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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Tienes que cuidarte

Si no estás bien, y desde luego no lo estás, lo mejor es que reposes, que des prioridad a tu salud

Act. 29 jun. 2026 - 13:05

El cuerpo humano no es una máquina irrompible. Si se fuerza demasiado, o si se acusa el desgaste natural de una edad provecta, a veces rinde mal, o casca.

Algunas personas se creen insustituibles. Intenta seguir en el puente de mando cuando ya resulta evidente que no están en condiciones, como ocurrió con Joe Biden, que llegó a confundir a su mujer con su hermana en pleno mitin, o antes con otro presidente demócrata, Woodrow Wilson, cuyo deterioro neurológico se ocultó durante dos años, fingiendo su mujer y su médico que continuaba al timón.

En algunas raras ocasiones, personajes moribundos logran un magnífico canto del cisne. Como Bowie, que publicó su último y excelente disco, Blackstar, solo dos días antes de fallecer; o Steve Jobs, que seis meses antes de que se lo llevase un cáncer de páncreas todavía seguía impulsando la nueva cacharrería de su marca.

Pero la norma general indica que casi todos somos prescindibles. Las cosas seguirán funcionando igual sin nosotros -o incluso mejor-, al menos en el corto plazo. Sin embargo, algunos poderosos de la empresa, la política y el entretenimiento confunden su ego con sus prestaciones. Se aferran a sus roles cuando su físico o su mente ya no garantizan un desempeño óptimo. Además, si el personaje de turno lleva ya un tiempo en su puesto, lo habitual es que se haya rodeado de una corte de lisonjeros, asentidores y palmeros, que jalearán siempre sus decisiones, por equivocadas que sean. Mientras tanto, a sus espaldas, se dispararán los cuchicheos críticos. Se hablará de que «esto no da más de sí», de que «este tío está pasadísimo de rosca», de que «la situación es una auténtica mierda». Pero nadie de su entorno se atreverá a decirle al líder que está superado y debe dejar paso a un relevo.

Así que vamos a tener la gentileza de decirte la verdad que te oculta tu círculo: no estás en condiciones de desempeñar la alta magistratura que ocupas y deberías cuidarte y reposar. A ti, que te crees hipermoderno y la reencarnación de Alejandro, César y Lincoln en un solo hombre, el viejo dicho de que «la salud es lo primero» te sonará a salmodia de abuela. Pero es así. Si uno no está bien hay que parar y dejarlo. Y tú no lo estás.

Se nota en la pura fachada: una pérdida de peso que te ha dejado en el chasis, la mirada difuminada, una extraña mímica de la boca, los pómulos marcados por acusadas sombras, las nuevas arrugas que avejentan un cuello de pollo. Pero ya no es solo la apariencia física. Se percibe una mala relación con la realidad. Vives en mundo paralelo que solo tú ves, con un narcisismo tan desaforado que te embota el juicio. Comienzas incluso a incurrir en comportamientos públicos anómalos, como aplaudirte a ti mismo, o esas risas desencajadas sin venir a cuento.

En tu privacidad, el pronto colérico se ha incrementado por el estrés y el chorreo imparable de malas noticias. De puertas a fuera tienes que hacer un ingente esfuerzo teatral por reprimir y ocultar tu mala uva natural. Esa duplicidad genera un desgaste psicológico, al igual que la tensión de mentir constantemente.

Lo mejor es que priorices tu salud física y mental, que lo dejes y acudas a algún buen centro de reposo. Necesitas dormir a pierna suelta, salir del duermevela provocado por tantas tropelías cometidas. Necesitas pasear con calma y sin prisa, en lugar de salir pasado de vueltas con tu carísima bici de montaña y tus escoltas a grabar un nuevo vídeo bobo para el TikTok. Necesitas otros amigos y aliados, personas de otra moral y otra capacidad. Necesitas un profundo examen de conciencia, aunque hayas enterrado la tuya en un cajón y no creas en esas antiguallas. Necesitas hablar con algún buen especialista que te ayude a desengancharte de la obsesión patológica por el poder a toda costa.

Tú tranquilo. Déjalo. Recupérate. Descansa. No te sacrifiques más por nosotros. Sabremos apañarnos.

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