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en el recuerdoAlfonso Ussía

Pemán y Cádiz

Ya con la muerte avisando, y a petición de Don Juan, el Rey Don Juan Carlos le impuso en el palacio de La Zarzuela el Toisón de Oro, por su extraordinaria trayectoria literaria, humanista y su lealtad a España y la Corona con el único objetivo de recuperar la reconciliación y la libertad de los españoles

Un tal Kichi, amparado en la Ley del Odio de Zapatero y que hoy administra Carmen Calvo, le ha retirado a don José María Pemán la placa que señalaba su casa natal. Cuando Zapatero sucumbió y ganó el PP de Rajoy las elecciones con mayoría absoluta – creo recordar que 186 escaños-, todos los españoles que le habían votado pensaron que Rajoy derogaría inmediatamente la infame Ley de la venganza y el resentimiento. Pero no lo hizo. Soraya le pidió prudencia y medida, y Rajoy, que se hallaba leyendo un diario deportivo, aceptó la sugerencia. Es decir, que hoy le han retirado la placa a don José María Pemán en Cádiz un alcalde analfabeto, una ley infectada, una vicepresidenta resentida, un Sánchez que no sabe si Pemán era escritor o ingeniero aeronáutico, Rajoy y Soraya.

Don José María, allá donde se halle, habrá sonreído. Era un gaditano genial, sonriente, sabio y preciso. Estupendo poeta, brillante autor teatral, agudo ensayista y portentoso articulista, además de orador caudaloso e irónico, y presidente del Consejo Privado del Conde de Barcelona que le disputaba desde el exilio el poder al General Franco. Ser de Cádiz es conocer las costumbres del mar, del Atlántico hacía América. Lo que el mar se lleva, el mar lo devuelve. Un día, las olas que devoraron «al niño mariscador que se fue» devolverán a las playas de Cádiz la placa que le han quitado los rencorosos, los burros y los cobardes. Don José María estrenó durante la Segunda República su prodigio teatral en verso dedicado a San Francisco Javier, el santo jesuita navarro. El Divino Impaciente. El éxito fue tan apoteósico que pudo mejorar de casa, y compró una más grande para que vivieran más desahogados su mujer y sus muchísimos hijos. En Cádiz bautizaron a la nueva casa como 'El Castillo de Javier'. Fue su época teatral versificada. La Santa Virreina, Cisneros, y Cuando las Cortes de Cádiz, con La Piconera cantando entre fuegos y cadáveres sus coplas a los franceses. «Con las bombas que tiran/ los fanfarrones/ se hacen las gaditanas,/tirabuzones».

Oir a Pemán era una delicia. Siempre historia, costumbre, humor, rigor y sabiduría. Eso, que en el norte se anda, en el centro se va y se viene, y en el sur se para. Que en el norte se guisa, en el centro se asa y en el sur se fríe. Cristiano profundo. Cuando falleció su esposa, don José María alivió su dolor ofreciéndole su tristeza a Jesucristo, quizá el de la Buena Muerte, al que dedicó un extenso poema:

«Por eso, Dios y Señor,/porque por amor me hieres,/ porque con inmenso amor/ pruebas con mayor dolor/ a las almas que más quieres»… por tu bondad y tu amor/porque lo mandas y quieres,/ porque es tuyo mi dolor,/ ¡bendita sea, Señor,/ la mano con que me hieres!».

Ya con la muerte avisando, y a petición de Don Juan, el Rey Don Juan Carlos le impuso en el palacio de La Zarzuela el Toisón de Oro, por su extraordinaria trayectoria literaria, humanista y su lealtad a España y la Corona con el único objetivo de recuperar la reconciliación y la libertad de los españoles. Pocos gaditanos ilustres le hacen sombra a don José María en su ciudad, que se ha quedado huérfana de su nombre hasta que los mediocres dejen paso a otros representantes de la ciudadanía menos bestias y más honestos. Pemán no se borra porque su nombre está escrito en el aire que sobrevuela la Atlántida y cierra su tenaza en San Fernando, Puerto Real y el Puerto de Santa María.

Cádiz no puede prescindir de Pemán. Y son tan necios que lo están intentando.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 19 de junio de 2021
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