Vómito
Para mí que la buena señora y madre de Marlasca tendría hoy motivos más graves para no hablar a su hijo que su natural inclinación hacia una simple elección sexual. Pienso en Gadafi, en el niño Fabio destrozado por la metralla y en el trato de favor que Marlasca va a conceder a esa serpiente
Hace unos meses, leí una entrevista, transversal y cariñosa, al ministro del Interior Marlasca. Intentaba el entrevistador ahondar en los sentimientos íntimos del buen juez y nefasto político. En un tramo del masaje impreso, Marlasca reveló su mayor tragedia vital. «El día que le dije a mi madre que era «gay» estuvo casi un año sin hablarme». La madre, vasca, no era partidaria de esas cosas. Creo que se equivocó y no supo aventurar el futuro. En la España de hoy, ser «gay» es tan importante y provechoso como falsificar «másters», indultar a golpistas y pegar patadas a los ciudadanos jubilados y enfermos en una noche loca. Está de moda.
No obstante, aquella confesión ayudó a crecer mi misericordia. No era fácil ni sencillo salir del armario. El primero que lo hizo sin límites ni prudencias, allá por los años cincuenta, fue Rafaelito Neville, hijo del gran Edgar Neville. Así que paseaba Rafaelito meciendo su trasero de oriente a occidente y portando en la mano derecha un bolsito de Hermés por la calle Larios de Málaga, cuando al pasar bajo un andamio sobre el que trabajaban dos albañiles –hoy, operarios de la construcción–, uno de ellos le gritó: –¡Adiós, maricón!–. Y Rafaelito, que era rápido y viperino, le respondió el saludo: –¡Adiós, arquitecto!–. Claro, que Rafael Neville, como Luis Escobar, como Rafael de León, no eran gais, sino maricas de los de toda la vida, cultos, educados, ingeniosos y geniales.
Pero la reacción de la madre de Marlasca marcó su carácter. De esos golpes maternos no es sencillo reponerse. Cuando el primogénito del Duque de Zaragoza le anunció a su padre, el señor Duque, que no tenía intención de estudiar Derecho porque su vocación no era otra que ser maquinista de trenes, el Duque lo expulsó de casa. Heredó el título, y durante muchos años el Duque de Zaragoza fue un ejemplar maquinista ferroviario, y no el único noble dedicado al respecto. Años más tarde, le tomó el relevo de maquinista de la Renfe don Alfonso Escrivá de Romaní, Conde de Alcubierre, al que mucho le divertía, en sus últimos años de vida, el apodo que le pusieron sus amigos veraneantes de Comillas: 'Máquina Vieja. Fue el gran animador de los últimos veranos comillanos que enlazaban con su época más rutilante.
Pero no es lo mismo. Lo de Marlasca tuvo que ser demoledor por inesperado. Sucede que los españoles no tenemos culpa de aquello, ni de su dolor, ni de su amargura, ni de los prontos de su señora madre, que era una mujer de su época, y aquellos tiempos no eran permisibles en determinadas cosas. Hoy, aquel buen juez se ha convertido en lo peor que nos puede deparar la política. Aquellos asesinos terroristas de la ETA a los que juzgó y encarceló, están siendo tratados por su ministerio como si fueran las víctimas de sus crímenes.
Ya está preparado el expediente para acercar a las Vascongadas a uno de los más salvajes terroristas de la ETA. Su apodo dice mucho de su persona. Gadafi. Se llama la rata Juan Carlos Iglesias Chouzas, cumple condena de 1.200 años por veinte asesinatos, y entre las víctimas mortales de su «heroica lucha armada», destaca un niño de dos años de edad, Fabio Moreno, un niño tan imprudente que tuvo la osadía de salir de su casa acompañado por su padre cuando hizo explosión un artefacto instalado para matar a discreción por el llamado gudari.
Creo que siguiendo el guión de Sánchez con los delincuentes catalanes, para Marlasca la Justicia que él administraba con rigor y valentía, es hoy una innecesaria venganza de la sociedad, una revancha, y claro, Gadafi va a ser acercado a las provincias vascas, y muy pronto, cuando el Gobierno de los recogedores de nueces, el PNV, reciba la transferencia de prisiones, el asesino de Fabio Moreno, de dos años de edad, será recibido en su localidad natal como si fuera un héroe.
Para mí que la buena señora y madre de Marlasca tendría hoy motivos más graves para no hablar a su hijo que su natural inclinación hacia una simple elección sexual. Pienso en Gadafi, en el niño Fabio destrozado por la metralla y en el trato de favor que Marlasca va a conceder a esa serpiente venenosa, y vomito. Lo del culo carece de importancia, como le comentó la fiscal general a su Baltasar Garzón ante el comisario Villarejo.
De vomitar.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 22 de junio de 2021