Fundado en 1910
Aire libreIgnacio Sánchez Cámara

El burka y los extraños defensores de la libertad religiosa

Resulta ridículo cómo el feminismo alocado (no todas las feministas) se entusiasma con el burka y, en general, con el islam. Quienes pretenden proceder de la ilustración, abrazan ahora las tinieblas y las cadenas

Uno de los principales argumentos que han utilizado los portavoces del PSOE y otros partidos afines para votar en contra del proyecto presentado por Vox y apoyado por el PP y UPN para prohibir el uso del burka y de cualquier otro aditamento que oculte totalmente el rostro de la mujer en el espacio público es que en España está garantizada la libertad religiosa, y que para muchas personas el uso de esa indumentaria posee un significado religioso que debe ser respetado. En realidad, en su sencilla apariencia, no es propiamente un argumento, al menos serio. Por lo demás, les libera de discutir el eventual proyecto de Junts, aunque lo harán y lo aprobarán si así les conviene.

En los tiempos de persecución religiosa, especialmente a los cristianos, que vivimos en el mundo, yo tendería a conferir a la libertad religiosa y al uso de los símbolos religiosos la mayor amplitud posible. Pero creo que será inútil porque se concederá libertad a unos y a otros no.

El «argumento» posee una fuerza expansiva que acaso sus defensores ignoren. Quizá se trate solo de apresuramiento y falta de reflexión. Esto que se dice del burka, si no se explica por qué, podría decirse de otras conductas y manifestaciones que poseen para sus defensores un profundo sentido religioso. En ese caso, también tendrían que ser respetadas. Algunas religiones han considerado lícitos e incluso obligatorios los sacrificios humanos y tienen un profundo sentido religioso para ellos. Según esta extraña lógica sanchista deberían ser respetados. Mencionaré algunos más: la Inquisición, la guerra santa, el exterminio de herejes. Cabría seguir. Un ejemplo más que será sin duda del agrado de los devotos del burka. A muchas personas religiosas, no solo católicas, les ofende e incluso les parece un crimen, la eliminación de vidas humanas en el seno materno. Y en ocasiones rezan ante las clínicas en las que se practican abortos voluntarios. Pero esto ya es intolerable para la intolerante religión «woke». Por supuesto, no estoy afirmando que la oposición al aborto sea solo un asunto de creyentes.

Ya me parece oír las sutiles objeciones que me atribuyen comparar los sacrificios humanos con el uso público del burka. Teniendo en cuenta su finura argumentativa, no me extrañaría. Lo que estoy afirmando es que el argumento es falaz y se detiene antes de tiempo. Mejor sería si hubiera afirmado la licitud de las conductas religiosas a menos que entrañen una violación de la Constitución y de las leyes. Y entonces habría que entrar a debatir si el uso público del burka se encuentra o no en ese caso. Y determinar si entraña la sumisión de la mujer y, por lo tanto, la desigualdad entre los sexos, la impureza de la mujer y de su rostro y la licitud de ocultar el rostro en el espacio público en un Estado democrático de derecho. Pienso que el uso tendría que ser tolerado en el ámbito religioso y privado (no son la misma cosa), pero no en el público. Pero tanta traición de la izquierda radical a España y a la Constitución hace comprensible que termine por traicionarse a sí misma. Resulta ridículo cómo el feminismo alocado (no todas las feministas) se entusiasma con el burka y, en general, con el islam. Quienes pretenden proceder de la ilustración, abrazan ahora las tinieblas y las cadenas.

Pero ¿por qué lo hacen? Lo que viene a continuación no es un argumento, sino una conjetura, muy verosímil, pero conjetura. La fascinación de la extrema izquierda española por el fundamentalismo islámico se basa en su odio compartido al cristianismo y a España. Odio al cristianismo y simpatía al islam. La idea hemipléjica de la libertad religiosa de tan egregios juristas concluye así: esta libertad ampara el uso del burka o la ablación del clítoris, y la blasfemia y la burla contra el cristianismo, pero prohíbe el crucifijo en los espacios públicos y el rezo católico en las calles.

comentarios

Más de Ignacio Sánchez Cámara

  • La responsabilidad

  • Odio a España

  • El títere poderoso

  • La politización del dolor

  • El héroe americano

  • tracking

    Compartir

    Herramientas