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Enrique García-Máiquez

No son los votos, son las políticas

Uno se pregunta cuál es la dificultad para el acuerdo. Radica en que las políticas que Vox propone y que el PP rechaza son, en muy buena medida, las que buena parte de los propios votantes del PP prefieren, como indica, entre otras cosas, la presencia de Los Meconios

Que el PP buscase de teloneros a Los Meconios y de animador a Vito Quiles es tan legítimo como que ellos acudiesen a la llamada. Conlleva, además –lo valiente no quita lo cortés–, una confesión de parte. Desde el PP cortejan a última hora a la derecha más gamberra y desinhibida. Ésta no es patrimonio de Vox, pero a nadie se le escapa que los populares han quedado muy lejos de aquellas ansias tan próximas de Feijóo de ser la socialdemocracia atildada.

Nunca sabremos qué peso tuvo este giro populista en los votos de las elecciones de Aragón, pero ya sabemos que no ha alterado en lo sustancial ni las encuestas ni las tendencias. Vox sigue creciendo. El PP sigue ganando. Y ambos se siguen necesitando para sumar. El partido verde está llamado a adquirir un papel de coprotagonista y no de comparsa en la derrota de Sánchez.

El movimiento Meconios –por llamarlo de algún modo– o el baile de don Vito nos servirán, sin embargo, para atisbar algunas equivocaciones de concepto que son vitales para entender lo que pasa y remediarlo. El PP cree que el problema son los votos. Y los votos son los síntomas.

Se ve especialmente claro el día después de la jornada electoral, tras el ajetreo de la campaña. Campaña y jornada debían ser preparativos o toma de posiciones para cambiar ahora políticas que mejoren la vida de los aragoneses y sus perspectivas materiales y morales.

Por eso, el leve baile de votos que pueda haber por un cambio cosmético de última hora, por un giro retórico afortunado o por una campaña mediática, tiene muy poca trascendencia. Vox parece haber entendido la cuestión y, en las negociaciones en Extremadura, pide cambios reales: medidas distintas que supongan un cambio de rumbo. El PP se resiste. Tiene sus motivos, pues la inercia de sus alianzas europeas es poderosa y, además, está en su derecho.

Lo que no parece del todo transparente es recurrir a engañifas como que Vox bloquea la constitución de gobiernos o que le hace el caldo gordo a Sánchez. Más honrado por parte de todos es reconocer que lo que de verdad dificulta los acuerdos es la práctica. ¿Qué agendas hay que cambiar y cuáles no? ¿Cuántos impuestos se bajan? ¿Qué hacemos con la inmigración desbocada? ¿Qué pasa con las centrales nucleares? ¿Qué con la política de familia y de vida? Y la política cultural, ¿seguimos regalándosela a la izquierda? El resto es estrategia.

Como los votos son síntomas, resulta sintomático que, cuando el acuerdo de fondo se resiste o directamente te niegas a negociar, tu amenaza consista en la convocatoria de nuevas elecciones. La política como antónimo de las políticas. Es una falta de respeto a lo que votó la gente, a poco que se piense con criterios democráticos de toda la vida. Los partidos, salvo casos extraordinarios, tienen la obligación de representar la voluntad popular, aunque la mayoría factible aparezca dividida en partes proporcionales. El parlamentarismo no pide otra cosa.

Como esto es tan obvio, uno se pregunta cuál es la dificultad para el acuerdo. Radica en que las políticas que Vox propone y que el PP rechaza son, en muy buena medida, las que buena parte de los propios votantes del PP prefieren, como indica, entre otras cosas, la presencia de Los Meconios. Una negociación transparente de actuaciones concretas pondría en apuros algunas posiciones inerciales del PP muy arraigadas en sus cuadros dirigentes, pero indigeribles para sus votantes y para sus bases. Por eso recurren a la estrategia de los pájaros teros, esos de la Pampa que, según el Martín Fierro, para proteger sus niditos, en un lado ponen los huevos y en otro pegan los gritos.

Después de la campaña y las elecciones, toca bajar el balón al pasto y concretar programas y actuaciones. Todo lo que no sea hablar de soluciones urgentes y posibles es pegar gritos de tero y escurrir el bulto.

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