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Perro come perroAntonio R. Naranjo

¿Va a hacer trampas Sánchez en las próximas elecciones?

La pregunta que se hace media España es ociosa: ya las ha hecho, desde el comienzo

La pregunta está en la calle, y algunos dirigentes políticos la expresan en público, con sutileza o sin ella, de manera frontal o indirecta, pero con la misma inquietud: ¿Va a hacer trampas Pedro Sánchez en las próximas elecciones generales?

En realidad hay que precisar que la trampa que flota en el ambiente es una muy concreta, la adulteración de los resultados, obviamente a su favor, lo que en el argot se llama «pucherazo» y tiene no pocos precedentes, sin necesidad de viajar a latitudes caribeñas.

En la propia España se falseó el escrutinio de unas elecciones municipales de 1931, origen del exilio de Alfonso XIII, se proclamó después la República sin una votación formal al respecto del cambio de sistema e, incluso, existen indicios documentales más que razonables de un fraude abundante en los comicios de 1936, a favor del Frente Popular: hay ejemplos, en fin, de la izquierda más sectaria tomando por lo criminal lo que no lograba por lo civil en las urnas, desde esa autoridad moral autoconcedida que le llevaba a enmendar al pueblo en nombre de un bien mayor que, por supuesto, representaba y representa solo ella. Todo ello, por no salvar a nadie, en un contexto nacional global terrible.

Pero la cuestión no es ya si Pedro Sánchez está dispuesto a ser un nuevo Largo Caballero, instigador de un golpe de Estado en Asturias allá por 1934 que la edulcorada historia progresista bautiza como «revolución» para quitarle gravedad; pues eso supondría un ejercicio de fabulación con poca base científica: todo lo que exceda de temerse lo peor de un personaje que siempre hace lo peor, para tomar medidas preventivas, será sin duda un exceso. A ver si por preocuparnos por la democracia vamos a cargárnosla por el método de airear conspiraciones sin pruebas al respecto.

El quid es que, sin necesidad de dar por hecho un pucherazo, ya hay materia suficiente para afirmar que por supuesto que Pedro Sánchez hace trampas. Las lleva haciendo desde el inicio de su carrera, las ha seguido haciendo como jefe de la oposición, las mantuvo para llegar a la Presidencia y las perpetúa para sobrevivir en ella.

No es una opinión, es un hecho. Porque manipular el CIS para inducir el voto en amplias capas de la población; endeudar a toda España, confiscar a la mitad y mantener a la otra mitad con el fruto de ese atraco y un objetivo clientelar; convertir RTVE en una maquina de propaganda del poder y de persecución a la alternativa; copar de adeptos el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General, Indra, Telefónica y Correos o gobernar sin mayoría parlamentaria, sin presupuestos y despreciando al Senado ya son, sin necesidad de pucherazos, trampas infames destinadas en exclusiva a condicionar la decisión de las urnas.

Si a eso se le añade el proceso de nacionalización con la 'Ley de Nietos', que puede engordar ya el censo electoral en medio millón de «españoles» que ni han pisado España y quizá en otro millón en poco tiempo; y el de regularizaciones masiva de inmigrantes, que es el primer paso para lograr también la nacionalidad y en todo caso dará derecho al voto en comicios municipales en aquellos casos donde haya convenio de reciprocidad con sus países de origen; parece clara la intención: mejorar las alicaídas expectativas electorales de Sánchez con una combinación de herramientas clientelares, publicitarias y legales que reemplacen una parte del rechazo atroz que despierta Sánchez por una complicidad agradecida de votantes de aluvión.

Hasta sin esto todo en Sánchez ya ha sido, también en este punto, indignante y peligroso desde sus orígenes: hay prueba sonora de los apaños entre Koldo y Cerdán para colar votos en las primarias socialistas; un vídeo demuestra la extraña intentona de colocar urnas clandestinas en otra pugna interna; nadie ha sido capaz de aclarar de dónde sacó realmente el dinero para arrancar su carrera pese a la insistencia ya caducada del Tribunal de Cuentas por saber el origen de los donativos e incluso el propio aspirante a Nerón no fue capaz de desmentir, en una comparecencia en el Senado, si su suegro le pagó sus ínfulas políticas con recursos procedentes de la explotación sexual de hombres y mujeres.

Preguntarse si un inmoral que gobierna sin votos y sin Presupuestos, gracias a venderse a un etarra, un prófugo y un golpista, es capaz de hacer trampas, es de una ingenuidad sobrecogedora. Ya las ha hecho. Todo en él es una trampa. El quid es cuál será la siguiente y si alguien con ese currículo se atreverá a la definitiva. Yo no lo afirmaría, pero pondría un vigilante en cada voto, cada mesa y cada urna por si acaso.

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