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en el recuerdoAlfonso Ussía

Suizos

Suiza es un enigma. País neutral, probablemente el más separado del ánimo de la sensibilidad. El territorio más limpio y aseado del mundo, pero el más alejado del humanismo. En Suiza todo es perfecto, y de ahí su vulgaridad

Los suizos son gente de mérito. Son los mejores banqueros, los mejores relojeros y los casi mejores chocolateros del mundo. No conocen una planta de cacao, pero son así. Su única leyenda es una bobada. Guillermo Tell, el niño y la manzana. Un imbécil, Tell. Por bueno que se le tire el arco, a un hijo no se le expone a terminar atravesado por una flecha por un error de cálculo. Guillermo Tell es mentira, pero Dürrenmatt es auténtico. Un suizo de profundidades intelectuales.

Suiza es un enigma. País neutral, probablemente el más separado del ánimo de la sensibilidad. El territorio más limpio y aseado del mundo, pero el más alejado del humanismo. En Suiza todo es perfecto, y de ahí su vulgaridad. Han conseguido algo insuperable. Que, siendo una de las naciones más ricas y poderosas del globo terráqueo, ni los suizos saben quién es su presidente. Y tienen la pasión muy medida. Dicen que en Suiza lo más divertido que puede suceder en una cama compartida por una pareja de encendida pasión, es que el edredón se deslice hasta el suelo. Es motivo de comentario jocoso.

Conocí a un suizo que se enamoró de la palabra de Francisco de Quevedo. Un personaje así, sería imposible de encontrar en Suiza. El Conde-Duque de Olivares, en lugar de encerrarlo en San Marcos de León, le hubiera ofrecido, de ser suizo, olvidar sus versos contra Felipe IV a cambio de una pensión más acaudalada y una casita a pie del Mont Blanc con jardinero inmigrante incluido. Y un lote de chocolates Souchard, Nestlé o Lindt.

España ha eliminado a Suiza de la Eurocopa. La característica de la Selección suiza, es que de veinticinco de sus jugadores, veinte han nacido en diecisiete países diferentes. No tiene mérito. España juega con mucha pesadumbre, pero todos sus futbolistas, menos uno, son españoles. En Suiza se admite mejor la diversidad. Una nación con tres idiomas oficiales y formado por tres pellizcos territoriales, no puede pasar de tres orígenes a diecisiete.

Suiza es un pellizco de Francia, otro de Alemania y otro de Italia, sin olvidar a Liechtenstein. Pero de ahí a formar una selección de Suiza con veinte tipos procedentes de diferentes naciones, es una extravagancia. Un día, en el aeropuerto de Ginebra, el policía suizo no me preguntó si llevaba droga, sino dinero. Cuando le respondí que ni una cosa ni la otra, me miró como sólo lo hacen los suizos. Muy mal.

España, Francia, Italia, y Alemania –dedujo Foxá–, han protagonizado siglos de guerras y revoluciones. Y ahí están –se refería a España-, Cervantes, San Juan De la Cruz, los navegantes del Atlántico y el Pacífico, Velázquez, Goya. Y Suiza, no ha tenido otra cosa que siglos de paz, tranquilidad e higiene. Y su única aportación a la humanidad ha sido el reloj de cuco.

Creo, sinceramente, que eliminar a Suiza en un campeonato de fútbol europeo carece de mérito. Menos dos o tres futbolistas, el resto tenían de suizos lo que yo de admirador de Marhuenda. Y si no hay pasión, no existe la ilusión. El edredón se ha deslizado de la cama y en España se creen que hemos hecho algo para provocar su caída. Y no. Se ha caído sólo, porque Suiza es banco, reloj y chocolate, pero muy poquito país.

Con permiso del Vaticano, y sobre todo, de Dürrenmat.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 3 de julio de 2021
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