Qué carácter
Una gran señora de la nobleza, en los años setenta, solicitó una consulta con el eminente oftálmologo doctor Poyales. La señora no veía bien de un ojo por las cataratas. Y en una comida entre amigos, lo comentó: «Mañana a las 12 me recibe el doctor Pichales»
Agradezco no ser el embajador de Marruecos en España. Mi añorada y queridísima madre, que Dios tenga en su gloria, me lo adelantó cuando era un niño de seis años. «No sé lo que serás en el futuro, Alfonsito, pero no te veo de embajador de Marruecos en España». Y se ha cumplido su vaticinio. Y lo agradezco por partida doble. Tiene que resultar terrible ser objeto de un chorreo de la ministra de Asuntos Exteriores de España, la Chachona. Rostro severo, carácter fuerte, voz acerada y acción decidida:
«Llamaré a la embajadora de Marruecos». Y la embajadora temblando, escondiéndose detrás de las cortinas, y aleccionando a su mayordomo, Mustafá Alí Mustafá, dos veces Mustafá. «Mustafá, si llama la ministra ministra de Asuntos Exteriores –dos veces ministra-, que no me encuentra, que estoy reunida, porque con ese carácter que tiene, la temo más que a un nublado».
La diplomacia española tiene una historia cumbrera. España siempre ha tenido grandes diplomáticos y embajadores. Y ministros de Asuntos Exteriores firmes, educados, bien vestidos y mejor preparados. Ahora, nuestra gloriosa diplomacia está en manos de una paleta de las que ya no existen, una paleta de los años cincuenta del pasado siglo, más apropiada para Cassen que para Paco Martínez Soria, el que protagonizaba las películas que escribía Fernando Lázaro Carreter. «Cristo a Lázaro, en buena hora/ lo levantó en un instante./ A este Lázaro de ahora/ no hay Cristo que lo levante». Por otra parte, no entiendo que se enfade tantísimo, porque algo habrá tenido que ver en la falsificación del pasaporte del polisario, que según parece, cuando se cure en el hospital de Logroño que pagamos todos los españoles, va a quedar en libertad. Está acusado de crímenes y de torturas a los saharauis que no pertenecían o pertenecen al Frente Polisario, ha entrado en España con un pasaporte falso, ha rechazado hospitalizarse en Argelia y aquí paz y después gloria. ¿Quién ordenó la expedición de ese pasaporte más falso que un billete de 63 euros?
Tenemos unos ministros de coña. La de Igualdad y Obsesiónes Sexuales, encarga a sus asesoras la redacción de la Ley «Trans y de Redefinición Sexual» y se la cargan sus compañeros de Gobierno del PSOE porque no ofrece seguridad jurídica. Otra que se las apaña a su manera. Siempre pensando en lo mismo.
Una gran señora de la nobleza, en los años setenta, solicitó una consulta con el eminente oftálmologo doctor Poyales. La señora no veía bien de un ojo por las cataratas. Y en una comida entre amigos, lo comentó: «Mañana a las 12 me recibe el doctor Pichales». Su marido, amablemente le amonestó: «Siempre estás pensando en lo mismo, Maruja». Pues como Irene Montero. Se va a dilapidar 500 millones de euros en guarraditas, y también tiene muy mal carácter y poquísima educación.
A mayor ignorancia peor educación. Así le escribió el poeta unos pareados a Godoy, que al lado de estas simplonas, era un genio. «Vino de Castuera/ y medró, ¡Quién lo dijera!/ En sus alforjas traía/ ambición e hipocresía,/ y además de la ambición/ poquísima educación». Versos anónimos, aunque muchos se los atribuyan a Sem, seudónimo satírico de los hermanos Gustavo Adolfo y Valeriano Bécquer. Es que la educación es muy importante, y una con estudios y otra sin ellos, están muy mal educadas. Pero ya es tarde para que una de ellas se aperciba de su obligación moral de dimitir en lugar de regañar, y para que la otra se matricule en el colegio de Las Irlandesas.
Lo siento por los diplomáticos, que van a perder prestigio con esta madrastra, y por los «trans» y pendientes de su redefinición sexual, porque le han tumbado a la ministra de Igualdad y Obsesiones Sexuales su proyecto de ley. Intentará, si le da tiempo, a presentar otro, y se lo volverán a tumbar, porque sus asesores –niñera incluida–, ya no dan más de sí.
En fin, que no soy el embajador de Marruecos, ni «transexual» ni necesito –al menos hasta ahora-, una redefinición sexual.
¡Voilá!
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 21 de mayo de 2021