Azcón hace agua
El Plan Hidrológico Nacional fue una creación de José María Aznar, gran referente de su partido, y Feijóo lo ha defendido a veces. Y eso es de lo que Azcón reniega
Ya habrán visto ustedes varias veces el vídeo de Jorge Azcón afirmando rotundamente que, mientras él sea presidente de Aragón, ni una gota del Ebro saldrá para ningún trasvase. Nunca. Estas declaraciones han producido ríos de tinta. La polémica ha alcanzado tal caudal que Azcón estará deseando que se produzca pronto un trasvase a otro tema político.
Las críticas más caudalosas han ido por el cauce de lo moral: la bajeza de negarse a compartir el excedente de lo que se tira al mar con quienes lo necesitan. Y por lo patrimonial: la extraña apropiación de un río que nace en Cantabria y pasa, además de por Aragón, por Rioja, Navarra, Castilla y León y Cataluña. Y, naturalmente, por lo patriótico: qué manera de dar la espalda a la solidaridad entre nacionales. Eso en España, encima, donde, cuando hay un accidente o una tragedia, se baten récords de donaciones de sangre –transfusiones que son trasvases– para socorrer a las víctimas.
Yo me centraré en la cuestión política y en el incomodísimo lugar en el que se halla un PP que no termina de encontrarse a sí mismo cuando tiene que tomar partido. Estas declaraciones de Azcón lo vuelven a poner de manifiesto. Se diría, en principio, que entre el PSOE de Sánchez y el Vox de Abascal hay un inmenso espacio político que ocupar con toda facilidad y rendimiento electoral. Sin embargo, no está resultando así.
Abundan los ejemplos. Abascal denuncia directamente a Sánchez y lo enfrenta. El PP ha intentado mantener un papel como de seriedad institucional y ha seguido pactando con los socialistas cosas tan graves como el gobierno de los jueces. Ha visitado a Sánchez cada vez que Sánchez ha querido. El resultado es que esa postura, tan civilizada, no ha funcionado, porque Sánchez se aprovecha de los encuentros y da su abrazo del oso. También el PP ha votado a favor del acuerdo de Mercosur en Bruselas, entre la bruma, y ahora, al volver, se ha encontrado al campo sublevado. Le pasa constantemente, fíjense. Con la inmigración, sobre todo.
Rechazando el trasvase, Azcón no ha hecho más que posicionarse con el PSOE y los nacionalistas que siempre lo rechazaron. El Plan Hidrológico Nacional fue una creación de José María Aznar, gran referente de su partido, y Feijóo lo ha defendido a veces. Y eso es de lo que Azcón reniega creándole problemas muy secos –muy serios– a sus compañeros Moreno Bonilla y López Miras, que tendrán que explicarlo a los votantes del PP en Almería y en Lorca, junto con lo de Mercosur.
¿Qué le importa, si gana votos en Aragón?, responderá alguno. Supongo que los ganará, pero es una manera feúcha de sumar votos. ¿No es mejor explicar a tus votantes que el Plan Hidrológico tenía en cuenta las necesidades de Aragón y del Medio Ambiente y que se trata de un imperativo moral y patriótico?
Con todo, si recoge a los votantes más egoístas, sean los que sean, regala los votos de los aragoneses mejores (los más solidarios con el resto de España) a Vox. Y aunque parezca irrelevante en una democracia, donde en principio sólo cuentan las cantidades, la calidad de los votos es esencial.
Eso pensó Hilaire Belloc en 1906, cuando el escritor inglés se presentó por el Partido Liberal en un distrito de hondas raíces protestantes. Sus adversarios basaron la campaña en denigrarle por su catolicismo. Belloc comenzó su primer mitin con estas palabras: «Caballeros, soy católico. Si me es posible, voy a Misa todos los días. Esto [sacándolo de su bolsillo] es un rosario. Me arrodillo y paso estas cuentas todas las noches. Si me rechazan por este motivo, agradeceré a Dios que me ahorre la indignidad de representarles a ustedes». Tras unos instantes de estupor, recibió un generoso aplauso. Ganó las elecciones. Abascal podrá agradecer no ser votado por los aragoneses que antepongan un egoísmo muy poco científico y menos solidario sobre unas aguas que les sobran y que media España necesita. Azcón le ha regalado –además de un trasvase de votos de Almería– el honor de representar a los aragoneses que aman la lealtad.