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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Amigas y amigos, defendamos a nuestro delincuente

El PSOE se quita abiertamente la careta: el sectarismo de las siglas debe prevalecer por encima de cualquier consideración y la verdad ya no existe

Buscando la verdad del Caso PSOE: ¿Es un partido que ha hecho grandes servicios a España? ¿O ha operado como una carcoma que ha contribuido a erosionar nuestra nación?

Lo siento por tanta gente que con la mejor intención les ha votado a lo largo de los años, o hasta ha desempeñado cargos en sus filas, pero mucho me temo que la respuesta acertada es la segunda: el balance del PSOE, desde su fundación en 1879 hasta hoy, es muy negativo.

Raro es el ciudadano español de entre 45 y 85 años que no ha elegido alguna vez la papeleta de la totémica marca del puño y la rosa. El PSOE ha sido una suerte de formación hegemónica en España, la que más tiempo nos ha gobernado (26 años y medio de presidentes socialistas desde 1978 hasta hoy).

El carismático hechizo de Felipe González sobre la sociedad española y la tenaz ingeniería social del partido han ido creando una suerte de Pensamiento PSOE, con el que muchos españoles se identificaron durante décadas y que sigue latente. Eran los tiempos de un cierto orgullo altivo por ir de «progre» y llevar El País bajo el brazo. Mientras la derecha vegetaba, los socialistas se enseñorearon de la educación y de la cultura (todavía hoy muchos periódicos de supuesta derecha ofrecen unas secciones culturales que son puro prisismo). En política esgrimían un arrogante aire de superioridad intelectual y moral, que recibía un fuerte apoyo en las urnas.

Hoy ese romance de España con el PSOE se ha terminado. Tras una catástrofe apellidada Sánchez, el país ha girado a la derecha, como se ve elección tras elección. El PSOE intenta sobrevivir perpetrando su felonía final: rendirse al separatismo para mangonear España con las manos atadas por una coalición antiespañola.

Por supuesto el PSOE ha tenido algunos buenos dirigentes que han desempeñado una labor positiva. Imposible no hacer algo bien en 26 años de mandato. Pero el balance general es lamentable. El venerado fundador Pablo Iglesias amenazó a Maura en sede parlamentaria con la violencia terrorista. Luego intentaron cargarse la II República, que ahora veneran cínicamente, con la Revolución de Asturias. Dieron también cobertura al desafío independentista catalán, como ahora, y su actuación en el Frente Popular fue directamente criminal.

Con la llegada de la democracia, el sobrevalorado Felipe González instauró un modelo económico estatista y poco flexible, al que se debe nuestro problema endémico de paro, único en la UE, y acabó su mandato sumido en una ola de mugre. En paralelo, llevaron a cabo el mayor robo de dinero público de nuestra historia, los ERE de la Junta de Andalucía de Chaves y Griñán, para más señas a costa de los parados.

Zapatero reabrió las heridas de la Guerra Civil y la caja de Pandora del separatismo, estableció los cordones sanitarios contra la derecha de la mano de los independentistas, comenzó a encamar al PSOE con ETA y llevó a cabo una gestión económica tramposa e irresponsable, ocultando la magnitud de la crisis y legando un agujero oculto de más de 23.000 millones.

Sánchez se ha convertido en el presidente de las primeras veces. El primero en gobernarnos sin ganar las elecciones. El primero en indultar y amnistiar a golpistas. El primero en rendirse en el extranjero a un fugitivo de la justicia española. El primero con su mujer y su hermano en los tribunales por corrupción. El primero en comprar multinacionales con dinero público para ponerlas a su servicio. El primero que se ha aliado con el partido de ETA. El primero con una máquina de robar en el propio corazón de su Gobierno… Pero sobre todo ha sido el presidente que ha convertido la mentira en un arma política que considera aceptable. Incluso ha dinamitado el propio principio de realidad. El sanchismo encarna la pesadilla del 1984 de Orwell: no existen los hechos, solo existe aquello que el Gran Hermano decreta que existe.

Estalla ahora en la Audiencia Nacional como el chorro de un gran géiser toda la corrupción de Zapatero, el primer presidente de nuestra democracia imputado, debido sus turbios y lucrativos tejemanejes como conseguidor. ¿Y qué hace el PSOE? Pues se quita todas las caretas y reacciona como la mafia clásica: amigos y amigas, defendamos a nuestro delincuente. Zapatero es un golfo, pero eso da igual, no es el tema. Lo único importante es que se trata uno de los nuestros.

El presidente del Gobierno pide a su militancia que salga a defender al imputado (le va el puesto en ello, pues el trinque de Plus Ultra no había sido posible sin Sánchez en la Moncloa). El PSOE evita cualquier valoración moral. El argumento que esgrime el sanchismo para dar la cara por Zapatero resulta tan inmoral como pueril. Eluden la realidad y repiten como papagayos que todo viene a ser una conjura político-judicial de la inefable «ultraderecha», que nunca aceptó las victorias electorales y los «avances en derechos» del pícaro lobista por fin imputado. «Zapa es nuestro contacto», decían los satélites de su banda, según se lee en el auto de la Audiencia Nacional.

El PSOE alcanza su degradación final. Ya no hay disimulo alguno. Vivimos en una guerra de la izquierda contra la derecha y todo vale. Ni un paso atrás, camaradas. Pero en cuanto Sánchez caiga, al PSOE le espera un destino similar al que liquidó en su hora a los partidos socialistas de Francia e Italia. No se les echará de menos.

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