Mónica o cómo sobrevivir laboralmente
Emilio y Mónica, Mónica y Emilio. El problema es que la izquierda en Madrid lleva 31 años en la oposición porque hay pocos madrileños que confíen en que la región capital de España estaría en buenas manos si cualquiera de sus líderes ocupara el despacho principal de la Real Casa de Correos
Preparen palomitas. Se está gestando la enésima batalla campal en la izquierda de la izquierda del PSOE. Primero fue Pablo contra Íñigo, luego Yolanda contra Pablo, después Oltra contra Valdoví, acto seguido Rufián contra Oriol, y ahora Mónica (García) contra Emilio (Delgado). Y, como escribió José Hierro, «después de todo, todo ha sido nada». Porque el verdadero líder de la extrema izquierda no es ni Pablo, ni Mónica, ni Emilio, ni Gabriel. Es Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Pero todos los que libran esas batallas tienen unas urgencias que no son precisamente arreglar los problemas de la gente. Les ha gustado aquello del clásico: hay que tomar mucho caviar para llevar las lentejas a casa. Así que la mayor parte de ellos ha cogido gusto al caviar como menú diario. Las lentejas que las coman otros.
Poco conocían a Mónica García si pensaban que la todavía ministra de Sanidad iba a volver a la Anestesiología habiendo probado las mieles del coche oficial y el poder con mayúsculas. Por eso, ha anunciado que quiere volver a ser la candidata de Más Madrid contra Isabel Díaz Ayuso. Justo es reconocer que la titular de Sanidad consiguió birlar al PSM la jefatura de la oposición en la Comunidad. Lo logró por más margen en 2021 y por la mínima hace tres años. En esta ocasión, a poco que se esfuerce, no le será difícil repetir la marca porque enfrente va a tener a Óscar López, el tercero de los ministros de Sánchez que va camino del matadero autonómico. Primero fue Pilar Alegría, en diez días María Jesús Montero y finalmente, el titular de Transformación Digital será la tercera víctima del Amado Líder. Curioso: en el mismo Consejo de Ministros García y López seguirán cobrando como ministros, aunque dedicarán el tiempo a librar su particular batalla contra Ayuso con vistas a las autonómicas de mayo de 2027.
Pero la verdadera guerra de Mónica será antes con Emilio Delgado. El actual coportavoz en la Asamblea, que no para de hacer bolos con Rufián para reconducir a la extrema izquierda y que se ha hecho una estrella mediática, creía que el ciclo de Mónica estaba acabado. Pero la ministra, que tiene en pie de guerra a sus colegas los médicos de España por el nefasto Estatuto Marco que quiere imponerles, ve que el tiempo se le acaba, y con él el coche oficial y la nómina pública así que tenía que asegurarse un clavo ardiendo de seis ceros anuales al que aferrarse.
Mas la guerra no ha hecho más que empezar. Delgado no está dispuesto a que Mónica se arrogue el liderazgo por sus intereses personales y quiere que convoque primarias y que sea la gente la que elija. Así que asistiremos a cómo ambos desenfundan el dogmatismo anticapi para luchar por el poder. La médica y madre no se morderá la lengua contra Emilio. Ya le dio lo suyo a Pablo Iglesias, cuando se autotituló antídoto contra Ayuso en 2021 y abandonó el gobierno para hacer el ridículo en las elecciones madrileñas. Entonces, Mónica ya le recordó que en Madrid no necesitaban testosterona. Y terminó teniendo razón: la presidenta del PP ahogó la carrera política del fundador de Podemos, que hoy es tertuliano, tabernero y empresario mediático. Desde allí lucha contra los molinos de viento del fascismo.
Emilio y Mónica, Mónica y Emilio. El problema es que la izquierda en Madrid lleva 31 años en la oposición porque hay pocos madrileños que confíen en que la región capital de España estaría en buenas manos si cualquiera de sus líderes ocupara el despacho principal de la Real Casa de Correos. En las redes, los groupies de ambos están ya insultándose. Se juegan las dos pes: peculio y poder. García lo tiene peor porque atesora un pasado muy poco presentable. Cómo olvidar el día que la Asamblea le tuvo que notificar que devolviera 13.000 euros cobrados indebidamente como diputada autonómica mientras estaba de baja como galena por un problema en un brazo. Desde 2015, la ministra y amiga de Yolanda Díaz había compatibilizado su escaño parlamentario con su trabajo como anestesista en el Hospital 12 de Octubre, hasta que fue pillada y pidió la excedencia para dedicarse enteramente a Madrid. De nuevo, excusó que no se había dado cuenta de que no podía percibir simultáneamente dinero público de la Asamblea y de la Seguridad Social. No tuvo, desde luego, los problemas económicos que hoy denuncian sus compañeros, que han empeorado sus condiciones laborales sin que su colega haga nada por evitarlo. Pero debería ser más sincera: lo de Mónica no va de arreglar los problemas de los currelas. Es supervivencia laboral. Ni más ni menos.