Vendiendo colonia desde una pocilga
El ejercicio de negación absoluta desde la tribuna del Congreso muestra a un presidente fuera de control que ha tirado su conciencia al inodoro
Recién publicada la sentencia con los 24 años de talego para su amigo y hombre fuerte Ábalos y los 19 para Koldo –«un ejemplo para la militancia», «un inagotable aizkolari contra las injusticias»–, Sánchez compareció en el Congreso para explicar los casos de corrupción (o ese era el plan).
Mientras parloteaba en el Parlamento y venía a decir que se ha suscitado un alarmismo absurdo e interesado, resulta que salió a la luz un nuevo informe sobre chanchullos de Zapatero, esta vez en Bolivia, y además se conoció la agenda del contador de nubes (con más citas que la de Taylor Swift, incluidos grandes clásicos como José-Pepe Bono, los chinos, los bolivarianos, Javier de Paz, Julito y varios periodistas del régimen, y algunos que aparentemente no lo son, pero que pescan donde pueden, porque business is business…).
Seguía Sánchez echando balones fuera desde la tribuna cuando llegó también la petición de ocho años de trena para el exdiputado socialista Tito Berni, otro gran feminista de lupanar del PSOE. Además, por la tarde, la esposa del presidente tenía que acudir al juzgado a entregar su pasaporte al juez en calidad de tetraimputada. La mujer del César es tan honesta que no la dejan ni salir de España.
A día de hoy, Sánchez recuerda a uno de aquellos tahúres del Far West a los que embadurnaban con brea y plumas para reprocharles en público sus trampas. Toda Europa conoce ya su calaña moral. Su constelación de escándalos es carne de titulares críticos en la prensa internacional de todas las tendencias.
Con semejante losa sobre su augusta crisma, Sánchez salió a la Cámara como un Miura para repartir mandobles sin reconocer un solo error. Ratificaba así lo ya sabido: es un presidente fuera de control que ha tirado su conciencia por el inodoro. La comparecencia resultó un delirio. Los casos que están en los juzgados y en los informes policiales son solo «bulos y medias verdades». La preocupación del público la han provocado «actores mediáticos que tratan de infundir a la gente una sensación de corrupción generalizada que no existe».
El honrable Sánchez es, por supuesto, un bondadoso panoli que «no conocía ninguna de esas actuaciones». La reacción del PSOE ante unos casos que según él no existen fue inmediata y ejemplar. «No dimos un paso a un lado, sino que pusimos toda la información al servicio de la justicia y los investigadores» (risas en la Cámara). Zapatero está «colaborando con la justicia» y «su trayectoria explica la confianza que nos merece». Su amarga situación se debe tan solo a que la derecha no le perdona los avances de sus gobiernos «progresistas».
En el rescate de Plus Ultra «no hubo trato de favor alguno del Gobierno». Los casos de la mujer y el hermano son «una maraña judicial» y se basan en «informaciones infundadas, bajo un patrón de acoso y derribo». David y Begoña se vieron contratados por sus evidentísimos méritos, sin relación alguna con los cargos de Pedro. El juez ha provocado «un daño reputacional a mi mujer» y la oposición «está vulnerando la separación de poderes».
Hasta ahí el Gran Hermano de Orwell. La realidad es más sencilla:
Tu mano derecha y el «militante ejemplar» se van a pudrir en la cárcel por lucrarse trincando comisiones del material sanitario mientras los españoles morían a miles por el covid. Tu hermano y tu mujer no habrían ocupado jamás esos puestos sin tus dedazos, y cuando se comenzaron a investigar esos casos de nepotismo, alguien que atiende a las siglas de P.S. encargó una trama de guerra sucia para frenar a fiscales, jueces, agentes de la ley y periodistas.
Los periódicos que publicaron tus vergüenzas cumplieron con su deber, a pesar de soportar el acoso y los insultos de tu Gobierno, en los que ayer mismo volviste a incurrir desde la sede de la soberanía nacional, demostrando tu conocida alma de autócrata. Te has fumado la separación de poderes. Has acosado de manera infame al juez Peinado y te has querellado contra él utilizando el aparato del Estado para proteger a tu mujer, una particular acusada de corrupción. Has menospreciado al Supremo. Has mancillado la Fiscalía como nunca antes.
Zapatero, al que convertiste en uno de tus chicos para todo y en la mascota del PSOE, era un comisionista que se fumó la ley y las reglas fiscales convencido de que levitaba por encima del Código Penal. El rescate del Plus Ultra es inexplicable sin una chorizada de mordidas detrás, porque era una compañía en números rojos y con avión y medio, que no prestaba servicio público alguno, más allá de ejercer de enlace con la Venezuela más turbia.
No has tomado medida alguna ante esta retahíla de escándalos. No has pedido disculpas jamás. No has adoptado la primera e inevitable decisión a la que obliga una situación así en cualquier democracia: largarte.
Y de propina, tienes el súper cuajo de salir al Congreso a llamar corruptos a Feijóo y Abascal, que el día en que tengas a bien dejar votar al pueblo español te van a mandar a tu casa en las urnas (siempre que no logres completar la que estás armando con el voto exterior).
Tu espectáculo en el Congreso ha sido como ponerse a vender colonia en una pocilga. ¿Cómo se puede perder el sentido de la realidad de esta manera? ¿Enajenación transitoria o pura maldad? Una pena de persona. Nuestro sistema político no supo prever los contrapesos contra un mandatario así.