Ataque
Sánchez no es sólo un psicópata vanidoso, un mentiroso enciclopédico y un muñeco de los grandes poderes mundiales. Sánchez es un traidor a la Constitución y a España. Es más peligroso de lo que aparenta
Creo que ABC yerra en su portada cuando anuncia que «Sánchez claudica». Sánchez no claudica. Sánchez ataca. Los indultos a los nueve delincuentes condenados del separatismo catalán, atacan al Rey, atacan a España, atacan al Poder judicial, y atacan –como poco– a la mitad de los catalanes. Sánchez no está sólo. Se ha buscado el tibio apoyo del Parlamento Europeo, y cuenta con una red clientelar de medios de comunicación que dependen de sus subvenciones inmensamente poderosas.
Para rizar el rizo, no han topado con la Iglesia. La Conferencia Episcopal ha silenciado la tropelía autorizando con su mudez el infectado comunicado de los obispos catalanes. Sánchez está llevando a cabo el plan siniestro diseñado por el forajido del peluquín, Iván Redondo, un donostiarra acomplejado socialmente. Me han soplado algunos de mis viejos y numerosos amigos de San Sebastián que Redondo sufrió mucho en su juventud por desclasado. Y esos sufrimientos los estamos pagando todos los españoles, incluyendo a los militantes socialistas, incapaces de aceptar su colaboración con la traición de su líder a cambio del pesebre. Porque hoy, un carné del PSOE sirve para que se abran las puertas de las empresas públicas y privadas y de la Banca.
El plan diseñado por Redondo termina con la Constitución del 78, la Monarquía Parlamentaria, la independencia de los tres poderes de una democracia occidental, la libertad y la unidad de España. Se trata de un plan diabólico financiado por los archimillonarios que desean cambiar el mundo y han elegido a España como base de su experimento. Desean cambiar el orden mundial para apoderarse del orden mundial, no con el ánimo de mejorarlo y convertirlo en más justo. Una inversión a medio plazo que cuenta con la voluntad comprada de muchos políticos europeos y jueces de los tribunales internacionales.
En América ya han triunfado y en España, el conejo de indias de Europa, la muerte de la unidad y la libertad está anunciada. En Cataluña, sus empresarios ya se han situado en la anti-España, y pocas horas después de publicarse en el BOE el indulto a los forajidos no arrepentidos, los partidos separatistas catalanes exigen ya la amnistía y el «referéndum» por la independencia.
Si no fuera por los millones de catalanes que no merecen el caos, y para que la consulta fuera legal, yo propondría que tuviera ámbito nacional. Todos los españoles somos sujetos constituyentes y todos tenemos el derecho de opinar acerca del futuro de los territorios de España. Por otra parte, ese «referéndum» nacional sería la única vía para conseguir la independencia de Cataluña, porque en muchas zonas de España, la Cataluña que se abre ante sus ojos, es una Cataluña que insulta, que ataca lo español, que desprecia a España, y que oscurece a los catalanes que se sienten profundamente españoles. Una Cataluña de la que, millones de españoles, estamos hasta los mismísimos cojones.
Sánchez no es sólo un psicópata vanidoso, un mentiroso enciclopédico y un muñeco de los grandes poderes mundiales. Sánchez es un traidor a la Constitución y a España. Es más peligroso de lo que aparenta. Por otra parte, ese ser amoral capaz de destrozar a una de las naciones más antiguas del mundo y con una Historia insuperable a cambio de las delicias del poder y el abuso de los bienes públicos, es también un calzonazos que se somete a la ambición personal de una mujer que, de puertas adentro, es la que manda en España. Pero no es fino en sus estrategias. Casi lo expulsan del PSOE por tramposo. Necesita del resentimiento callado del despacho, y lo encontró en el gélido y rencoroso Iván Redondo, que ha trazado el programa que Sánchez aplica sin titubeos.
Pero cuidadito. España –y se ha demostrado en muchas ocasiones a través de su existencia–, tarda en reaccionar. Pero lo hace cuando ve el peligro excesivamente cerca. O terminamos todos los buenos españoles en un campo de concentración o Redondo y Sánchez, y sus compañeros del Gobierno, sus socios separatistas, comunistas y terroristas, acaban en Waterloo o en la cárcel. Mejor que vayan unos centenares de traidores a prisión que lo hagan millones de españoles leales a la libertad. En fin, que alguna esperanza nos queda. Pero hay que iniciar los movimientos de los peones para ganar la partida.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 24 de junio de 2021