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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Me temo que acertó más Carlos Vives

Beneficia más a España la defensa de la Hispanidad del cantante colombiano que plegarse a las demandas de la presidenta populista y proindigenista de México

Carlos Vives es un cantante colombiano de 64 años y muchos éxitos a sus espaldas, incluidos dos premios Grammy. La semana pasada participaba en la entrega de unos premios en Tenerife, ante 7.000 espectadores, y al olfatear determinados aromas políticos hizo la siguiente declaración: «Mi música no es latina. No hablamos en latín. Mi música es hispanomericana y todos los que hablamos español somos una sola familia».

Es decir, Vives se desmarcaba claramente de tantos artistas del otro lado del charco que sucumben a la presión de la izquierda indigenista y su tenaz campaña antiespañola.

No era la primera vez. En julio de 2025, el músico colombiano estrenó una canción llamada 500, un homenaje a los cinco siglos de su ciudad natal, Santa Marta, en la que citaba al conquistador español que la fundó, el sevillano Rodrigo de Bastidas. Por supuesto el indigenismo de guardia lo puso a parir. Pero Vives se mantuvo en su sitio, «contra la leyenda negra que quiere dividir a los pueblos hispanos» y en defensa de «la herencia hermosa de nuestra hispanidad».

No sigo la alegre música de Carlos Vives. Pero como español le agradezco su postura, que hable bien de nuestro país y de su historia. Desde sus posibilidades contribuye a nuestra buena imagen, a nuestro «poder blando», como dicen los ingleses.

Felipe VI se acercó el lunes en Madrid al Museo Arqueológico Nacional, a fin de visitar en compañía del embajador de México una exposición titulada La mitad del mundo, la mujer en el México Indígena. Por supuesto era una muestra de lectura izquierdista-feminista, pues según el catálogo introductorio su objetivo es destacar «sus posiciones de poder, resaltando su relevancia como madres, cuidadoras, proveedoras, sanadoras, tejedoras, chamanas, guardianas de saberes, guerreras y gobernantes». En fin... es bien sabido que el México de los aztecas y los nahuas era un vergel de feminismo a la escandinava.

La visita del Rey con el embajador mexicano no figuraba en la agenda del día del monarca. Pero una vez allí, Felipe VI le hizo un comentario con la clara intención de que fuese grabado por las cámaras. El Rey dijo algo razonable y que realmente es así: los Reyes Católicos aprobaron unas garantistas y avanzadas Leyes de Indias para proteger a los indios, pero «no se cumplió como se pretendía» y «hubo mucho abuso» y «controversias éticas». Es verdad.

Las palabras del Rey no habían llegado todavía a los periodistas españoles que cubren la Casa Real cuando ya aparecían destacadas en el periódico afín a Sánchez, El País. Lo que invita a pensar que el comentario del Rey al embajador mexicano estaba pactado con la Moncloa y formaba parte de un esfuerzo diplomático para conseguir que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se digne a acudir a la Cumbre Iberoamericana que organizará España en noviembre en Madrid. La anterior había sido un cierto fracaso y el Gobierno aspira a mejorar la asistencia esta vez.

Sheinbaum, una populista de izquierdas, venía demandando a nuestro Rey que pidiese perdón por los supuestos abusos de los conquistadores españoles contra los indígenas, campaña que ya había iniciado su predecesor, el veterano demagogo López Obrador (de ancestros españoles).

¿Cómo tituló el periódico sanchista las ponderadas palabras de Felipe VI? Pues abriendo el periódico con un titular a todo meter, que rezaba así: «El Rey admite los ‘abusos’ de la Conquista en un gesto ante México».

Es decir, lo que quedó al final de sus muy estudiadas frases –pues casi nadie se lee las declaraciones enteras– fue que el Rey pide disculpas, tal y como nos venían reclamando Sheinbaum y toda la izquierda indigenista. Por supuesto a la presidenta de México le faltó tiempo para calificar las palabras de Felipe VI de insuficientes: «Un gesto de acercamiento, pero no es todo lo que hubiésemos querido». Más o menos lo mismo han venido a decir nuestros separatistas, cuyo ADN es el odio a España.

Se me ocurren algunas preguntas: ¿Va a pedir perdón Sheinbaum por los terribles sacrificios humanos de los indígenas en lo que hoy es México, por su salvajismo cruel y por sus constantes guerras fratricidas? No. ¿Va a pedir perdón por la extrema violencia contra los indígenas que practicó México en varias campañas contra ellos tras lograr la independencia de España en 1821? No. ¿Va a pedir perdón al mundo por el inmenso daño que hace el narcotráfico mexicano a la humanidad y a su propia gente? No.

¿Ayuda el titular que ha hecho posible Felipe VI a prestigiar a España… o en la práctica le ha hecho el caldo gordo a nuestros separatistas, que predican que somos un país con una historia odiosa y represiva, y a la izquierda indigenista, que fomenta una ruptura total con el marco de la hispanidad y lo español?

¿Beneficia más a los intereses de España y a su prestigio hablar en los términos en que lo ha hecho Carlos Vives, con una cerrada defensa de nuestro legado y nuestra lengua… o el reconocer sin necesidad y ante las cámaras, y en una charla informal que debería ser privada, que los españoles cometimos «muchos abusos»?

Como español de a pie, mi opinión, perfectamente discutible y falible, es que una Cumbre Iberoamericana, siendo muy importante, no vale el hecho de que nuestro Rey diga –o se vea forzado por el Gobierno de Sánchez a decir– unas frases que en la práctica han facilitado unos titulares de prensa que al final contribuyen a la nefasta leyenda negra. En lugar de ayudar a abrillantar y poner en valor la magnífica historia de España, que es lo que sin duda querría hacer, y tantas veces hace, Felipe VI.