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Enrique García-Máiquez

10 logros de Pedro Sánchez

No son pocos logros de Sánchez y argumentarlos bien me llevaría, en efecto, un buen puñado de páginas

Un amigo me escribe para felicitarme por mi nuevo libro. No tengo nuevo libro, pero él insiste: «Aunque me hizo más gracia Gracia de Cristo, la idea de éste también es graciosa». Este amigo mío es muy serio, así que me escamo: «Pero ¿qué libro?». Me manda un enlace electrónico de una famosa librería virtual. El libro se titula 10 logros de Pedro Sánchez, y luce un beligerante subtítulo: A pesar de lo que digan los fachas. «¿Y qué tiene esto que ver conmigo?», voy a preguntar, cuando me fijo en el nombre del autor del ensayo: Enrique García Márquez.

Si no tenía bastante con la paronomasia, ahora la parodia. La confusión de mi apellido con los del célebre novelista colombiano es un clásico y una cruz. Bastantes veces el concejal de cultura que me invita a dar una charla en la feria del libro de su pueblo se despide de mí con un jovial: «Adiós, Gabriel». No me extraña tanta alegría si piensa que ha contratado a un premio Nobel. Con el error ya contaba, pero con esta guasa, no.

Me han puesto a casi firmar uno de esos libros que, tras anunciar diez logros de Pedro Sánchez, están enteramente en blanco. No sé bien por qué han escogido mi nombre para hacer el chiste, aunque otro amigo que se ha sumado a la fiesta me anima a interesarme por los derechos de autor. Teniendo en cuenta lo poco que hay escrito, mi nombre es más o menos el 50 % del volumen.

Ojalá hubiesen escogido mi nombre porque alguna vez he contado que mi admirado Mario Quintana envió a su periódico una columna de opinión en blanco, titulada «Pereza». Era una idea brillantísima, solamente superada por la contestación del director: «Te la pagaré puntualmente con un cheque en blanco y, por supuesto, sin firmar».

Sea por lo que sea, la próxima vez que confundan mi apellido, podré decir: «No, yo soy Máiquez, me confunde usted con el brillante ensayista político Enrique García Márquez, discípulo (o plagiario) de Jorge Branger». Eso, y pensar que alguien considera que es desternillante la sola idea de que yo escriba a favor de Pedro Sánchez, me consuelan de un error más importante. ¿Cuál? Si el libro lo hubiese escrito yo de verdad, sí que habría estudiado diez logros muy notables de Sánchez, que merecerían un ensayo en condiciones. No estaría en blanco.

Yo enumeraría sin dificultad diez logros bien visibles de Pedro Sánchez. Uno, la laminación del PSOE, partido muy nocivo para España que después de él no levantará cabeza. Dos, la domesticación a precio de saldo de la ultraizquierda del 15-M. Tres, la demostración de que los nacionalismos, aunque caros, están en venta. Cuatro, el autorretrato del feminismo demagógico y antiigualitario. Cinco, el desplazamiento reactivo de la juventud hacia la derecha y el orgullo nacional. Seis, la recuperación para el sano debate intelectual de la figura de Franco. Siete, la toma de conciencia de nuestros aliados internacionales de la pérdida de fiabilidad de una España gobernada por el espíritu de Zapatero. Ocho, la prueba palpable de que nos gobierna el pacto entre socialistas y populares desde Bruselas. Nueve, la huida de la izquierda de los últimos intelectuales honestos que le quedaban. Y diez, ha dado lugar a una corriente ciudadana en su contra que le grita, le abuchea, le monta memes y hasta le saca libros de autoría dudosa con tal de echarse unas risas en su contra. El humor ha cambiado de bando.

No son pocos logros de Sánchez y argumentarlos bien me llevaría, en efecto, un buen puñado de páginas. Lo que ha hecho el cuco de Enrique García Márquez, sea quien sea, es mucho más cómodo y –sospecho– más rentable.

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