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en el recuerdoAlfonso Ussía

Bigotudas

Sin negar su atractivo, no terminan de convencerme las mostachudas. Es más, antes tendría relaciones con Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan, que con una de Femen con bigotes

Nada más atractivo que una mujer con bigotes. Sucede que no todos los bigotes son iguales. Mi tía tatarabuela, tía Lorenza Ussía, natural de Llodio, gracias a sus bigotes, pudo incorporarse con el empleo de sargento a las tropas carlistas del general Zumalacárregui. Confundió al personal, porque en aquellos tiempos sólo existían dos sexos. Los hombres nacían con patucos azules y las mujeres con patucos rosas. Y al cabo de los años, los hombres se dejaban crecer bigotes y barbas, y las mujeres se depilaban las frondosidades pilosas que emergían sobre los labios.

A hombres y mujeres se sumaban los hombres que se enamoraban de hombres y las mujeres que se apasionaban con otras mujeres. Como no habían nacido todavía las guarritas de ahora, obsesionadas por el sexo, a los primeros se les decía maricas o maricones, y a las segundas, lesbianas o tortilleras. La Reina María Luisa de Parma tenía bigotes y Carlos IV tocaba muy bien el violín. Mi tía tatarabuela Lorenza se incorporó a las tropas como Lorenzo Ussía, y así fue enterrada en Llodio, como una heroína confusa. Su tumba está esculpida con sus dos versiones.

«Aquí yacen Lorenza y Lorenzo Ussía, muertos en defensa del Rey Legítimo en la batalla de los maizales de Amorebieta». Los bigotes de la tía Lorenza eran morenos y de honda espesura. Y su arrojo en la batalla se hizo famoso por su viril serenidad ante el peligro. Me siento muy orgulloso de ella. Por lo demás, era fea hasta lo inaudito, fumaba puros, bebía como una cosaca y no tuvo descendencia, porque no hubo varón con la suficiente hombría para llevársela al huerto.

Ahora, gracias a las obsesas sexuales, hay 17 sexos y 25 derivaciones. Y las mujeres que se dejan crecer los bigotes, son de mostachín calvo, irregular, algo tiñoso. Dicen que es moda extendida entre las machorras de las izquierdas extremas. Todavía no me he topado a ninguna por la calle. Y me alegra sobremanera que este gesto de afirmación peluda en la mujer, haya coincidido con la desmoralización cronológica de mis pasiones naturales. Sin negar su atractivo, no terminan de convencerme las mostachudas. Es más, antes tendría relaciones con Athos, Porthos, Aramis y D´Artagnan, que con una de Femen con bigotes. Una mujer que permite el crecimiento de su bigote, atesora un lesbianismo sádico que puede derivar en machorrismo criminal.

Tampoco me fío de los hombres, con o sin bigote, que sacan a pasear un perrito blanco algodonoso atado a una correa elástica. No se trata de críticas, sino de intuiciones. Mi cerebro es simple, como el de una vaca. Y con mucho respeto, establezco distancias de los hombres culiesponjados y las mujeres bizarras. Curiosa la importancia que han concedido algunos medios de comunicación al bigote de las mujeres. Debe ser parte y contenido de la Agenda 2030. Se comenta en sus círculos que a Soros lo que más le gusta es un hombre como Clark Gable, y al no conseguirlo a pesar de su dinero, ha decidido financiar los bigotes femeninos, por si las moscas. Para mí, y sin miedo a escribirlo, se me antoja una nueva muestra de la degeneración que impera en este conflictivo mundo. Para un hombre normal, los pelos de la mujer tienen dos ubicaciones, y más de eso, son pelos prescindibles. Y lo escribo con dolor, siendo descendiente de la tía Lorenza, tan respetada y querida.

El mundo de los sexos no puede provocar sustos ni asombros. Así lo dejó escrito un poeta festivo inspirado en el Romancero Gitano de Federico García Lorca. «Que yo me la llevé al río/ creyendo que era mozuela,/ y resultó ser un tío/ que por poco me la cuela». Muy desagradable.

Y al revés, más desagradable todavía.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 14 de agosto de 2021
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