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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Zapatillas de ante

«Hasta que no haya sido rescatado el último español o el último de nuestros amigos colaboradores, no me muevo de aquí». Es la diferencia. El embajador cumple heroicamente con su deber y el presidente del Gobierno sigue de vacaciones porque España y los españoles le importan un pito

En mi juventud, playeras. Dos versiones de suela. De goma o de esparto. Después llegaron las horribles chancletas. En el Bar Pepe de Ondarreta y el Resaca de Miraconcha en San Sebastián, como en Los Tamarises de Guecho y La Rabia de Comillas, los «chancletas» no eran bien atendidos, y con sobrados motivos para ello. –Dos cañas y una ración de rabas; –no tenemos ni cañas ni rabas. Vayan a un chiringuito playero, les decía Adolfo en La Rabia mientras los chancletas miraban asombrados cómo en las mesas de alrededor todos bebían cañas y disfrutaban de raciones de rabas. Zapatillas y sandalias. Lo escribió en una soleá Manolo Altolaguirre, magnífico poeta malagueño, del segundo escalón de la Generación del Veintisiete.

Las barcas, de dos en dos,

Como sandalias al viento

Puestas a secar al sol.

Mi abuelo materno, don Pedro Muñoz-Seca, bajaba una vez cada verano a la playa. Sombrero panameño, camisa, corbata, chaqueta y con los bajos de los pantalones cubiertos con polainas que alcanzaban la zona superior de sus zapatos. –Todo, menos que se meta un maldito grano de arena–. Y don Benito Pérez-Galdós, miraba a las bañistas desde una terraza del Paseo de Pereda de Santander de la misma guisa. Siempre por la mañana. Después de comer, las playas eran ocupadas por el Servicio Doméstico. Y cada día, los niños no bajaban a la orilla hasta que hubieran cumplido sus cuerpos las tres horas de digestión desde el desayuno. En San Sebastián, la digestión coincidía con la sirena de la fábrica de Chocolates Suchard.

Ya ha sonado la sirena,

Ya hicimos la digestión,

Nenaza el que llegue el último

A «Yoldi» y su gabarrón.

El heredero de uno de los más antiguos y gloriosos Ducados de España, nos tuvo a sus amigos buscando sus playeras más de dos horas. Las había perdido en la playa. Costaban 20 pesetas. No las encontramos. Gran disgusto. –A ver cómo se lo explico a mi madre-. Se lo explicó. Tres días sin playa de castigo. El Marqués de la Torrecilla y Duque de Ciudad Real también perdió sus zapatillas. No se castigó a sí mismo. Pero le endilgaron un epigrama.

Ni la Torrecilla es grande

Ni Ciudad Real tampoco.

Pero él es marqués y duque,

Y Grande de España… y tonto.

Ahora las zapatillas son más caras, y mucho más horteras. Las que ha lucido Sánchez en su despacho de La Mareta en pleno «trabajo» telemático con setenta y dos horas de retraso por la tragedia de Afganistán, no son unas zapatillas populares. Son feísimas, pero no al alcance de todos los bolsillos. De la marca Loro Piana, espadrilles Seaside Walk de ante «classic beige», a 540 euros en el mercado.

Son zapatillas de ante,

Que dan bastante calor.

Este tipo es un hortera…

Sí señor.

Las ha lucido mientras hacía que trabajaba para establecer la estrategia de rescate de los españoles y los afganos que han colaborado con nuestra diplomacia y nuestras Fuerzas Armadas, Guardia Civil y CNP en Afganistán. Sánchez cree que todo le pertenece, hasta el tiempo, cuando el tiempo de un presidente del Gobierno no es suyo ni para descansar. La foto ha sido mutilada para impedir que los ciudadanos descubrieran que llevaba puestas las zapatillas de ante, para bajar a la playa a toda pastilla después del duro «trabajo» de diez minutos en La Mareta.

El embajador de España en Kabul se ha negado a ocupar un sitio en el único avión que ha despegado de Afganistán rumbo a España.

«Hasta que no haya sido rescatado el último español o el último de nuestros amigos colaboradores, no me muevo de aquí». Es la diferencia. El embajador cumple heroicamente con su deber y el presidente del Gobierno sigue de vacaciones porque España y los españoles le importan un pito.

Eso sí, se hace fotografías simulando que trabaja, con unas zapatillas playeras de ante «classic beige» que cuestan 540 euros.

Tan feas y horteras como su actitud.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 20 de agosto de 2021
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