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A vuelta de páginaFrancisco Rosell

El falso adiós de Yolanda y el rebozado de la izquierda hundida

Pero Sánchez necesita abrir espacio para resistir en La Moncloa como jefe tribal de un frente de izquierdas y, al fin y al cabo, según Benavente, «más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor»

Como advierte Galdós en Los duendes de la camarilla, en España suceden cosas que, si se cuentan, nadie las creería. Especialmente en «tiempos bobos» en los que, siguiendo con las analogías del gran escritor y político canario, cualquier estupidez tiene asiento incluso cimero. Por eso, llama la atención que se luzca con gran alarde el anuncio de que la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, no encabezará la próxima lista electoral de Sumar, de cuya dirección salió hace meses, estando al cabo de la calle que 'Restar' no tendrá papeleta propia en esos comicios. De hecho, de lo único que podría dimitir y no lo hará sería de la vicepresidencia que le legó su hoy «enemigo íntimo» Pablo Iglesias.

No en vano, su «aunque yo me voy/no me voy/ aunque me voy, no me ausento» es otra mojiganga de esta 'Dama de los camelos' que ha tenido la temprana habilidad de brincar de un barco a otro desde que fue aspirante de Esquerda Unida a la Alcaldía de Ferrol en 1999, debiendo esperar a 2003 para entrar como concejal y desplazar dos años más tarde como coordinador general al histórico Anxo Guerreiro. Al legendario comunista le infligiría el primer aguijonazo mortal que luego –con la misma sonrisa– inferiría al nacionalista Beiras y a la podemita Carolina Bescansa hasta que, estando ya en Madrid, terminaría operando igual con Iglesias luego de traspasarle la vicepresidencia que ostenta. Aunque vista de dulce Abeja Maya, debe estar en su naturaleza como en la del escorpión de la fábula inyectar su veneno a la crédula rana que le ayuda a vadear el río.

Desde que en 2005 concurrió por primera vez a las elecciones gallegas obteniendo un 0,75 % de los sufragios, no parece que el porcentaje de voto de la vicepresidenta haya roto ningún registro. Aun así, ha sido un bluf muy bien publicitado hasta el punto de que un vendedor de crecepelo que –a veces, arraiga– como Iván Redondo le llenó la cabeza de pájaros vaticinándole que sería la primera mujer presidente de España en The situation room (Sala de situación) que mantiene en el diario La Vanguardia desde que Sánchez lo destituyó como valido. Claro que antes, en abril de 2016, cuando oscilaba en la órbita del PP, el audaz consultor ya hizo otro tanto con Iglesias cuando lo entrevistó en el programa La Tuerka que dirigía en la cadena que financiaba la dictadura teocrática de los ayatolás iraníes.

Al despedir al «spin doctor», como le llamó en línea con la serie nórdica «Borgen», Redondo sacó de su chaqueta un peón blanco de ajedrez que depositó en la mano derecha de su anfitrión. Sin dejarle abrir la boca, le previno de que no despreciara la pieza porque, pese a su aparente nadería, si alcanza la casilla ocho del tablero, puede transformarse en una de las más poderosas. Ello hizo que su destinatario resolviera vivaz: «Con este peón tengo que hacer jaque al rey».

Ahora, tras malbaratar sus 71 escaños, cegado por la ambición de darle el sorpasso al PSOE, Iglesias se saca la espina de su fracaso tratando de dar jaque con aquel peón a esa 'Iscariote' que se pasó al sanchismo para «destruir a Podemos» y a la que pronosticó que acabaría en el PSOE. De hecho, Yolanda Díaz ya no es nadie sin Sánchez del que, sabiéndolo su salvavidas, proclama «yo sé que usted es honrado, y lo digo aquí, pero la ciudadanía progresista está angustiada por la corrupción y porque no quiere que gobiernen las derechas».

Como la política es circular, a Iglesias puede que le haya vuelto a sonreír el destino debido a la necesidad perentoria de Sánchez de reunificar las formaciones a su izquierda con el adarve de lo que hoy es 'Pudimos' después de engrosar «la casta de los descastados» con la mudanza de Iglesias desde la casa de Vallecas al casoplón de Galapagar, tras capitalizar el voto indignado de los jóvenes de la clase media contra los que se ensañó la crisis financiera de 2008. No será fácil esa replantación —si es aún posible— de la izquierda del PSOE cuando un podemizado Sánchez le ha arrebatado sus banderas y sus grupúsculos han tragado con todas sus corrupciones, así como con asuntos como la causa saharaui tras el hackeo de Marruecos del teléfono presidencial y de varios ministros de Estado.

Como aconteciera tras las fallidas elecciones plebiscitarias del 10 de noviembre de 2019, en las que Sánchez retrocedió tres escaños con relación a las de la primavera de ese mismo año tratando de desembarazarse de Podemos, lo que forzó la firma exprés del gabinete de cohabitación, La Moncloa se ha percatado de que la necesaria recomposición de lo que denominó «el espacio Yolanda» pasa inexcusablemente por Iglesias a costa de su vicepresidenta. Eso explica, por ejemplo, el desembarco de activistas de esta formación en la desquiciada y sectaria RTVE, así como el alojamiento del canal Red en la plataforma de Movistar, cuya dependencia ideológica del gobierno asegura Javier de Paz, consejero de Telefónica desde 2008 gracias a Zapatero y peón del expresidente en sus negocios bajo sospecha.

A este respecto, es reveladora la fotografía aportada por El Debate que acredita como Paz estaría asistiendo a su benefactor Zapatero después de intervenir en la creación de la sociedad que canalizó los pagos al expresidente y a sus hijas –661.000 €– por el rescate gubernamental de la aerolínea Plus Ultra con 53 millones de euros. De hecho, otro directivo de Movistar Plus+, Sergio Sánchez, exalto cargo del CNI, controlaba el 25% de la empresa y sería el supuesto autor de los informes de la sociedad 'Análisis Relevante' de la que es propietario Julio Martínez Martínez, aparente testaferro de la familia Zapatero.

Adiós, pues, a la 'Dama de los camelos' al no Sumar, a fin de rebozar una izquierda hundida en un juego de muñecas rusas –las 'matrioskas'– insertadas unas dentro de otras encaminado a garantizar, como le espetó la vicepresidenta a la oposición el 15 de diciembre de 2015 en las Cortes, «ustedes nunca gobernarán este país y, si lo hicieran, iban a tener huelgas y movilizaciones masivas». ¡Qué día aquel en el que, en el último congreso de reelección de Unai Sordo como secretario general de CCOO, «Yolísima» fue recibida al grito de «¡presidenta!, ¡presidenta!».

Una vez perdido «el espacio Yolanda Díaz», esta busca una solución habitacional en el sanchismo, donde va rumbo a desempeñar el rol de aquel «Partido Democrático de la Nueva Izquierda» (PDNI) de Diego López Garrido y Cristina Almeida que empezó como corriente interna de Izquierda Unida contra Anguita y acabó en el PSOE, como vaticinó el «califa rojo» cordobés, al igual que ahora Iglesias ha hecho con su particular Cruella de Vil. Pero Sánchez necesita abrir espacio para resistir en La Moncloa como jefe tribal de un frente de izquierdas y, al fin y al cabo, según Benavente, «más se unen los hombres para compartir un mismo odio que un mismo amor».

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