Tregua rota
La teocracia asesina iraní cree que puede hablar y actuar en nombre del Líbano, y uno se pregunta por qué se le consiente, por qué la toman en serio y le otorgan alguna representatividad, alguna legitimidad. Solo porque tiene a un grupo terrorista de su obediencia entre las fronteras del infeliz país de los cedros
La teocracia asesina iraní sigue bloqueando el Mar Rojo. Las consecuencias de su empecinamiento tienen un coste comercial y político para la comunidad internacional. Por torceduras o retorcimientos de la narrativa académica y periodística, largamente consentidos, esa narrativa ya no nos alude. La fábula ya no habla de nosotros, a despecho del adagio. Se ha confundido comunidad internacional (un logro del Derecho con embrión en Salamanca, como tantos hallazgos admirables) con ONU. O sea, con nada, con un club de tiranías, con una burla al derecho de gentes, y antes al humanismo, y antes a los valores cristianos, y antes a los judíos. Dándose el cierre del círculo en una organización de sacamantecas, con un inmoral al frente, consagrada al antisemitismo en sus formas más perversas: negación efectiva del derecho de Israel a defenderse; elevación delirante de los estándares exigidos a la nación que es hogar de los judíos; tradicional ocupación de comisiones tan sensibles como las que atañen a las mujeres o a los derechos humanos por parte de estados feminicidas y dictaduras sanguinarias. La ONU está muerta por razones de peso. Cito una entre muchas: nada con Guterres en cabeza puede estar vivo. Por fuera la ONU luce linda, como una suculenta gamba roja, pero chupas la cabeza y te intoxicas.
La teocracia asesina iraní cree que puede hablar y actuar en nombre del Líbano, y uno se pregunta por qué se le consiente, por qué la toman en serio y le otorgan alguna representatividad, alguna legitimidad. Solo porque tiene a un grupo terrorista de su obediencia entre las fronteras del infeliz país de los cedros. Pero el hecho es que el Líbano tiene su propia voz, y esa voz ha sido clara al denunciar las injerencias iraníes y al mantener abierto el diálogo con Israel. Bombardear en nombre de otro sin asistir a su causa es una inmoralidad. Si el bombardeado es Israel, a la inmoralidad se suma una supina estupidez. En cualquier momento les vuelven a llamar al mensáfono, a todos a la vez. Había una tregua con Irán; a lo mejor las sucesivas decapitaciones de líderes supremos han dejado ahí al mando al último de la fila y el pobre se ha creído que Israel obedece a otra potencia cuando se juega su existencia. Hay que ser muy corto y muy inculto.
Hay que ser impermeable al entorno para llegar a considerar que Israel no responderá a un ataque… porque los EE.UU. no quieren. Pocos más de fiar que Trump para los israelíes, pero cuando se trata de su supervivencia como pueblo, como grupo de individuos, como individuo concreto, y aun como cadáver de uno de los suyos, a Israel ya pueden ir a aconsejarle Trump o el sursuncorda. Eso sí, Israel es tan justo que responde a los misiles contra su población civil lanzando ataques contra infraestructuras militares y petroquímicas. Mientras, la gente más vil y embrutecida de Occidente sigue acusando de genocidio en falso a nuestros hermanos mayores culturales y vitales.