Las trampas contables de Sánchez ya llegan a Europa
El Gobierno ha llevado a la quiebra a la Seguridad Social y sobrevive con trampas contables y maquillaje estadístico
El Gobierno dedicó casi 3.000 millones de euros de los Fondos Europeos a pagar las pensiones, con una pirueta administrativa irregular que denota varios problemas de enorme jerarquía.
Para empezar, el nulo respeto a las reglas que impiden dedicar a gasto corriente contribuciones destinadas a eso que Pedro Sánchez, con su infinita bisutería retórica, llamó el «cambio de modelo productivo». Un objetivo incompatible con el derroche de recursos previstos para inversiones productivas en, simplemente, cubrir a duras penas las obligaciones cotidianas con los jubilados.
Para continuar, es una demostración palmaria de las consecuencias de carecer de Presupuestos Generales del Estado durante toda una legislatura, un escándalo desde el punto de vista de la gestión, pero, también, de lo estrictamente democrático: un Gobierno que no puede aprobar la ley de leyes está incapacitado para continuar y tiene la obligación inaplazable de disolver las Cámaras y convocar elecciones.
No existe ningún argumento legítimo ni constitucional que justifique que alguien que no ha ganado en las urnas, no puede aprobar las cuentas anuales y no tiene una mayoría parlamentaria estable, se considere con el derecho a mantenerse en el poder, salvo que solo pretenda utilizarlo como escudo personal para sobrevivir al terremoto judicial que le asola.
Y, para terminar, es también una prueba del desastre económico al que Sánchez ha conducido a España, camuflado con estadísticas maquilladas y falseadas que a la hora de la verdad se derrumban con estrépito.
Si hace falta recurrir a una irregularidad para pagar las pensiones es porque la Seguridad Social está esquilmada o incluso en quiebra, con un déficit anual de 50.000 millones de euros, al menos, que se compensa con transferencias del Estado o con despilfarro de fondos europeos.
Es decir, la población activa no puede ya mantener a la pasiva con sus cotizaciones, y el sistema necesita de atajos infames que entierran el optimismo artificial del Gobierno en materia económico, un fenomenal bulo sustentado en estadísticas falseadas como la del empleo o la deuda.
La realidad es que, en el momento de mayor recaudación fiscal de la historia por las políticas confiscatorias de Sánchez con afán clientelar, la caja no da para cubrir las pensiones, el poder adquisitivo real de los españoles está en niveles de hace tres lustros, el riesgo de pobreza se ha disparado, la deuda pública no ha dejado de subir y el paro auténtico dista mucho de la ficción exhibida por la propaganda oficial.
A la insolvencia moral se le añade la económica, un desastre sistémico que dejará una herencia horrible y pondrá en crisis al Estado de bienestar, todo por la codicia de un presidente indigno que carece de la visión imprescindible en un estadista: su cortoplacismo doloso es ya un drama nacional, que pagaremos a un precio intolerable.