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Pecados capitalesMayte Alcaraz

El victimario selectivo de Marlaska

La subordinada del jefe de Policía, hoy en baja laboral por agresión sexual, intimidación y acoso, no tiene que decirle a usted, juez de profesión, que un ministro que levanta banderas de feminismo no puede permanecer ni un minuto en su despacho cuando designa al aguacil alguacilado

No, ministro, no. La víctima de una violación cometida, según la querella que se ha admitido a trámite, por el número tres de la Policía, su agente favorito, al que perpetuó su Gobierno con una triquiñuela parlamentaria, no le tiene que decir a usted que haga lo que cualquier persona con medio gramo de decencia haría: marcharse. Lo normal es que los valores los traiga uno aprendiditos de casa y no se los tenga que exigir alguien a quien su departamento desprotegió durante meses, hasta ayer, día en que la sustituta del jefe policial ordenó ponerle escolta. Me hago cargo de que Pedro no ha dado precisamente ejemplo de ética a lo largo de estos casi ocho años de vida política en común; no en vano, junto a Margarita Robles y Luis Planas, usted y María Jesús Montero son de los últimos mohicanos de la moción de censura. Ambos calcinados y reprobados.

Ministro, es una pena que se haya olvidado de sus diez años de juez en la Audiencia Nacional que hay que estar siempre del lado de las víctimas, pero de todas. Usted es hijo político de Sánchez, pero ellas lo son todas de Dios. No hay unas mejores y otras peores. Si en este caso la víctima de José Ángel González, su hombre de confianza en la Policía Nacional tiene la última palabra sobre su continuidad en el cargo, como sentenció en el Congreso, supongo que también la tendrán las de ETA, a las que usted y sus socios del PNV obligan a cruzarse en las calles con los asesinos de sus familiares, o las de los dos agentes de Barbate, a las que su ministerio abandonó a su suerte y a las prácticas criminales de las mafias de las narcolanchas. Creo, Fernando, que usted no es una autoridad moral en víctimas; hace años que suspendió bochornosamente esa asignatura. Sabe bien que la mayoría le ha prohibido que se acerque a ellas, desoladas por la traición del que consideraron un buen magistrado que, por idolatrar al sanchismo, cambió de lugar en la vida: otra toga lanzada al fango para que el señorito no se ensucie los zapatos.

Pero es que, además, la inspectora que presuntamente fue abusada por el director adjunto operativo de la Policía Nacional bastante ha tenido con llevar en secreto lo que ocurrió el 23 de abril de 2025, cuando según su testimonio fue violada por su jefe: que se fuera directamente a la Justicia y no a los canales internos o a una comisaría a denunciarlo demuestra que no se fiaba de la cúpula del Cuerpo: el DAO, el director Francisco Pardo (este periódico ha publicado que fue informado de la agresión de su segundo hace siete meses), y usted. Esta víctima seguramente estaba escaldada de las dinámicas con las que la izquierda responde en estas situaciones: meses atrás, otro preferido del poder, esta vez de Sánchez, el célebre Paco Salazar, hacía y deshacía de forma repugnante con sus compañeras, pared con pared del despacho del presidente, y el partido feminista por excelencia silenció las denuncias, que terminaron escondidas en un cajón. Hasta que la prensa las destapó.

Libere, ministro, a la víctima de esta carga; lo ocurrido solo les interpela, además del querellado, a usted y a Pardo. Es muy sencillo, vamos a dar por bueno que no sabía nada –pasando por alto que el titular del Interior de cualquier gobierno es una de las personas mejor informadas de España–, incluso que su número dos le ocultó lo que le había llegado, que nadie le informó de que el desempeño de José Ángel González era poco ejemplar, pero de primero de dirigente público es asumir que alguien al que se ha elegido –y elogiado hasta la extenuación– no puede ir cometiendo delitos en función del cargo sin que no le pase factura a aquel que le puso ahí, que le defendió en sede parlamentaria, que dijo de él que era el antídoto contra la policía patriótica del PP, y que le consolidó de forma casi vitalicia. Y si ha mentido y tuvo algún queo entre abril de 2025 (fecha de la agresión) y el 9 de enero de este año (día de la interposición de la querella), peor. Pero ninguna de estas hipótesis le salva. Ninguna.

La subordinada del jefe de Policía, hoy en baja laboral por agresión sexual, intimidación y acoso, no tiene que decirle a usted, juez de profesión, que un ministro que levanta banderas de feminismo no puede permanecer ni un minuto en su despacho cuando designa al aguacil alguacilado, con permiso de don Francisco de Quevedo: entre los 70.000 agentes que deben protegernos a todos, y en especial a las víctimas sexuales, seleccionó a uno de los que presuntamente merecía ser esposado por esa Policía. Una broma macabra.

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