y largo está siendo el parto, la desmoralización del Gobierno social-comunista. Hay ministros que no se hablan entre ellos, y algunos han manifestado en discretos ámbitos que si se confirman los vaticinios de las elecciones en Madrid, el Gobierno va a pasar muy malamente los próximos meses. Pero no se descarta un golpe de efecto que cambie las perspectivas. Parece ser que Sánchez le ha ordenado a Iván Redondo que no repare en gastos y contrate a Greta Thunberg, Rociíto y Cristina Fallarás para el mitin de cierre de campaña.
Puede ser la monda lironda. De ese modo, entre la simpatía y sencillez de Greta, el llanto de Rociíto y la serena firmeza de la Fallarás, Gabilondo se puede sentir mucho más cómodo para encender la mecha de la revolución con su vibrante alocución, que se espera portentosa. O golpe de efecto, o golpe en la contabilidad del voto por correo, sin desechar un tercer golpe, el de Estado, que sería más concluyente. Que se empieza por caer estrepitosamente en Madrid y se termina en pocos meses el uso del Falcon, el Puma, la Marismilla, los invitados de gorra, los langostinos de Sanlúcar y los séquitos de treinta coches.
Y eso no, que volver a no ser nada, es algo que Begoña no tolera. Lógicamente.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 23 de abril de 2021