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Amaya Azcona*

Necesitamos investigar y unir la maternidad, la sociedad y la universidad

«Aunque se habla con frecuencia de temas como la salud mental materna, la conciliación, el 'maternaje' o la tasa de natalidad, no siempre se puede recurrir a estudios rigurosos cuando se argumenta o surge la necesidad de intervenir sobre problemáticas concretas».

Si el lector ha leído el título de este artículo, habrá reparado en que los tres conceptos presentan una conexión semántica: su terminación –«dad»–, sufijo que se utiliza para expresar cualidades, estados o condiciones.

La Maternidad: se define como el estado, cualidad o condición de ser madre, incluido el periodo del embarazo, además del conjunto de experiencias, derechos y deberes asociados a ello.

La Universidad representa la condición de ser universal, la unidad en la pluralidad.

Finalmente, la sociedad implica la cualidad de ser social, de formar comunidad, reconociendo que necesitamos de los demás para sobrevivir, desarrollarnos y alcanzar metas que solos no podríamos lograr. Estas características marcan una primera relación entre los conceptos, vamos a ver si encontramos más vínculos entre ellos.

Desde el nacimiento de las universidades –que como objetivo tienen encontrar las leyes generales o principios que conectan todo en un solo sistema coherente (unidad) en un mundo lleno de piezas sueltas y datos fragmentados (pluralidad)–, comenzó el vínculo entre estas y la sociedad a través de la generación de saber y la formación de personas y profesionales que vivían y trabajaban, aportando sus conocimientos al desarrollo social.

Poco a poco, la universidad se fue consolidando como lugar de innovación y propuesta de soluciones a cuestiones complejas; su aplicación ha mejorado la vida de las personas y de la sociedad durante siglos.

Este vínculo no es unidireccional, sino que la universidad recibe influencias del entorno social: los profesores y los alumnos son «hijos de su tiempo», por lo que llevan a la universidad las inquietudes, dificultades y logros que viven en él. Son habituales las colaboraciones entre el ámbito universitario, la sociedad civil (empresas y organizaciones de diversa índole) y las instituciones públicas. De hecho, la elección de las líneas de investigación surge de procesos de análisis conjunto entre docentes, estudiantes y los retos sociales existentes. Cada vez más, las universidades se abren a responder a los desafíos actuales.

En la reflexión sobre la maternidad, nos surge esta pregunta: ¿Es la maternidad un desafío actual? La respuesta es afirmativa. Tener hijos supone un reto social de inmensa relevancia que merece ser abordado desde la universidad. Aunque se habla con frecuencia de temas como la salud mental materna, la conciliación, el «maternaje» o la tasa de natalidad, no siempre se puede recurrir a estudios rigurosos cuando se argumenta o surge la necesidad de intervenir sobre problemáticas concretas.

Si se eligieran diferentes aspectos de la maternidad desde las variadas disciplinas que tienen que ver con ella –biología, psicología, medicina, economía, antropología, sociología, derecho, demografía, bioética, trabajo social (no voy a citarlas todas)– como temas de investigación, supondría profundizar en su conocimiento con rigor y datos contrastados.

Esto aportaría a la sociedad el saber necesario para tomar decisiones informadas, facilitando la resolución de diferentes problemáticas en torno a la maternidad, y favorecería el inicio de la vida social de las personas, que comienza con el embarazo y continúa con el nacimiento y la crianza, en dependencia de otros miembros de la sociedad: madre, padre y cuidadores.

Amaya Azcona es Directora General de la Fundación RedMadre.

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