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El puntalAntonio Jiménez

Los brotes verdes de ZP estaban en su caja fuerte

Lo que ya resulta más que evidente es que las joyas han aniquilado al líder político, referente ético, ideológico y moral del sanchismo y de las izquierdas extremas. Zapatero está, además, definitivamente condenado por la opinión pública

En su etapa en Moncloa presumía de ser un optimista antropológico mientras caían chuzos de punta sobre las haciendas y bolsillos de los españoles. Zapatero estaba convencido de que «el pesimismo jamás ha creado un solo puesto de trabajo», una ocurrencia para justificar ese entusiasmo positivo que la oposición le criticaba con mucha ironía por su ingenua y alejada visión de la realidad económica de España. Acreditada y demostrada después con la peor crisis financiera que empobreció o arruinó a millones de españoles.

No ha perdido Zapatero su optimismo antropológico ni esa percepción fuera de la realidad escuchando los audios de su declaración ante el juez. Hay momentos en los que el expresidente se comporta como si estuviera en el Senado ante la comisión de investigación que le interpeló y no frente a un magistrado de la Audiencia Nacional que le acusa de siete delitos, entre otros, organización criminal, tráfico de influencias, blanqueo de capitales, contrabando y contra la Hacienda Pública y al que le recordó, elevando el tono, su presunción de inocencia, como si el instructor fuera un portavoz político más y no el juez encargado de interrogarle de forma incisiva, incluso, y no una madre abadesa, como le aclaró.

Esa vanidad moral que sigue exhibiendo el Zapatero expresidente, incapaz de distinguir la diferencia entre mitinear y declarar en el Senado o hacerlo ante un juez, es la que distingue a una persona consciente y responsable de su complicada situación legal de un irresponsable inconsciente que ya dio muestras suficientes, durante su etapa de gobierno, de su insensatez política.

Por ello no ha sorprendido que saliera de la Audiencia Nacional con los indicios de criminalidad reforzados contra él, dadas las contradicciones en las que incurrió junto a su nula convicción en las respuestas con justificaciones tan inverosímiles como haber cobrado cientos de miles de euros por escuchar y hacer informes orales sin dejar constancia por escrito de esa actividad tan poco creíble como generosamente remunerada.

Tan lucrativa como los supuestos vídeos que sus hijas hacían para la sociedad de los hermanos venezolanos Chacón, Inteligencia Prospectiva, sin empleados y con pérdidas acumuladas de cerca de un millón de euros, cuya dadivosidad con Whathefav, la instrumental de Alba y Laura; con Análisis Relevante, la entidad pantalla de Julito Martínez y con el chiringuito prochino que dirigía el propio Zapatero, se tradujo en pagos de un millón doscientos mil euros. Cherchez la pasta blanqueada del petróleo de Venezuela y se encontrarán respuestas y explicaciones a lo que indaga el juez.

Es evidente que la seriedad y grandilocuencia con la que el Zapatero optimista antropológico suele enfatizar frases vacías o absurdas no le funcionó ante el juez Calama, al que no convenció. Y por culpa de su inconsciente e irresponsable proceder ha terminado arrastrando en sus business a sus hijas y a su secretaria, cuyas imputaciones comprometen y complican aún más su negro horizonte penal. La pregunta pertinente es si como padre dudará o no en inculparse para sacar a sus hijas del procedimiento. E incluso si está dispuesto a implicar a su mujer apelando a una herencia o a una donación que le hizo a ella para justificar que el tesoro que escondía en su despacho ya no era suyo.

La teoría que intenta imponer hasta el propio Sánchez para defender a su mentor y asesor ideológico es que el ajuar digno de los Windsor es producto de un regalo que un mandatario extranjero, pongamos el Rey de Arabia Saudí, por ejemplo, le hizo en su etapa de presidente en 2007, con el fin de intentar eludir los delitos de contrabando y fiscal, este por haber prescrito, que le imputa el juez.

Argumento de cuestionada credibilidad y justificación por la suntuosidad del regalazo y porque políticamente condena a Zapatero, sí o sí, por traicionar su propio Código de Buen Gobierno, aprobado en 2005, que obligaba a presidentes, ministros y altos cargos de la Administración a declarar y entregar a Patrimonio cualquier obsequio cuyo valor fuera superior a 150 euros. Y si el joyerío ocultado hubiera sido producto de la esplendidez estratosférica de un jeque, cosa que implica una penalización política, ética y moral por no declararlo y donarlo al Estado, cabe preguntarse por qué Zapatero no se lo ha dicho al juez y lleva desde mayo buscando explicaciones y coartadas para aclarar el origen y la trazabilidad del botín.

Lo que ya resulta más que evidente es que las joyas han aniquilado al líder político, referente ético, ideológico y moral del sanchismo y de las izquierdas extremas. Zapatero está, además, definitivamente condenado por la opinión pública, que ha descubierto en ese opulento y ostentoso ajuar de oro y brillantes el verdadero rostro de quien arruinó este país mientras insistía en que la economía española lideraba la Champions frente al resto de las europeas.

Ahora ya sabemos que los brotes verdes que su optimismo antropológico veía en una economía en declive y ruinosa solo habían germinado en un tesoro de zafiros, gemas, rubíes, brillantes y oro blanco, tasado en un millón trescientos mil euros que, comprado en Suárez o Rabat, joyerías de referencia de la madrileña calle Serrano, habría costado más de dos millones y medio, y que Zapatero tenía a buen recaudo, fuera del radar de Hacienda y oculto a los ojos de cuantos creían en su beatífica definición del buen socialista: aquel que tiene poco, ya no es su caso, y da mucho, que tampoco lo es.

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