Sánchez, ese suicida
El grado de corrupción supera el de la Tangentopoli italiana que acabó con el primer ministro (socialista) Bettino Craxi huido de la Justicia y fallecido prófugo en Túnez. Pues veremos si aquí no nos pasa lo mismo
Es cada vez más incomprensible la decisión de Pedro Sánchez de abrazarse a José Luis Rodríguez Zapatero como si le fuera la vida en ello. O quizá sea precisamente por eso. Ayer, en el Congreso de los Diputados, no ahorró ni la más mínima muestra de confianza en el expresidente del Gobierno procesado. Y, apenas tres o cuatro horas después, la UDEF, que también debe ser una institución fascistoide (se acuerdan de cuando Jordi Pujol casi gritó «¡¿Qué coño es eso de la UDEF?¡») anunciaba que le habían descubierto 200.000 euros en una comisión por gestiones de intermediación para beneficiar a un grupo empresarial peruano en Bolivia.
La intermediación es perfectamente legítima, como el ser comisionista. Pero por una cuestión de sentido común deduzco que si la UDEF da a conocer este caso es porque no estaba declarado ante Hacienda. Figúrense ustedes el ridículo de la UDEF si Zapatero hubiera declarado ese negocio y hubiera retirado esa cantidad de dinero de su banco habitual. Yo tengo dinero en efectivo en mi casa, en la caja fuerte, y tengo muy claro que, si un día llega la UDEF, la UCO o la policía judicial que sea y me pregunta de dónde he sacado ese dinero no tengo más que contestarles: «de mi cuenta corriente en la sucursal del Santander que está diez números más arriba en esta misma calle». No sé si Zapatero puede responder a sus números con tanta soltura.
Es muy difícil que una democracia occidental pueda vivir la degradación que asola a España en esta hora. Como se cuenta hoy en El Debate, los medios internacionales que alababan a España por sus cifras macroeconómicas –nadie mira la microeconomía, que es la que afecta al bolsillo del ciudadano de a pie– de repente se han caído del caballo como Saulo. El grado de corrupción supera al de la Tangentopoli italiana que acabó con el primer ministro (socialista) Bettino Craxi huido de la Justicia y fallecido prófugo en Túnez. Pues veremos si aquí no nos pasa lo mismo.
A estas alturas ya sabemos que Sánchez necesita extender su estancia en la Moncloa hasta los límites de la Ley y más allá. Viendo cómo está de asediado todo su entorno, yo sigo pensando que pedirá al Constitucional que avale su intento de prorrogar la convocatoria de elecciones generales hasta otoño. Todavía 14 o 16 meses. Porque si de verdad pensara en convocar elecciones cuanto antes, no estaría defendiendo encendidamente a Zapatero. Estaría cubriéndose las espaldas –como mínimo.
A estas alturas creo que la mayoría de los españoles están hasta los mismísimos. Que entienden muy bien discursos como el de Núñez Feijóo o el de Santiago Abascal ayer en las Cortes. Ambos tuvieron intervenciones magistrales, pero me pareció especialmente bien traído por el presidente de Vox el rememorar el alfabeto de la corrupción. «La ‘A’ de Arístegui, la ‘B’ de Bárcenas…» dijo en su día Sánchez. Abascal empezó ayer con «La ‘A’ de Ábalos, la ‘B’ de Begoña…». Lo que sé es que a día de hoy Arístegui no ha sido condenado a nada y Ábalos ya tiene una sentencia de 24 años por decisión unánime del Tribunal Supremo. Y estos eran los que venían a limpiar la política de corrupción. Con un par y la bandera de Tafalla.