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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

A Von der Leyen se le rompe el amor con Sánchez

Cuando en 1953 un estudiante norteamericano le inquirió a Churchill cómo podría prepararse para los retos inherentes al liderazgo, su contestación fue inequívoca: «Estudie historia, estúdiela porque ahí yacen todos los secretos del arte de gobernar»

No ha habido que aguardar a la rectificación de la presidenta de la Comisión Europea apelando a que el continente ya no puede ser custodio del viejo orden mundial, «de un mundo que se ha ido y no volverá», para certificar que a Ursula von der Leyen se le ha roto el amor con Pedro Sánchez. Después de «tanto loco abrazo sin medida», como en la popular canción que Manuel Alejandro compuso para Rocío Jurado, no se sabe si esta ruptura ha sido cosa de tanto usarlo porque «jamás duró una flor dos primaveras» o tal vez se ha debido al corroborar la desairada como el presidente español hace tiempo que sirve a China a modo de caballo de Troya de Xi Jinping, de igual forma que su némesis húngara Orbán cumplimenta los intereses del Kremlin. El divorcio parece poner fin, salvo reconciliación postrera, a una relación de un sexenio y la separación coincide con el aislamiento de Sánchez en la UE. Como si fuera un polizón nada de fiar, ha sido relegado de los centros neurálgicos por el eje francoalemán Macron-Merz, bien conectado con la Gran Bretaña del laborista Starmer al otro lado del Canal de la Mancha.

Es más, si no quería caldo, dos tazas. Después de su viraje del lunes en la conferencia anual de embajadores de la UE, donde se planteó si un sistema internacional basado en reglas es «más una ayuda o un obstáculo» para la credibilidad del bloque comunitario como actor geopolítico, la jefa del Ejecutivo europeo lamentó ayer en París la pifia de haber dejado de lado durante años la energía nuclear reafirmando el compromiso de desarrollar minirreactores nucleares justo cuando España ejecuta el plan de clausura de sus centrales dictado por la hoy vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera, cuando era ministra de Transición Ecológica. De esta guisa, parece finiquitar su etapa como «Poni» Von der Leyen después de que un lobo matara a dentelladas en su finca sajona al infausto animal en septiembre de 2022.

Como caída del caballo -en su caso del poni- cual Saulo camino de Damasco, Von der Leyen congela la agenda 2030 para avivar los rescoldos de una desfalleciente industria europea y recupera la realpolitik de la Alemania de la posguerra para que la UE no sea parte del menú, sino ocupe butaca de comensal en el nuevo sistema mundial. No en vano, Europa corre serio riesgo de, cual ballena varada, perecer como aquel «mundo de ayer» de Stefan Zweig si, como el propio autor sin patria refiere en su Legado de Europa, no retorna con ardor a alzar nuevamente la torre europea con «cada uno en el puesto que abandonó en el momento en el que la confusión advino».

Al fin y al cabo, un continente de poder sin poder está liquidado a los ojos de quienes la apetecen. Como una vieja Roma en ruinas que hubiera dejado de producir Historia para exhibirla cual parque temático, Europa pareciera haber emprendido rumbo a su despedida de la Historia con deseo suicida tras olvidar –como señala Edmund Burke en sus Reflexiones sobre la Revolución en Francia– que «los que jamás miran a sus ancestros no verán la posteridad».

Con todo, a la espera del Consejo Europeo de la próxima semana, donde se analizará el reposicionamiento de Von der Leyen y donde Sánchez tendrá que retratarse tras enviar ayer por delante a Teresa Ribera y al ministro Albares para mostrar sus abiertas discrepancias, habrá que ver si es verdad aquello que sentenció Aristóteles de que nadie aguanta estar borracho ni ser un niño hasta el fin de sus días y la UE despierta definitivamente de su letargia. No es fácil, desde luego, cuando cuestiones capitales se supeditan a guerras domésticas bajo lemas placebo como el 'No a la guerra' o se esgrime la legalidad internacional, no para salvaguardar los derechos humanos que reprimen las tiranías, sino para desnaturalizarla en provecho de quienes masacran hace décadas a su pueblo, como la teocracia feminicida de los ayatolas.

Bajo el subterfugio de una falaz equidistancia, se es cómplice de una despiadada satrapía en la que, en 1979, una izquierda estúpida y una derecha boba avizoró la posibilidad de que, tras el destronamiento del sah, emergiera un Irán democrático cuando lo que encerraba el hábito del aparente santón Jomeini era una sanguinaria República Islámica que es el nido de serpiente de movimientos terroristas –que se lo digan al escritor Salman Rushdie o a Alejo Vidal-Quadras– que, con la bendición del Corán, golpeaba sin conocer legalidades ni fronteras. Así, Irán ha armado a Hezbolá en Líbano, a las milicias chiíes iraquíes, a los hutíes en Yemen o a Hamás en Palestina que son –no por casualidad– quienes han felicitado a Sánchez por su impostado 'No a la guerra' a la que nadie –por cierto– ha emplazado a España, aunque haya desplazado a Chipre a su mejor fragata. Todo un «superhéroe» como proclaman a voz en grito el dúo Pimpinela vallisoletano de los ministros Óscar Puente y Ana Redondo. ¡Qué buenos siervos si tuvieran buen señor!

Ni siquiera en la retórica de las palabras el inquilino de La Moncloa ha sido tan explícito como Von der Leyen con su axiomático: «No debe derramarse ni una lágrima por el régimen iraní que ha infligido muerte e impuesto represión». A la vista queda como la mera invocación al Derecho internacional no frena crimen alguno como tampoco hubiera atajado el expansionismo nazi. De ahí que, cuando en 1953 un estudiante norteamericano le inquirió a Churchill cómo podría prepararse para los retos inherentes al liderazgo, su contestación fue inequívoca: «Estudie historia, estúdiela porque ahí yacen todos los secretos del arte de gobernar».

Para preservar la civilización europea que tantos desprecian y las instituciones democráticas que ajan irresponsablemente, se necesita una «diplomacia coercitiva» valiéndose de la expresión acuñada por Robert Gates, secretario de Defensa de 2006 a 2011 con Bush hijo primero y luego con Obama, así como director de la CIA con Bush padre, tras los errores en Irak y Afganistán por asumir directamente, después de derrocar sus regímenes, la construcción de un Estado democrático en países de su complejidad y alejamiento de los valores occidentales. Porque a nadie se le escapa que, como explicitó descarnadamente Stalin en 1945: «Todos imponen su propio sistema hasta tan lejos como llegan sus ejércitos».

Por eso, no se deben dejar las cosas para mañana preguntándose qué sucederá cuando Irán fabrique la bomba atómica porque, si ha venido haciendo todo esto con el árbol aún verde, qué no hará con él estando seco y dando frutos envenenados. Recobrar un mundo de ley, aplicado a todos por igual y no en base a la conveniencia volátil de las potencias con asiento y veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, demanda estadistas, en vez de oportunistas que reducen su liderazgo a eslóganes destinados a atrapar el aplauso fácil. ¿Por qué será que Sáncheztein apoya a todas las autocracias con el salvoconducto de la legalidad internacional cuando él no respeta ni la española con su ordalías al margen de su Consejo de Ministros y del Parlamento? De momento, a Von der Leyen se le ha roto el amor con él con un crujido frío y seco porque «el invierno llega, aunque no quieras».

  • In memoriam de Raúl del Pozo, ese tahúr del mejor periodismo
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