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en el recuerdoAlfonso Ussía

La pomadita

A Sánchez le dolían los hombros por el exceso de sol y a los españoles nos dolía el alma pensando en la inseguridad de los nuestros y en el horrible presente y futuro de las mujeres afganas sometidas a la barbarie de los talibanes. Irene Montero, ni un tuit. Silencio

Bego, me he quemado los hombros.

–No te preocupes, líder mundial y amor de mis amores, que tengo en casa una pomadita que hace milagros.

–Qué sería sin ti, Bego.

–Estás siempre tan pendiente de los demás, que te olvidas de tus hombros.

–Es muy duro todo lo que pasa, muy duro.

Un tuit. Mal redactado, por otra parte. Todos los dirigentes europeos, con diferencia de pocas horas, han interrumpido sus vacaciones. El tocador de niños, Biden, se ha rendido en Afganistán. Y una rendición de los Estados Unidos y la OTAN afecta a todas las naciones occidentales.

Pedro, no. Pedro descansa en La Mareta y lee sobre una toalla el último libro de Almudena Grandes. Cuando aterrizaba en Roma el avión italiano que había rescatado en el aeropuerto de Kabul a los diplomáticos y trabajadores italianos y sus intérpretes afganos, aún no habían despegado de la Base de Morón los dos aviones españoles. Cuatro días de retraso. Un avión con un refuerzo militar compuesto por soldados valientes. Ellos no fallan. Fallan los que mandan y deciden. A Sánchez le dolían los hombros por el exceso de sol y a los españoles nos dolía el alma pensando en la inseguridad de los nuestros y en el horrible presente y futuro de las mujeres afganas sometidas a la barbarie de los talibanes. Irene Montero, ni un tuit. Silencio. No puede sentirse preocupada por el terror talibán cuando ella es nuestra más osada talibana.

–Bego, cuidado, extiende bien y muy suavemente la pomadita sobre mis hombros.

–Eres lo que no hay, Pedro. Los tienes en carne viva. ¿Vas a interrumpir las vacaciones?

–No hay motivo. He ordenado que cuelguen un tuit en defensa de los afganos.

–Me alegro, Pedro. Las niñas y sus amigas están encantadas y quieren disfrutar de unos días más en La Mareta.

–Ay… con más cuidado, Bego, que la pomadita me escuece.

Cuando usaron el «Falcon» del Ejército del Aire para asistir a un concierto playero en Benicassim, el avión estaba dispuesto y a su disposición en menos de treinta minutos. Cuando lo utilizaron para asistir en Logroño a la boda del hermano de Bego, lo mismo. El Ejército del Aire ya tenía en condiciones de volar a los dos aviones de la libertad y el rescate. Pero no recibieron la orden de hacerlo a su debido tiempo. Marlasca no ha visto las imágenes caóticas del aeropuerto de Kabul, para él, un lugar seguro. Hemos sido los últimos, de nuevo. Sucede que en este gobierno hay más partidarios de los talibanes que de las mujeres afganas que van a ser humilladas, violadas y disparadas a la nuca. Y esos detalles han retrasado el despegue de los aviones españoles. Todo menos perder a los socios que sostienen el Gobierno, La Mareta, Doñana y los 500 millones de euros que dilapida Irene Montero, la gran feminista.

–Lo único que no me gusta de Lanzarote es el picante que le ponen a las patatas arrugadas.

–Es verdad, Pedro. Si te arde el estómago como los hombros, tengo en mi mesilla Omeprazol.

–Prefiero sufrir, Bego. Pienso en nuestros compatriotas y aliados en Kabul, y no puedo conciliar el sueño. Ya no me duelen los hombros.

–Es que lo de Afganistán es preocupante, Pedro.

–Buenas noches, Bego. Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.

Siempre al pie del cañón. Todos tranquilos. Pedro, aún con los hombros quemados por el sol, está pendiente de lo que sucede.

Que Dios ayude y acompañe a nuestros soldados.

Ellos no necesitan la pomadita para dormir.

No duermen. Se juegan la vida por las de los demás.

Son diferentes.

Buenas noches, Bego. Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 18 de agosto de 2021
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