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Desde la almenaAna Samboal

Honor a los que se juegan la vida en el trabajo

Llevan años demandando que la de guardia civil y policía nacional sea considerada profesión de riesgo: medidas de protección, jubilación anticipada, apoyo psicológico… Y hasta eso les niegan. No se puede ser más mezquino. Ellos pasarán, la Benemérita es centenaria

El cálculo político se ha estrellado estrepitosamente contra el profundo y digno desgarro de Luisa. Los que se llenan la boca de humanidad en busca de medallas no han tenido palabras, miradas, abrazos ni tiempo para acompañar a una mujer rota, a una agente de la Guardia Civil que, portando su féretro, despide desconsolada a su compañero de vida.

Hay que ser valiente para asistir a un funeral en el que no eres bienvenido. Grande Marlaska, que debe haberlo sentido en sus propias carnes, no lo ha sido. Será el incienso que emana del poder el que le ha inducido a olvidar. Y no hace tanto tiempo. Entonces, en los entierros, que fueron cientos, los que hoy pactan con el gobierno, los de Otegi, eran los que, después de esconder la mano salpicada de pólvora, increpaban a los caídos. Y los jueces y guardias civiles y policías y servidores de la ley, valientes hasta la temeridad, apretaban los dientes y plantaban cara. Todavía recuerdan al pasear por San Sebastián el punto exacto en el que pisaron a fondo el acelerador para sortear a un tipo con cara de pocos amigos, el refugio convertido en jaula de Aldapeta o de Intxaurrondo, el revisar los bajos de los coches, el sonido de las bombas, el encararse a un cirujano echando la mano al cinto para que atendiera al compañero al que habían disparado. Hay vivencias que dejan huella profunda en el alma. Y las llevan a cuestas. Como pueden, que no todos pueden con ellas.

Con honor y orgullo, ellos siguen donde estaban. Los que visten de verde y azul no han cambiado de bando. Entonces, contra la organización terrorista ETA. Entonces también, como hoy, enfrente de ladrones, corruptos, narcotraficantes y criminales de toda condición, también los que visten con corbata y duermen en paradores. El que les defendió y arropó, el que fue juez y hoy es ministro, ya no está donde estaba.

Debieron creer que la foto frente a un crucero daba más réditos que el humilde consuelo a una viuda. Debió pensar Montero, la candidata en campaña que lee lo que le escriben, que, por calificar con frivolidad y desparpajo de accidente laboral su muerte, rebajaba la gravedad de la tragedia. Tiene antecedentes: accidente fue también para Zapatero el atentado en Barajas. A este gobierno, la Guardia Civil que desnuda sus vergüenzas se le ha atragantado. Es víctima de sus servidumbres y ha convertido a los funcionarios en sus rehenes. Los señores de la droga con alijos procedentes de Marruecos campan ensoberbecidos a sus anchas por aguas españolas. Y las lanchas se enfrentan a ellos a cara descubierta con restricciones bien medidas en el uso de las armas, sin apoyo desde el aire, siquiera para disuadir al delincuente. Llamémoslo accidente a jugar al póker con la muerte cada día. Y ni siquiera eso les reconocen. Llevan años demandando que la de Guardia Civil y Policía Nacional sea considerada profesión de riesgo: medidas de protección, jubilación anticipada, apoyo psicológico… Y hasta eso les niegan. No se puede ser más mezquino. Ellos pasarán, la Benemérita es centenaria.

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