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HorizonteRamón Pérez-Maura

¿Por qué no se prohíben a sí mismos?

En el mejor ejemplo del despotismo ilustrado, ahora van a gobernar para el pueblo, pero sin contar con el pueblo. Se va a imponer una nueva prohibición para que no se pueda fumar ni en las terrazas ¡ni en las playas!

Hay una izquierda que, ante su flagrante incompetencia para gobernar recurre a prohibir como única forma de demostrar que tiene mando en plaza. Hasta en las plazas de toros según su nueva iniciativa.

Quizá recuerden ustedes que la primera ley antitabaco se hizo en tiempos de José Luis Rodríguez Zapatero, el de las joyas y Plus Ultra. Tuvieron la brillante idea de obligar a los restaurantes a tener salas separadas para fumadores y no fumadores. Y en las de fumadores, tener que poner unas máquinas extractoras que te volaban el peluquín. Las inversiones que hizo la industria hostelera fueron enormes. Y el resultado apabullante. No había humo en ninguna de las salas y la inmensa mayoría de los comensales querían ir al salón de fumadores. Vaya éxito de prohibición. ¡Intolerable!

Como lo único que saben es restringirnos nuestras libertades se cambió la ley con presteza y ya se prohibió fumar en todas las salas interiores. La cuestión ya no era si el humo molestaba a quien no fumara. Eso daba igual. Se trataba de recortar libertades.

Así que quedaron las terrazas con frecuencia abarrotadas frente a los salones interiores mucho menos ocupados al menos en esta época del año. Y en el mejor ejemplo del despotismo ilustrado, ahora van a gobernar para el pueblo, pero sin contar con el pueblo. Se va a imponer una nueva prohibición para que no se pueda fumar ni en las terrazas ¡ni en las playas! Y que no me digan que es por lo que manchan los irresponsables con las colillas, porque se mancha mucho más con los restos de comida. Pero ¿alguno de estos gaznápiros va alguna vez a la playa? No digo yo que no pueda haber algunas playas en concreto, especialmente en Japón, donde las personas estén unas encima de otras. Pero mi experiencia en las playas de Cantabria, que son las que frecuento, es que puedes no tener a nadie a menos de 50 metros, si no es la persona con la que vas.

Ya es difícil en una playa, donde no es inusual que haya viento, que puedas molestar a nadie con un pitillo. Y yo no he fumado pitillos en mi vida. Soy fumador de habanos y no se me ocurre fumarlos tumbado en la arena.

Al margen de esta cuestión de libertad, están los puntos técnicos del disparate de ley que promueve el Gobierno. Lo están haciendo tan bien que ya han conseguido que seis países de la Unión Europea (Suecia, Italia, Grecia, Hungría, República Checa y Rumanía) hayan presentado objeciones formales ante Bruselas porque consideran que la norma española vulnera la libre circulación de productos y rompe la unidad del mercado único, lo que abre la puerta a recursos ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea si no se corrige el texto. Pero nada. Aquí lo único que importa es ver cómo prohibimos algo más.

Por no hablar de que la propia Comisión Nacional del Mercado de la Competencia ha advertido que las nuevas restricciones (empaquetado genérico, prohibición de sabores, límites a bolsas de nicotina) se aprueban sin «evidencias empíricas» suficientes y no cumplen los principios de buena regulación, afectando además a la libertad de empresa y la competencia.

Efectivamente. Hasta la CNMC nombrada por ellos lo dice. Pero da igual. El problema es la libertad para elegir que les parece intolerable. Vade retro, Satana.

Podrían empezar por prohibirse a sí mismos. Nos iría mucho bien a todos. Incluso a ellos mismos.

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