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LiberalidadesJuan Carlos Girauta

La razón será oscura

En la cabeza del suegro de Sabiniano no cabe nada, de acuerdo. Pero en la de Marlasca cupieron una vez, hace mucho tiempo moral, los fundamentos del Estado de Derecho que ahora está rompiendo con delectación enfermiza

Parece que la Policía sigue haciendo bien su trabajo. Bien significa que cumple ciertos requisitos, siendo los más importantes la eficacia y la legalidad. Conviene detenerse en lo que cada uno de estos dos pilares del trabajo policial significa, y cuál es su alcance. No cabe reprochar a la Policía, por ejemplo, el no expulsar a los invasores marroquíes que entraron en Ceuta en número similar, por lo menos, al de los ciudadanos allí censados. La ostensible falta de efectivos o de directrices durante el vergonzoso mes de agosto son imputables a los mandos políticos de unos policías que, dentro del margen de actuación que sí tienen, y con alta especialización en la materia, cumplieron con su deber. El fruto principal de este trabajo lo ha ofrecido la inteligencia del cuerpo, en la rama de Extranjería y Fronteras. Gracias a él, sabe la Audiencia Nacional, y sabemos nosotros, una serie de desgracias que de inmediato repasaremos someramente. Verán cómo contrastan con las explicaciones —con la sarta de mentiras— ofrecidas por el Gobierno. Vamos allá.

La entrada masiva —casi un centenar de miles de ilegales— fue ideada, planificada, organizada y ejecutada por el Estado marroquí. En concreto, como era de esperar, por sus fuerzas de seguridad. De las instrucciones a esa muchedumbre deliberadamente concentrada, y de su guía sobre el terreno, se encargaron gendarmes uniformados y de paisano. La avalancha que rompió nuestra feble frontera no respondía a ninguna de las motivaciones invocadas por las autoridades de aquí y de allí, ni por las oenegés, ni por la mayoría de comentaristas. El objetivo era colapsar el control fronterizo español anulando nuestra capacidad de respuesta.

Antes de la invasión, el propio servicio policial que ha informado a la Audiencia Nacional de lo anterior emitió una alerta de «riesgo extremo» y la remitió a los puestos fronterizos. Dejamos para otro día lo del CNI, las irreconciliables declaraciones entre los ministros de Defensa e Interior y la inexplicable revelación del número de agentes que tenemos en Ceuta. Ciñámonos, de momento, a constatar que todo lo que la policía ha averiguado y revelado al Poder Judicial choca frontalmente con el relato oficial.

Es un choque seco, uno del que difícilmente saldrá Marlasca con vida política. Y quien dice Marlasca dice Sánchez, pues no cabe en la cabeza de nadie que el Gran Mentiroso haya sido engañado, haya hecho de buena fe gravísimas declaraciones contra Israel y Rusia, haya exculpado a Marruecos y haya alabado su cooperación… bajo engaño de Marlasca. Si así fuera, el exjuez exjusto ya habrá sido destituido. Por el contrario, Marlasca sigue ahí reforzado y chulesco, anunciando severidades y amenazando con sometimientos a los uniformados. Por hacer su trabajo. En la cabeza del suegro de Sabiniano no cabe nada, de acuerdo. Pero en la de Marlasca cupieron una vez, hace mucho tiempo moral, los fundamentos del Estado de Derecho que ahora está rompiendo con delectación enfermiza mientras traiciona a España en manada. ¿Por qué? La razón será oscura.

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