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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Del barco de Pedrete no nos moverán

Ahí estamos a salvar a la humanidad desde el país donde tardan un mes en darte cita en el médico de cabecera

En España ya no es fácil conseguir una cita razonablemente rápida con el médico de familia, las listas de espera para la atención especializada baten récord de demora y los profesionales sanitarios están de huelga, con la indiferencia del Ministerio, por el cúmulo de problemas materiales, logísticos y administrativos que padecen.

En ese contexto, agravado a menudo por batallas políticas y sindicales que asustan al paciente a cambio de un beneficio incierto, el Gobierno sostiene que se puede conceder la sanidad universal y gratuita a miles, cientos de miles o millones de inmigrantes irregulares y a sus familias, más allá de la atención de urgencias o primaria que todo ser humano sin duda merece.

Y además añade que podemos hacernos un cargo de origen argentino y bandera holandesa, arrimándolo a Canarias, un lugar que ya soporta una inmensa presión migratoria, tras tres días de travesía, pese a que había puerto a tres horas y para compensar el desprecio de Marruecos, que es más de exportar talento que de asumir responsabilidades humanitarias: no ha dejado ni que aterrice brevemente un avión con un enfermo, que es bastante menos que los miles de personas que asaltan España desde allí cada año y convertirse, como todo el mundo sabe, en filántropos del Estado de bienestar.

Al español, en fin, este Gobierno le coloca siempre frente a un dilema moral: o se hace cargo de todo, aunque nadie se haga cargo de él, o será tildado de racista, insolidario, inhumano y facha. Una anciana de 90 años con la cadera rota no tiene derecho a unas muletas gratuitas, pero el astrofísico alauí que saltó la valla en Ceuta se merece todo, aunque su Rey mande de vuelta un barco o un avión con un centenar de personas expuestas a un grave peligro, entre ellas catorce españoles.

Así funciona el mundo, salvo en España: en los mejores casos, se aceptan los valores de la humanidad y la solidaridad, como debe ser, pero sin hacerse trampas económicas aquí a la orden del día: los recursos son limitados y no se puede eternizar la paradoja de excluir de su uso a quienes los financian. Y, en el peor, ni siquiera echan esa cuenta: ahí tienen a Mohamed VI, con todo su papo, mandando a hacer puñetas a un enfermo de hantavirus mientras ultima la próxima remesa a Europa de mecenas de la Agencia Tributaria, tan dispuestos siempre a contribuir al sostenimiento del sistema de pensiones.

Está bien ser mejor que nadie, con corazones que no nos caben en el pecho, pero estaría mejor pararse antes un segundo a analizar hasta dónde podemos permitirnos realmente sacar a paseo al Gandhi que felizmente tenemos dentro, completado en el caso del gran Pedro Sánchez con aromas a la enfermera Nightingale y a Teresa de Calcuta.

Y no parece fácil de digerir que podamos revertir el cambio climático global, inventar un nuevo modelo energético para la humanidad, empadronar a la mitad de Marruecos, revertir pandemias globales o locales mientras se superan marcas olímpicas de pobreza, Sánchez es un loco atrincherado con el BOE en La Moncloa, la deuda pública se dispara y la capacidad de ahorro se hunde, el salario tipo en España es poco más que el mínimo impuesto por decreto, disponer de una vivienda es un sueño inalcanzable y conseguir que un especialista te reciba a tiempo es más complicado que ganar el Gordo de Navidad.

A ver si todo se reduce a que Sánchez, con tal de no gestionar la realidad, que incluye el mayor desprecio electoral y político logrado nunca por un presidente intruso y una cadena de juicios y condenas más propia de un capo de la Mafia, necesita sacarse de su maltrecha chistera otro conejo famélico para ganarse cinco minutos más al frente de su distopía. Del barco de Pedrete, no nos moverán.

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