Abuelita Greta
En la abuelita Greta, la genética de los Thunberg ha vencido a la de los Calzaslargas con rotundidad. Cuando a Pipi le llegó el primer mesecito y le dijeron que dejara de actuar, aceptó la evolución de su organismo con una sonrisa. Se cortó las coletas –como Pablo–, y se quedó en nada, como Pablo también
A la abuelita Greta Thunberg se le ha agrietado el rostro. En dos años ha envejecido como en cuarenta. Hasta los idiotas universales del neo-ecologismo sandía lahhan abandonado. Un tostón de niña-abuelita. Ahora le ha dado por la carne, como a nuestro tonto. «Se avecina un caos mundial si seguimos consumiendo carne», ha dicho la avejentada nórdica.
Pasa con los niños-prodigio, que no son tan niños y cuando les crecen los pelitos en las piernas, desaparece el presumible prodigio. De niño, yo conocí a un niño-prodigio de verdad, Pierino Gamba, un italiano de nueve años capaz de dirigir una orquesta sinfónica. Acompañé a mi madre a uno de sus conciertos matutinos en el Teatro Monumental de Madrid, en el que dirigió a la Orquesta Nacional de España. Asombroso. Pero pasaron los años, y Pierino se convirtió en Piero, y no evolucionó. Dejó de ser un prodigio para instalarse en la mediocridad. Su sueño, alcanzar las nubes de Von Karajan, Celibidache o Böhm se esfumó. Algo parecido le ha pasado a la abuelita Greta. Ha roto en anciana amargada y poco ha quedado de la niña repipi y faltona, que engañó a los majaderos del mundo y enriqueció sobremanera a sus padres, dos pájaros de cuenta.
Para mí, que la abuelita Greta es sobrina de Pipi Calzaslargas, aquel personaje tan atroz que alentó los impulsos infanticidas de millones de seres humanos normales. Pipi al menos, era simpática, o procuraba serlo. En la abuelita Greta, la genética de los Thunberg ha vencido a la de los Calzaslargas con rotundidad. Cuando a Pipi le llegó el primer mesecito y le dijeron que dejara de actuar, aceptó la evolución de su organismo con una sonrisa. Se cortó las coletas –como Pablo–, y se quedó en nada, como Pablo también. Con Greta la evolución ha sido completamente diferente. Ha pasado de niña a abuelita binaria, porque su identificación sexual establece que se trata de una mujer y su gesto y actitudes responden al enigma de los remeros vikingos.
Tuve un amigo de niño que se acercó al prodigio. Se llamaba Koldo René Sagastume y hacia maravillas con el cornetín. Tocaba el cornetín como pocos. Lo llevaba al cine, y si la sesión se retrasaba, sacaba el cornetín, interpretaba el toque de diana y comenzaba el No-Do. Pero le sucedió lo mismo que a Pierino Gamba. No se esforzó en pulir y mejorar sus dotes artísticas. Y en la Mili, que cumplió en el alavés campamento de Araca, se identificó como un maestro del cornetín. Fue destinado a la banda. El primer día que fue invitado a interpretar un floreado toque de diana como solista, le salió un churro de muy complicada indulgencia. Y fue arrestado por impostor. Sus amigos no volvimos a verlo. Dicen que emigró a las Américas, sin especificar la América elegida.
Ignoro si la abuela Greta toca o sopla el cornetín. Si fuera de Podemos lo haría divinamente, porque soplar los cornetines se valora mucho en el ámbito cultural del elegante y cultivado partido político. Pero lo cierto es que Greta ha perdido la frescura de su osadía infantil y se ha dejado llevar por la molicie que procura el dinero, si bien, de cuando en cuando, para no renunciar a su popularidad, suelta una frase redonda y se mantiene en su atalaya. Ahora, ha coincidido con nuestro tonto en advertir de los peligros que conlleva la ingestión de productos cárnicos, y nos ha aventurado un caos universal si insistimos en consumir carne. Si eso lo dice una niña, no se le hace caso y en paz. Pero si lo advierte una abuelita nórdica con tanta experiencia vital y ecológica como doña Greta, es muy probable que una parte de la humanidad, la más idiota, le haga caso. Pero mi texto no pretende entrar en ese debate. Tan sólo lamentar su prematura ancianidad, su fealdad creciente y su antipatía chocante.
Me quedo con su tía Pipi Calzaslargas. Con esa, al menos, sabíamos cómo iba a reaccionar.
- Publicada en la web de Alfonso Ussía el 10 de julio de 2021