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Pecados capitalesMayte Alcaraz

Empieza el baile de la financiación del PSOE

La Guardia Civil acaba de llegar a la conclusión que cuando más pasta acumuló el segundo secretario de organización de Sánchez fue en los tiempos en que el primero, Ábalos, era ministro

Hoy declara la gerente del PSOE, Ana Fuentes, ante la Audiencia Nacional. Será la última diligencia ante la posible imputación de su partido como persona jurídica en el caso «cloacas». Esta formación, según la UCO, hizo transferencias no contabilizadas que suman más de 170.000 euros destinados a intermediarios de las sentinas socialistas. El penúltimo trabajo de la Guardia Civil ya desnudaba al gran arquitecto del sanchismo: Santos Cerdán. Lo hemos conocido gracias a que el Estado de Derecho funciona, porque si fuera por el DAO de la Guardia Civil, Manuel Llamas, seguramente a la Unidad Operativa la destinarían a hacer pespuntes en los dobladillos del uniforme. A ese admirable cuerpo le ha acusado su propio jefe operativo de «proactividad tóxica», «exceso de protagonismo» y «vanidad». O sea, un teniente general denostando gravemente a sus compañeros. Estos son los monstruos que produce el sanchismo. Pero la UCO sigue currando y sus pesquisas han aportado cosas que harían hablar a las piedras.

Ahora que Santos Cerdán baraja regresar a la vida laboral como camionero en Milagro, su localidad natal, para así tener acceso a las prestaciones por desempleo, resulta que la UCO sigue encontrando razones para que vuelva a la celda que ocupó hace unos meses. La Guardia Civil acaba de llegar a la conclusión de que cuando más pasta acumuló el segundo secretario de organización de Sánchez fue en los tiempos en que el primero, Ábalos, era ministro. Que la empresa Servinabar, copropiedad del navarro, negoció la compra de una vivienda cerca de Ferraz, para que al padre de familia le pillara el trabajo cerca, por 950.000 euros y que, encima, la casa precisaba de una reforma valorada en 350.000. Que Santi, para los amigos, recibía dietas que disparaban sus gastos en un al 430 %. Y que, a Paqui, la famosa Paqui que daba de comer a medio Corte Inglés, en palabras de la mujer del socio de Cerdán, Antxón Alonso, le pagó un laboratorio genético -sí, como lo leen, genético-, nóminas de casi 19.000 euros y no pisó sus oficinas -es claro que David Sánchez ha creado escuela. Hasta han detectado los agentes que Santos y Koldo usaban un coche cuyas cuotas sufragaba esa empresa para acudir al Congreso a sesiones contra la corrupción. No puede haber mayor fantasía.

Y si el gran arquitecto del sanchismo, como él se reivindica, que empezó blanqueando a Bildu en Navarra y a Puigdemont en Suiza, hizo todo esto, ¿qué hacía el one de todos los ones? Pocas imágenes ilustran mejor la descomposición del sanchismo como aquella del verano pasado cuando Santos sube hacia su escaño y su jefe, de charla con Patxi López, le fulmina con la mirada. Está a punto de saltar el informe de la UCO que encaminaría al número dos de Ferraz a la cárcel de Soto del Real.

Cerdán ha escrito un libro en el que se reconoce como el hombre para todo del presidente: «Mi papel era el de hacer que las cosas pasaran. Fui quien ayudó a que la maquinaria funcionara, quien engrasaba piezas que parecían incompatibles, quien llegó a convertir conversaciones, que la mayoría consideraba imposibles, en acuerdos viables». Él ayudo a montar un aparato propagandístico y de destrucción de las instituciones y hoy se lamenta de que ese mismo entramado le haya abandonado. En ese libro hay ocho fotos con su amigo y jefe para demostrar la intimidad personal y política que mantenían ambos. Cuenta, ufano y amenazante, que el propio líder socialista dijo una vez que «con el PNV habla Santi y Santi solo me reporta a mí».

Recordemos: Santi fue el que alboreó los acuerdos con los proetarras de Bildu, quien se hincó de hinojos ante Puigdemont a cambio de sus siete votos en el Congreso, quien acabó con los controles internos socialistas, quien pasó la gorra para recolectar mordidas de las obras públicas -primero en su tierra y luego dentro de la M-30-, quien montó unas cloacas para desactivar todas las investigaciones judiciales que pudieran incomodar al Sumo Líder, quien se inventó el lawfare para blanquear a sus interlocutores de Junts y quien colonizó las instituciones para disfrute del jefe de Moncloa.

Así que el próximo camionero de España puede convertirse en el diablo sobre ruedas, como el personaje que magistralmente llevó al cine Steven Spielberg, ese camionero iracundo que persiga a quien le mandó hacer todas estas tropelías y todavía no ha dado ni media explicación.