Puente de Andalucía
Durante mucho tiempo he sostenido que es una pena que el día de mi región, con la historia que tiene Andalucía, se celebre el 28 de febrero para conmemorar nada más que un trámite administrativo de tercer orden
El lema del poeta John Donne rezaba en español: «Antes roto que mudado». Suena de lujo. Se trataba de un verso adoptado (y adaptado) de la novela pastoril Los siete libros de Diana de Jorge de Montemayor. El poeta José Antonio Muñoz Rojas lo cuenta en sus deliciosos Ensayos angloandaluces (Pre-Textos, 1996). Muñoz Rojas descubrió en una biblioteca inglesa el volumen de la Diana que había sido propiedad del gran poeta inglés, con lo que se demostraba que Donne leía en nuestra lengua. El lema lanzaba un orgulloso reto a la persecución anglicana: Donne era católico, pariente de sir Tomás Moro, nada menos. Y no quería cambiar. Al final, antes que roto, mudó de religión. Y no sé si me da más pena por la fe abandonada o por el lema quebrado.
Gracias al contraejemplo de mi admirado poeta, tengo mucho cuidado con mi tendencia a la chulería. A veces, precisamente para no romperse, hay que mudar de parecer. El tiempo nos hace ver las cosas de otro modo desde los mismos principios.
Hoy, lunes, mientras disfruto de los coletazos del Día de Andalucía en un puente escolar delicioso, es un buen momento para mudar lo accesorio. Durante mucho tiempo he sostenido que es una pena que el día de mi región, con la historia que tiene Andalucía, se celebre el 28 de febrero para conmemorar nada más que un trámite administrativo de tercer orden, como fue la aprobación –y de aquella manera– del referéndum de autonomía.
Yo era partidario de presumir de otras cosas, como de la circunnavegación de Elcano, que zarpó de aquí y arribó aquí. Tocó tierra el 6 de septiembre. Sería un día estupendo de fiesta para alargar el verano. Pero Andalucía tiene muchísimas otras fechas para escoger. Las tiene míticas, como la fundación del Puerto de Santa María por el griego Menesteo, que llegaba directo de la guerra de Troya. Y hay fechas históricas para dar y tomar. La Toma de Granada debería estar entre las alternativas, pues ese día se culminó la Reconquista. Si con la primera vuelta al mundo se festejaría que la primera globalización tuvo acento andaluz, el nacimiento de Séneca hablaría de nuestra contribución a la cultura universal. La coronación imperial de Trajano dejaría claro nuestro inaugural compromiso con Occidente. Y nuestro vínculo con la Hispanidad se resaltaría si hiciésemos fiesta la salida de Colón con las tres carabelas desde Palos. Ahora que se cumplen 500 años justos, podríamos celebrar la boda de Carlos I con la bellísima Isabel de Portugal, y así conmemoraríamos de una tacada el Imperio, el Iberismo, la circunnavegación y la felicidad conyugal.
Todas estas propuestas las he sugerido cada vez que pude. Sin embargo, ahora, desde mi plácida condición de puentista, aprovechando este día de fiesta, quiero confesar que acabo de ver una ventaja competitiva a escoger el día 28 de febrero. Una celebración más fundamentada daría más pie a la identidad diferencial de los andaluces, que algunos líderes regionales están empeñados en inyectarnos. Provocaría una especie de orgullo identitario y hasta la apropiación de unos eventos históricos que pertenecen a toda la nación, como la Toma, a toda la Hispanidad, como el descubrimiento, a todo Occidente, como la coronación de Trajano, a todo el mundo, como la circunnavegación; o a toda la humanidad como la obra de Séneca.
Daría una categoría a la anécdota autonómica que quizá no se merece. Que la fiesta recaiga justo en una fecha burocrática tiene la ventaja de que no puede cargarse de trascendencia, por más ofrendas florales que se hagan a Blas Infante y por más acentos que se fuercen.
De modo que si dije que tendríamos que considerar padre de la patria andaluza al rey san Fernando o que habría que darle una vuelta más orgullosa y sopesada a la fecha de la comunidad, me desdigo. Tenemos que ser conscientes y celebrar las contribuciones extraordinarias de Andalucía a la historia de España y de la Humanidad, por supuesto. Pero si se trata de celebrar una autonomía más, está bien que el día sea por una cosilla menor. Así no olvidamos que se trata de una categoría jurídica circunstancial y que no podemos dejar que nos la absoluticen. El día 28 de febrero (con su puente) para lo que está, vale.