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HorizonteRamón Pérez-Maura

Un debate de los que quitan la afición

Fortes intentó que se hablase de pactos postelectorales para meter el miedo de una coalición PP-Vox si Moreno Bonilla no logra la mayoría absoluta. Pero no tuvo mucho éxito

Lo que más me llamó la atención del debate de las elecciones andaluzas del pasado lunes fue el muy trabajado despeinado de María Jesús Montero. ¿Cuántas horas dedicará a dejarse el pelo en ese estado? No creo que eso se consiga con facilidad. Y la principal conclusión que saqué fue que es muy improbable que ese debate haga cambiar la intención de voto de nadie.

Un debate entre cinco no es un debate. Es más bien una tertulia. Una conversación de todos contra uno y eso es lo que vimos con Juanma Moreno aguantando impasible e incluso sonriendo. Y dio un duro golpe dialéctico a la candidata socialista cuando se preguntó: «¿A quién creemos, a la que no ha sido capaz de presentar los Presupuestos, o a la que iba a derribar El Algarrobico? Usted no cumple nada, ya no le queda crédito». O cuando después de que ella dijese que la financiación para Andalucía mejora con la nueva financiación para Cataluña, Moreno le recordó que todas las comunidades autónomas se habían opuesto a la financiación para Cataluña que ella aprobó. Comunidades gobernadas por el PSOE incluidas. A eso Montero no respondió. Más que nada porque no tenía respuesta.

El candidato de Adelante Andalucía, José Ignacio García, no tuvo mucho éxito en su intento de presentar al PP y a Vox como la misma cosa y Manuel Gavira, el candidato de Vox defendió la idea de la prioridad nacional con habilidad y suavidad. Ni PSOE ni PP entraron al trapo. En cambio, fue un poco lejos al decir que la formación comunista, Por Andalucía, está al servicio del PP. Por cierto, el candidato comunista Antonio Maíllo demostró ser bastante mejor orador que los demás y su formación como filólogo se nota para bien.

El conductor del programa, Xavier Fortes, acompañado por Laura Clavero, se empeñó en hacer un debate muy rígido hasta el punto de decir a los candidatos que guardasen unos segundos por si querían volver a intervenir al final. Hasta que ya Maíllo le dijo que él dispondría de su tiempo como tuviera por conveniente. Fortes intentó que se hablase de pactos postelectorales para meter el miedo de una coalición PP-Vox si Moreno Bonilla no logra la mayoría absoluta. Pero no tuvo mucho éxito.

El mejor resultado posible de un debate es fomentar la participación electoral. Motivar a los abstencionistas a acudir a las urnas. A mí me cuesta mucho creer que lo visto el lunes pueda ser un aliciente para que nadie vaya a votar. Y eso en tiempos en que nuestra democracia está tan desprestigiada por la polarización fomentada por Pedro Sánchez y por la corrupción que con este gobierno ha llegado a extremos nunca vistos.

Yo siempre he tenido interés en la política y en la capacidad retórica de los políticos. Desde que estaba en el colegio me gustaba debatir. Pero todo tiene un límite. Y el debate del pasado lunes fue de los que te quitan la afición.