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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

¿Y qué hacemos si Mohamed VI nos manda a 150.000?

La única manera de pararle los pies a un vecino tan problemático como Marruecos es mostrarle las líneas rojas, no someterse por razones inconfesables

Existe una diferencia notabilísima entre las autoridades españolas, mande quien mande, y las del autoritarismo monárquico marroquí. España es (todavía) un estado de derecho, con sus ciudadanos protegidos frente a las arbitrariedades del poder por la ley y por la libertad de prensa. Pero en Marruecos el pueblo está sometido al capricho del rey. En este caso se trata de un monarca que de manera cruel no ha arqueado una ceja ante los 140 muertos de la invasión que ha auspiciado y que además utiliza a su propia gente como una suerte de munición humana para su guerra híbrida contra España.

El pueblo marroquí empobrecido es utilizado sin escrúpulos como arma táctica. Esa estrategia la descubrió Hasán II con éxito con su Marcha Verde de noviembre de 1975 en el Sahara Español. Envió al desierto a 350.000 civiles, entre ellos muchos niños y mujeres, acompañados por 25.000 militares. La operación le salió redonda. El territorio fue abandonado por España y pasó al control de Marruecos, que evitó así que pudiese caer en la órbita de su archienemiga Argelia.

Mohamed VI y sus vidriosos servicios secretos son discípulos de la escuela de Hasán. En mayo del 2021, el actual rey de Marruecos se enojó con Sánchez por dar tratamiento médico en España al líder del Polisario e hizo un primer ensayo de venganza en Ceuta, metiendo en solo dos días en la ciudad a unos diez mil inmigrantes irregulares. ¿Cómo se arregló aquello? Los vecinos de Ceuta cuentan que cuando decayó la atención mediática y se dejó de mirar allí, el Gobierno español fue enviando a los invasores en el ferry rumbo a la Península.

Los pasados 30 y 31 de julio, Marruecos ha repetido el envite a lo grande. Una invasión en toda regla de Ceuta, que con 84.000 habitantes vio entrar a la brava a casi al equivalente a su población (el Gobierno español asume 70.000 invasores).

¿Por qué lo ha hecho Marruecos? Se manejan hipótesis de todo tipo. Aprovechar para debilitarnos el enorme efecto llamada creado por la súper regularización de Sánchez. El enojo por la visita a Argelia del presidente español. O simplemente dar un paso delante de cara a hacerse con Ceuta y Melilla, ahora que los vientos de Washington soplan a favor de Rabat.

Pero me temo que la gran clave estriba en que el vecino del Sur percibe la extrema debilidad de nuestro Gobierno que no gobierna, rehén de los separatistas antiespañoles y presidido por una persona a la que le vaciaron el móvil ni más ni menos que los servicios secretos marroquíes (y no lo digo yo, lo ha dicho el Parlamento Europeo).

Hemos de reconocer que a Marruecos le ha salido bien la operación. Ayudado, eso sí, por un Sánchez que se negó a interrumpir sus vacaciones, por unas fuerzas de seguridad españolas a las que se les prohíbe emplear la fuerza para repeler un «ataque a nuestra integridad territorial» (Sánchez dixit) y con los dos ministros claves, el de Interior y la de Defensa, a bofetadas en público sobre si la inteligencia española avisó o no. De propina, el Gobierno ha adulado al agresor mientras abría una contraproducente peleíta con nuestros socios de la UE.

Al pastorear a una multitud hacia Ceuta, Marruecos ha logrado propinarnos un duro golpe. Veamos: 1.- Cuarenta días después de la invasión, la ciudad sigue en shock y la normalidad está muy lejos de recuperarse. 2.-Se ha transmitido al mundo que España es un país de pandereta, incapaz de controlar sus fronteras (tal y como repite Trump con razón, por mucho que nos duela). 3.- Mohamed VI sabe que mientras Sánchez siga ahí puede repetir el órdago a lo grande en Ceuta -y también en Melilla-, pues con él poco enemigo tendrá enfrente. 4.- Mohamed VI ha espoleado el nacionalismo marroquí con su acción, con lo que distrae de la pobreza en que está sumido buena parte de su pueblo. Además, sus ministros, muy crecidos, hablan ya abiertamente de negociaciones inmediatas para «liberar» las plazas españolas.

Sánchez ha proclamado en el Congreso que «Ceuta y Melilla serán españolas hasta el fin de los tiempos».Excelente. ¿Y qué hará España si en unos días, o en unos meses, Marruecos decide apostar a lo grande y enviar 120.000 o 150.000 inmigrantes a Ceuta o Melilla? ¿Qué planes de defensa tiene España contra ese posible órdago, que ya no es descartable a tenor de los visto?

¿Se declararía el estado de excepción para poder actuar rápido y sin cortapisas, como pide el exministro Trillo? ¿Se permitiría el uso de la fuerza a nuestros militares para repeler la invasión? ¿Se están reforzando de algún modo las barreras fronterizas entre Melilla y Ceuta con Marruecos, empezando por la birriosa valla del Tarajal? ¿Se va a acometer un despliegue militar y policial acorde a la dimensión del desafío? ¿Vamos a iniciar una fuerte campaña diplomática ante la UE para pararle los pies a Mohamed VI amenazándolo con severas sanciones comerciales? ¿Se va a buscar apoyo internacional frente a las ambiciones de Marruecos?

En resumen: ¿Se va hacer algo de enjundia? Pierdan toda esperanza mientras sigamos en manos de un Gobierno de simuladores presidido por un felón que se ha escondido en su tumbona en lo más severo de la crisis.

España tiene que hacerse valer. Debe advertir seriamente a Marruecos de que existen unas líneas rojas muy estrictas e infranqueables. Con el entreguista Sánchez nos han perdido el respeto, siendo España un país que golea a Marruecos en todos los órdenes.

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