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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Manifiesto contra el fascismo violento y climático

Tenemos segunda entrega de los panfletos subvencionados para auxiliar a Pedrito

Hay una España irrelevante en la vida real pero hegemónica en la ficción televisiva que alerta a diario, con golpes en el pecho y lágrimas en los ojos, de incesantes peligros a la vuelta de la esquina: les escuchas y te preguntas cómo has podido volver a casa con vida, tras una larga jornada de asedio de franquistas, nazis, escuadristas, machistas, homófobos, cruzados y negacionistas del cambio climático. Y ya si son carnívoros, heteros, taurinos, católicos y del Real Madrid, acabáramos.

Yo me los encuentro a menudo en los platós de televisión, mi penitencia por algo que hice en otra vida merecedor de tan duro castigo, y los observo según el día con distinto ánimo: unas veces con diversión, como quien ve una comedieta de Serie B preguntándose cómo se atrevieron a rodar semejante engendro; otras con indignación, irritado por el despliegue de demagogia barata y mercenaria; y muchas más como un entomólogo curioso analizando el extravagante rito de apareamiento de las mantis o la habilidad del escarabajo convirtiendo un montón de estiércol en una bola.

De esos heraldos del apocalipsis fascista o climático, dispuestos a presagiar el fin de la humanidad entera dentro de un milenio pero incapaces de detectar la rotura de una vía del tren pese a la veintena de avisos de los maquinistas, salen a menudo manifiestos compungidos para alertarnos a todos de lo que nos viene encima si el pobre Pedro Sánchez cae víctima de una conspiración judeomasónica.

Lo hicieron cuando la vida atropelló a Begoña Gómez y todo el mundo descubrió que la mujer del presidente se dedicaba a intentar negocietes, o negociazos ya veremos, por ser la mujer del presidente, gracias al buen trabajo de un puñado de periodistas, un par de guardias civiles y el juez Peinado, a quien un día habrá que colocar un busto en alguna plaza principal.

En lugar de pedirle explicaciones al presidente, lanzaron un panfleto en el que alertaban, afligidos pero encorajinados para salvar la democracia, «contra el golpismo judicial y mediático»: allí estaba, por ejemplo, la gran Silvia Intxaurrondo, convencida de que las calles debían defender al bueno de Pedro de esa conjura fascista y dispuesta, en ese viaje heroico, a obviar la primera pregunta que un periodista decente debe formular: ¿Pero es verdad, presidente, que su esposa citó al rector en La Moncloa para pedirle una cátedra, la asoció a empresarios beneficiarios de adjudicaciones del Gobierno, viajó al extranjero con Víctor de Aldama, recibió patrocinios de una compañía rescatada por usted, colocó a una amiga en La Moncloa para atender sus negocios y se reunió con multinacionales para sacarles dinero?

Pues esa misma tropa que miró para otro lado y se lanzó a degüello de quienes fijaron la vista en el lugar correcto vuelve ahora a sacar otro manifiesto, con el impulso de insignes «periodistas, juristas e intelectuales», según su propia definición para Pablo Iglesias, Martín Pallín o Maruja Torres, entre otras glorias democráticas.

Alertan ahora contra la crispación y el odio en las redes sociales, que es como si Idi Amin Dada denunciara el canibalismo, El Carnicero de Milwaukee a los asesinos en serie o Pedro Sánchez a los perdedores de elecciones que se empeñan en gobernar. Y, oigan, esos problemas existen, mayoritariamente creados en origen por las guerrillas virtuales del populismo y hoy provocados por gaznápiros de todos los colores.

Pero que se dediquen a perseguir a idiotas residuales para legitimar la peligrosa escalada de Sánchez contra el derecho a la información, la independencia judicial o la autonomía de los Cuerpos de Seguridad y de paso no dé explicaciones por nada ni asuma responsabilidades por nadie, lo dice todo de sus intenciones: nada menos que ayudar a un insurgente democrático, sospechoso de corrupción en primera persona, a perpetuarse en un puesto donde solo le quieren cuatro gatos. Casi todo ellos firmantes de manifiestos a buen precio.

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