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Larga cambiadaJavier Fernández-Mardomingo

Urtasun, Curro y un premio nacional

Es que Curro ha tocado la cultura. La ha olido. La ha paladeado y la ha vivido como pocos en las últimas décadas. Que Urtasun no entregue el premio de tauromaquia porque no lo considera cultura es grave. Que no se lo entregue a Curro Vázquez es un sacrilegio

Cuando allá por 2024 el ministro de ¿Cultura? decidió eliminar el Premio Nacional de Tauromaquia dijo –y se quedó tan ancho– que la decisión iba en línea de lo que pedía la sociedad, que cada vez iba menos gente a los toros. Quiero creer que ha leído la encuesta de hábitos culturales que su ministerio elabora cada año. Y por eso quiero creer que el ministro sabe que más del 8% de los españoles fueron a los toros durante el periodo 2024-2025. Quiero creer también que sabe que el porcentaje supone unos cuatro millones de españolitos. Y también quiero creer que se acuerda de que cuatro millones, ya que estamos a cifras, aunque la cosa aquí vaya de letras, son un millón más de los que votaron a su partido en 2023. Que, por ser justos, son las últimas elecciones generales con datos. Aunque sabemos que la cosa por ahí a la izquierda ha ido menguando como esa luna que quería Federico que viniera, que no quería ver la sangre de Ignacio sobre la arena. El mismo Ignacio Sánchez Mejías al que, por cierto, pretende excluir de los actos por el centenario de la generación del 27 cuando fue el que enredó y pagó la juerga a todos en el Ateneo de Sevilla. Pero esa es otra historia y de ella dará buena cuenta aquí Andrés Amorós, que de Ignacio y del 27 sabe tela.

El caso es que cuando el miércoles anunciaron para Curro Vázquez el refundado premio, que se sigue entregando gracias a la Fundación Toro de Lidia, el Senado y una decena de comunidades, lo primero que hice fue alegrarme. Por el maestro, lo merece. Lo considero un buen tipo, un torero genial y un taurino extraordinario. Pero también me dio rabia que no se lo vaya a entregar el ministro porque podría contarle unas pocas cosas. Precisamente él. Precisamente Curro.

Porque Curro recibe el galardón por una trayectoria, claro, pero la excusa de actualidad es que el 12 de octubre hizo crujir a veintitrés mil almas a la hora del vermú en la calle de Alcalá con setenta y cuatro añazos y ocho caricias a un animal. Curro hizo que los que allí estábamos y no peinamos canas, o no muchas todavía, viéramos que era verdad todo lo que nos habían contado. Y vimos emocionarse a nuestros mayores volviendo al Madrid de los 80 en el que todos, aunque fuera un rato, seguro que fueron felices.

Esto al ministro ni le va ni le viene. Perfecto. Pero como parece que el asunto va de ideologías supongo que entenderá que Curro, si se sentara a recibir con él el premio, le podría contar que aquel día toreó por Antoñete. Por Chenel. Por su Antonio. Por levantarle una estatua. Y podría contarle que Antoñete tuvo más fracturas que cornadas en esos huesos de cristal porque no había leche en casa de los perdedores de la guerra. Y que su padre le partió la cara cuando llegó con una camisa azul –azul falange, claro– porque se las repartían a los chiquillos por la calle y no había nada mejor que ponerse. Eso igual empieza a interesar más al ideológico ministro.

Curro podría hablarle de la casa de Ferraz de los Dominguines. Que para eso el maestro acabó casado con Paty, la hija de Domingo, el mayor de los tres hermanos de los que dijo el genial Luis Miguel a un general en presencia del dictador que los tres eran comunistas. Podría contarle que allí, en Ferraz, se imprimían panfletos y anexos del Mundo Obrero porque el rojo, en realidad, era su suegro. Curro podría contarle que en esa casa durmieron Alberti, Semprún o María Teresa León. Que Domingo acompañó a Ernesto Guevara en su viaje a Madrid a comprar boinas en la Plaza Mayor y se juntó al otro lado del charco con el subcomandante Marcos, Max Aub o Indalecio Prieto.

Curro podría contar al ministro que por Ferraz pasaban docenas pidiendo plato y cama. Y que nunca les faltó. Y ya que el Urtasun anda liado con el Guernica ahora, podría contarle los viajes de su suegro a Vallauris a ver a Picasso, al que organizaron un festival por su 80 cumpleaños. Y que produjo Viridiana y no paró hasta que se rodó en España. Y que ideó la forma para que la cinta de su amigo Buñuel pasara la frontera rumbo a la Palma de Oro en marzo del 61, como relata Paco Aguado en sus Historias del Toreo que nunca te contaron. Camuflada entre capotes y muletas de Pedrés, que un día toreaba en Barcelona y al siguiente, en Lunel.

Vamos, que Curro podría contarle todas estas cosas al ministro, porque Curro no es que forme parte de la Cultura por ser torero. Es que Curro ha tocado la cultura. La ha olido. La ha paladeado y la ha vivido como pocos en las últimas décadas. Que Urtasun no entregue el premio de tauromaquia porque no lo considera cultura es grave. Que no se lo entregue a Curro Vázquez es un sacrilegio.

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