Lo que va de Florentino a Pedro Sánchez
Ni por un segundo un gran presidente puede parecerse a un horrible presidente
A Florentino Pérez le ha faltado decir que Fede Valverde sufrió un «accidente laboral» para parecerse del todo, extrañamente, a Pedro Sánchez, María Jesús Montero y toda esa tropa que califica así el asesinato de guardias civiles a manos de los narcos y no asiste a sus funerales, como tampoco a los de las víctimas de Adamuz o de la dana mientras se hace vídeos en TikTok propios de quinceañeros con una pedrada.
No le pega al presidente del Real Madrid parecerse en nada a Sánchez, pero ese virus le entró en el cuerpo al intentar explicar sus problemas en términos similares a los de La Calamidad: denunciar conspiraciones, señalar enemigos imaginarios y negar la cadena de fracasos, errores y escándalos o aferrarse a una resistencia numantina es seña de identidad del sanchismo, del que Florentino siempre ha sido una némesis tranquila.
Algo extiende Sánchez en la atmósfera como para que hasta los tipos más expertos se contagien de esa manera de ver la vida, plagada de conjuras y tretas en su contra que justifican las suyas, las únicas ciertas: escucharle al indocumentado socialista decir sandez tras sandez es una cosa; hacerlo con el mejor dirigente deportivo del mundo, que además es un gran empresario, resulta sin embargo desolador.
Porque ha señalado a Castaño, Carreño, Relaño o Quirós como Sánchez lo hace con todos nosotros, los que no le bailamos el agua y tenemos la mala costumbre de defender la democracia y contarles las cosas que él quiere tapar. Porque se ha callado el fracaso institucional y la ruptura del lazo cultural y emocional de sus seguidores con un club señorial como Sánchez se calla la fractura de España como factura de su investidura. Y porque busca culpables externos, sean los supuestos aspirantes a sucederle, el Barça o los siniestros «reventas», como el Pequeño Calígula tilda a todos de «ultraderecha» agresiva y montaraz.
Un mal día lo tiene cualquiera y la obra deportiva e institucional de Florentino Pérez está muy por encima de su abracadabrante rueda de prensa, impropia de un señor capaz de superar los logros de Santiago Bernabéu y hacer del Real Madrid una de las marcas más prestigiosas del mundo, amén de una píldora de felicidad diaria para millones de personas humildes en los cinco continentes.
Todo ello puede quedar sepultado por un epílogo desquiciado que está a tiempo de evitar: le bastaría al bueno de Florentino con sacar la pata, mostrar humildad, hacer algo de autocrítica, proponer soluciones, reconocer errores y explicar cuáles son ahora sus objetivos.
Justo lo contrario que Sánchez, enfangado en una deriva autoritaria que será aún más visible cuando las urnas andaluzas le manden a él y a su estrambótica delegada, María Jesús Montero, al más profundo baúl de los recuerdos y su reacción sea retorcer otro poco el Estado de derecho, perseguir algo más a los «traidores» y sacarse de la chistera nuevos conejos represivos con los que aspirar a impunidad y eternidad. Espante ese demonio pronto, don Florentino, que no le pega nada y deje todo en una simple lección: cuando nada funciona, se convocan elecciones, a ver si se le pega al atrincherado en La Moncloa.