Fundado en 1910
LiberalidadesJuan Carlos Girauta

El maligno mérito de Marlasca

Entre ellas: el juez que exige a la policía reserva absoluta salvo para sí, el ministro del Interior que amenaza a los policía por cumplir con otros jueces del mismo modo que con él cumplieron

Ninguno de los gravísimos problemas que tenemos en Ceuta existiría si, de entrada, el Gobierno hubiera atendido a las alarmas emitidas por la inteligencia policial y a los avisos del CNI. Hay una voluntad de arrojar tinta de calamar, habitual recurso socialista, para que no veamos. La tinta son los mentís, los desmentís y los requetementís entre Marlasca y los que él considera sus subordinados incondicionales. Como si el juez no pudiera ordenarle a la policía que le informe solo a él de los resultados de una investigación. Marlasca es el gran calamar oscuro, cuya tinta ciega más que la de Rubalcaba (hasta ahora récord mundial por su aportación a las tinieblas en el 11-M). Marlaska es un cardumen de calamares. Marlasca es un plato de calamarcitos encebollados. Marlaska es muchas cosas.

Entre ellas: el juez que exige a la policía reserva absoluta salvo para sí, el ministro del Interior que amenaza a los policías por cumplir con otros jueces del mismo modo que con él cumplieron. Es una contradicción por la pérdida de brújula moral, es un acostumbrarse al abuso, un acomodarse al papel de especialista en suciedades. Llaman limpieza traumática a aquella variedad que exige equipos de protección individual, desinfectantes biológicos, etc. Pues bien, Marlasca se ha ganado la admiración, y hasta la dependencia, de Sánchez por la insistente necesidad gubernamental de especialistas en limpieza traumática. Óscar Puente lo ha intentado, el pobre, pues el hombre primitivo no tiene bien pillado lo de sus severas limitaciones. Pero no hay manera. Siempre se le presiente rodeado de miembros mutilados. Es incómodo, él toma por odio (¿por qué íbamos a odiar al pobre diablo?) con lo que no son más que involuntarias reacciones fisiológicas: arcadas, escalofríos.

Al gran calamar Marlasca le reconocen una pericia única esparciendo tinta. La atribuyen a su anterior profesión, a su previa reencarnación en juez. Deben considerar hábil para traer la oscuridad a quien fue hábil para traer la luz en procesos complejos. Me parece una conclusión aventurada, apresurada y bastante idiota. En todo caso sería al revés: si has hecho el bien jurídico mucho tiempo, ¿por qué ibas a estar mejor dotado para hacer el mal? Los malvados jurídicos los tenemos localizados, son los cuatro mercenarios de dudosa cátedra que, al tener la cabeza al revés como la niña del exorcista, se aprestan a salir sin vergüenza en defensa de cada aberración del sanchismo con el Derecho. Y no son pocas.

No le quitemos méritos a Marlasca. El torcido juez se ha hecho malvado a pulso, contra las inclinaciones naturales del jurista impecable que fue. Ha querido pasarse al lado de la sombra con una férrea voluntad que contradice su naturaleza y se da de patadas con la razón, soporte principal del Derecho. Ha entrenado a conciencia su capacidad para la conducta aberrante, sus paulatinos logros antijurídicos, sus contradicciones, su enemistad con la independencia judicial. Vamos a reconocerle el mérito maligno: ha llegado a la perversión sin ayuda de nadie.

comentarios

Más de Juan Carlos Girauta

  • La razón será oscura

  • Primeros movimientos de un golpe contra la Monarquía

  • Celada al Rey

  • Calor

  • De los almohades a las almohadas

  • Últimas opiniones

    tracking

    Compartir

    Herramientas