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En libertadJano García

París: el planeta de los simios

Francia, especialmente París, ya es una de esas comunidades conformada por bárbaros. Teniendo en cuenta que París es el feudo de los proinmigrantes, solo les queda desearles que disfruten lo votado habitando en lo más parecido que hay en Europa al planeta de los simios

Dicen que la diferencia sustancial entre el ser humano y los animales es la capacidad de razonar. A priori, el ser humano no se deja llevar por sus impulsos y es capaz de retenerlos. Esto le permite no exhibir un comportamiento errático y actuar conforme a la lógica y el sentido común. De lo contrario, la humanidad habría perecido hace ya muchos siglos. No obstante, existen sociedades en las que esta forma de actuar lejos de considerarse la norma son la excepción. Basta con visitar ciertos países para contemplar comportamientos que recuerdan al de un animal salvaje sin posibilidad de domesticar.

Esta forma de comportarse ha guiado el rumbo de las naciones a lo largo del tiempo. Todos empezamos en la misma fase y la historia de la humanidad nos ha demostrado que aquellas civilizaciones que alcanzaron grandes hitos fueron las sociedades que consiguieron que lo complejo funcionara, cosechando un progreso económico y social. Los disturbios de París tras la victoria del PSG en la final de la Champions League revelan la importancia de este complejo mecanismo en el que la armonía se consigue en función de una manera de razonar, actuar y comportarse similar entre los muchos. La Francia moderna no es el caso.

Tampoco es que los vándalos corearan ningún eslogan reivindicativo o hubiera una razón de peso para destrozar la ciudad. No era una protesta por la situación económica en la que, en esos casos, la violencia y el destrozo del mobiliario urbano obedecen a una razón: generar el caos como forma de presión. No, aquí no. Simplemente, el PSG había ganado. Seguramente el resultado habría sido el mismo si hubiese perdido. El caso era destrozar la ciudad en la que esos mismos ciudadanos viven. El hecho de destrozar las calles por las que tú mismo transitas a diario ya dejan claro que la capacidad de razonar de esos individuos es prácticamente la misma que la de un simio. Y eso en el mejor de los casos, pues hasta los simios protegen el lugar en el que viven y a su familia.

Ya comentamos en un anterior artículo la importancia del cociente intelectual de una nación. Un CI bajo, como es lógico, impide el desarrollo económico y social, pues la comunidad está compuesta por individuos erráticos, estúpidos y salvajes. Francia, especialmente París, ya es una de esas comunidades conformada por bárbaros. Teniendo en cuenta que París es el feudo de los proinmigrantes, solo les queda desearles que disfruten lo votado habitando en lo más parecido que hay en Europa al planeta de los simios.