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Perro come perroAntonio R. Naranjo

La izquierda, Charo Sarandon y Free Irán

Se pueden poner para arriba o para abajo, que el mundo es mejor sin Maduro, sin los Castro, sin Hamás y sin Jamenei

Algo tendrán que reconocer hasta los más cafeteros antiamericanos: el mundo es algo mejor sin Maduro, sin Jamenei y con Hamás, Hizbulá y los hutíes maniatados. Y lo será si en Cuba cae la «Revolución», que es como llaman los que viven de ella o no la sufren a una dictadura comunista atroz que solo genera víctimas o mendigos.

Venga: díganlo, aunque sea en privado, cuando no les escucha nadie y luego mantengan la retórica conocida. Que Estados Unidos e Israel son fachas y que atacan la soberanía de Irán o Venezuela. Curioso, por cierto, el concepto de soberanía de estos lumbreras: por lo visto es sagrada aunque se utilice para asesinar a civiles, 40.000 en la vieja Persia en poco tiempo según las fuentes más fiables; pero se puede negociar si en España un Pedro Sánchez cualquiera necesita los votos del independentismo. En ese caso no hay soberanía que valga y el asaltante tiene razón, puede cometer delitos y luego debe ser amnistiado. Solo faltaba.

Pero al grano: el mundo tiene una esperanza, siquiera vaga, de que sin dictadores sus respectivos países encuentren un camino propio hacia la libertad. E incluso, ya puestos, pueden maravillarse del prodigio de tecnología, inteligencia y habilidad de todas las operaciones recientes de Washington o Tel Aviv, admirables en términos militares por su precisión quirúrgica: siempre encuentran la aguja en el pajar, con una genialidad en lo suyo imposible de despreciar.

Lo mismo ponen explosivos en los celulares de los cabecillas de Hamás que sorprenden en pijama a Maduro con el orinal bajo el catre que se llevan por delante al Líder Supremo de los ayatolás y sus principales edecanes, localizando el lugar y la hora exacta, a plena luz del día, en que han quedado para verse, algo muy inusual. Venga, prueben a decirlo, como un madridista acérrimo reconociendo las gestas de Messi: todo ello es una proeza.

Ahora viene la segunda parte, que no es digna de plantearse sin conocer, aceptar y aplaudir la primera: todos estamos mejor sin tiranos, pero sobre todo pueden estarlo los iraníes, los venezolanos, los cubanos y también los palestinos. Sí, luego saquen a relucir los mantras del imperialismo, el petróleo, la pasta y todo eso; pero al menos digan con nosotros que no está mal que hayan desaparecido represores, integristas, mafiosos, criminales y sátrapas, incluso aunque el mundo haya dado sobradas muestras de su capacidad para reencarnarlos.

Llegados ahí, tampoco está mal que un Irán integrista, una Cuba castrista, una Gaza yihadista o una Venezuela chavista, con todos sus satélites, puedan recuperarse como digan sus ciudadanos. Y eso parece más fácil sin toda la chusma que mantenía o mantiene secuestrados sus propios países: nadie está loco, aunque lo digan de Trump y de Netanyahu, y ambos saben que desde el aire no se cambian regímenes, que poniendo bota militar en tierra ajena tampoco y que la alegría de millones de ciudadanos se convertirá en repudio si no son ellos quienes dirigen su propio futuro.

La cuestión final es preguntarse por qué los del «Free Palestine» no dicen también «Free Irán», por qué la izquierda española (y la parte friqui de la derecha putinesca y atontada) detecta fascistas imaginarios o no ve fundamentalistas de carne y hueso y por qué anteponen siempre sus anteojeras ideológicas a los valores democráticos.

Algo que, por cierto, ofrece una pista sobre su disposición a hacer lo que sea menester para mantener aquí también el poder: son un poco Castro, un poco Chávez, un poco Jamenei y en algunos casos incluso un poco Txeroqui. Y si pudieran, harían lo mismo que ellos: están mucho más cerca de un ayatolá que de un liberal, que somos el verdadero peligro y para anularlo, aquí sí, vale todo. Y encima te dan un Goya y unos mimos de Charo Sarandon.

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